2 - Marc Augé

Monografía creado por Rafael Vidal Jiménez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/nacional.html
28 de Agosto de 2006

Marc Augé es uno de los autores que ha afrontado, de manera decidida, la nueva dimensión dual que ha adoptado la contemporaneidad desde la dialéctica entre lo local y lo global. En su obra "Hacia una antropología de los mundos contemporáneos", la complejidad del fin de siglo se basa en la articulación, a través de las redes de la información, de nuevos modos de negociación simbólica de la realidad en su superposición a determinadas pervivencias modernas. Configura, así, dos modos de existencia contemporánea de la noción espacial: los "lugares" y los "no lugares". Los primeros, se sitúan en un nivel simbólico que hace referencia a la identidad entendida como subjetividad, a lo relacional en cuanto proyección hacia el otro, y a lo histórico como sentido de la experiencia pasada común. Los segundos, en su inmaterialidad, se multiplican, se yuxtaponen y agregan a los anteriores en los planos de la circulación, el consumo y la comunicación desde una óptica de destrucción de la territorialidad y el tiempo irreversible. Si los "lugares" se resuelven socialmente en la convivencia, los "no lugares" conducen a un modo diferente de relación con el yo, con el mundo y con los demás: la sociabilidad de la coexistencia. Estas dos modalidades de espacio se identifican, a su vez, con dos conceptos de mundo. Según Augé, los "lugares" pertenecen a un significado moderno de la vida, mientras los "no lugares" forman parte de lo que denomina "sobremodernidad". El mundo, definido como red, queda convertido, en definitiva, en un complicado entramado de relaciones sociales nodales donde entran en contacto los "lugares" de la "modernidad" y los "no lugares" de la "sobremodernidad", estimulando, moldeando y alterándose mutuamente (Augé, 1995)(4).

Es evidente que la búsqueda social del sentido desde la identificación entre comunidad étnico-lingüística y estado corresponde al espacio de los lugares. La nación remite, ante todo, a un sentimiento de pertenencia específicