Literatura y sociedad en algunos villancicos del siglo XVII - El villancico navideño y la sociedad de su tiempo

1 - El villancico navideño y la sociedad de su tiempo

Monografía creado por Álvaro Llosa Sanz. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/villanci.html
06 de Septiembre de 2006

Vengan todos los Poetas,
y prisa se den, alarguen el paso;
que oy el campo de Belén
será su monte Parnaso.
Ningún ingenio se escusa,
donde es María la Musa
y el llanto de un Inocente
es de Elicona la fuente.
Pues haga lugar, lugar, la gente,
que viene, que llega,
que entra el Amor,
un ciego, que de repente
ninguno dize mejor.
Hagan lugar, que quiere el Amor glosar
al Niño, fragante rosa,
y ha de acabar cada glosa
en un romance vulgar.
Hagan lugar.
(Villancico publicado en la Catedral de Huesca, año 1661) 

 

El breve estudio que se presenta a continuación pretende ser una introducción a un tema que no ha sido tratado -al menos que yo tenga noticia- por la crítica: la visión de la sociedad, la apreciación de esa sociedad en algunos villancicos navideños del siglo XVII, momento cumbre de su existencia. Escasas las fuentes y la bibliografía sobre los mismos, me he remitido principalmente a presentar los distintos documentos y el amplio abanico de personajes que acaparan y muestran, acompañándolos de comentarios críticos y aclaratorios. No he sido exhaustivo, ni he podido, por el inicial esfuerzo de plantarme ante un corpus desconocido -mínimo pero variado- y seleccionar y clasificar los ejemplos lo más ilustrativamente posible. Muchos han quedado en el tintero, y algunos de los presentados podrían comentarse más ampliamente. A gusto lo hubiera hecho, con tiempo y sosiego. Me cabe la esperanza de que cualquier momento es bueno para reencontrarme con ellos y dedicarles mayor atención, lo que sin duda es gratificante. Su riqueza, su donaire y gentileza, la ironía y frescura que emanan muchos de ellos, la condensación conceptista aunada al gracejo y resabio popular, el culteranismo de los más solemnes y el lirismo de los más íntimos y gozosos me cautivaron desde que llegó a mis manos -por una maravillosa trampa del azar, en bazar libresco mediterráneo- la edición que he manejado, única colección consultada a falta de otras conocidas pero ya inexistentes en el mercado y de difícil localización.

En fin, presento aquí un pequeño aperitivo, un preludio al mundo carnavalesco del villancico navideño áureo, cuya importancia social y su multidimensionalidad artística a través de la poesía, la música, la danza y el teatro consiguieron de él un género conocido y apreciado y disfrutado por todos.

El siglo XVII español es un siglo de manifestación literaria doquiera que uno mire. Se inmiscuye ésta en todos y cada uno de los rincones humanos, resquicios de vida cotidiana, peripecias y anécdotas variadísimas que a toda una sociedad le tocó vivir con mayor o menor intensidad, desencanto o entusiasmo, desengaño, burla y juego.

Se refleja, pues, la vida cotidiana y sus aspectos más singulares en los más variados géneros del siglo: a través de la recién inaugurada novela moderna con Cervantes, a través del teatro Lopesco, a través de las sátiras y juegos burlescos de Quevedo... Parece un siglo que se vuelca especialmente en su sociedad, su estado y sus problemas. Las grandes cuestiones de convivencia, el futuro interno y externo del país llegan hasta las conversaciones diarias, y se hace debate público, callejero; eso sí, a la española, con refriegas y disparates, sin conclusiones eficaces, aunque hay, en ocasiones, juicios atinados. Y si las profundas síntesis sociales corresponden a personajes tan reconocidos como los nombrados un par de líneas atrás, las opiniones acerca de lo humano y lo divino en un registro algo más cotidiano y local les corresponderá a los poetas urbanos, poetas casi siempre desconocidos y anónimos...

Por ejemplo, a los ciegos que divulgaban cantares por las esquinas de pueblos y ciudades...

¿Quién compra la relación

y los nuevos villancicos

para cantar esta noche

de los tres Reyes benditos?

Estos ciegos, bien conocidos en su época, componían, recitaban y vendían en pliegos sueltos todo tipo de literatura de cordel 1: romances, relaciones de comedias, noticias en verso, y, en fiestas muy señaladas, villancicos navideños correspondientes a la parroquia local.

El ciego que, con trabajo,

canta coplas por la calle,

por alegrar hoy la fiesta

es ciego a Nativitate.

Oyganle, que viene ya cantando,

y canta del Cielo de texas abaxo.

Ciego. Relación, en que se prueba

vida, milagros y edad

de la Santa Navidad,

llevenla que es Historia muy nueva...

De estos villancicos, cuya composición no correspondía sólo a los viejos ciegos ambulantes, sino a escritorcillos de mayor o menor valía y también a los grandes poetas de Corte y de ciudades, así como a los Maestros de Capilla que los musicaban, de esas creaciones de circunstancias tan menudillas y poco conocidas hablaremos, y atenderemos especialmente a su aire de fiesta (pues en fiesta, y de las mayores, se cantaban) y a su visión literario-popular de la sociedad, cuyo reflejo se aprecia en cada verso...

La popularidad que el villancico navideño alcanza en el período que estudiamos venía ya arraigada como acontecimiento social desde el siglo XVI 2, aunque, según veremos por los testimonios, su época de máximo esplendor la alcanzará en la segunda mitad del siglo XVII, especialmente en el reinado de Carlos II 3.

La idea iniciadora de tan tradicional actividad había partido de Fray Hernando de Talavera, eclesiástico muy conocido por ser el confesor de Isabel la Católica. Pensó -como tantos humanistas que defendían en aquella época las lenguas romances- que las misas y maitines, con sus salmos, antífonas, lecciones y responsorios en latín, como prescribía la liturgia, resultaban demasiado enfadosos cuando se podrían hacer -¡al menos alguno!- en castellano. Sobre todo de cara a sus feligreses, que nunca entendían, valga la expresión, de la misa, la media. Nos cuenta su biógrafo:

«En lugar de responsos hacía cantar algunas coplas devotísimas, correspondientes a las liciones. Desta manera atraía el santo varón a la gente a los maitines como a la misa. Otras veces hacía hacer algunas devotas representaciones, tan devotas que eran más duros que piedras los que no echaban lágrimas de devoción.»

La propuesta, de gran éxito popular, fue prontamente sancionada y prohibida por las autoridades eclesiásticas, que no lograron impedir, finalmente, su restringida expansión en la liturgia de las fiestas más importantes 4, es decir, Navidad, Reyes, Corpus, Asunción, y algunas otras de carácter fuertemente local 5.

Llegó a tal la importancia de contar con unos buenos villancicos, que las oposiciones a Maestro de Capilla de una iglesia o catedral consistían en poner música una serie de textos de villancicos dados al compositor y, además, una vez admitido el opositor, se le dispensaba de obligaciones eclesiásticas durante meses, e incluso la ausencia absoluta con tal que tuviera el tiempo y concentración suficiente para lograr unos lucidos villancicos 6.

Poco a poco, «las catedrales ricas comenzaron a costear la impresión de los textos de sus villancicos, en un principio meramente como recuerdo de la fiesta (el título de los pliegos era "villancicos que se cantaron..."), pero después, ya pasada la segunda mitad del siglo, con objeto de que el público asistente a las festividades pudiera seguir y comprender lo que se estaba cantando (la fórmula pasa a "villancicos que se han de cantar") » 7. Se repartían a las autoridades por medio de unos monaguillos vistosamente ataviados, aunque el resto podía comprarlos a los ya mencionados ciegos:

Y de aquí, por las calles

vayan los ciegos

a vender villancicos

del Nacimiento.

Del corpus que revisaremos, sólo uno de estos cancioneros, el perteneciente a la catedral de Huesca, año de 1661, utiliza la fórmula de «recuerdo» 8, y los demás pertenecen a la segunda etapa de divulgación de estos pliegos. Cada colección se resume en el compendio de los villancicos para ese año, oscilando el número de estos entre siete y diez. La razón de ello es que se reservaba (de los ocho usuales para maitines) uno de ellos -o a lo más dos- para la calenda, para la misa o para la Adoración del Niño, que, por el recogimiento que de natural exigían, solían tener un carácter más literario-poético y cuidado, en muchos casos cercano al culteranismo imperante 9.

Por otra parte, el fenómeno social de estas fiestas litúrgicas era inimaginable para espíritus modernos. Se sabe que la aglomeración de gentes de todo tipo abarrotaba catedrales y parroquias hasta el punto de invadir el coro en el que se cantaban y representaban los villancicos. Escuchemos la censura de un moralista contemporáneo:

«...hállanse personas tan indevotas, que, por modo de hablar, non entran en la iglesia una vez el año, y las cuales, quizá, muchas veces pierden misa los días de precepto, sólo por pereza, por no se levantar de la cama; y en sabiendo que hay villancicos, no hay personas más devotas en todo el lugar, ni más vigilantes que éstas, pues no dejan iglesia, oratorio ni humilladero que no anden, ni les pesa el levantarse a media noche, por mucho frío que haga, sólo para oírlos.»10

Sin lugar a dudas el ámbito social y festivo en que estos acontecimientos se realizaban va a cargar las tintas literarias y llenarlas de toda la imaginería popular sobre todo hijo de vecino, sobre todo tema candente de la calle, sobre todas las personalidades, personajes de la vida pública y de la vía pública, sobre todas las clases sociales, los marginados, los extranjeros, las profesiones y las procedencias... cabe en ellos toda la vida nacional, la viveza de sus gentes, la expresión de un mundo y una época vista con aire de fiesta, de jácara, de burla, entre las que conviven verdades, mentiras, y el buen humor. Y, en fin, una gustosa lectura de estos cancioneros navideños nos demuestra e indica la participación que el pueblo -su visión, su ideología y filosofía de la vida- va a tener en el género que nos ocupa, y los alcances críticos y festivos de la literatura de esta especie.

1 opinión

uhhh

malisimo

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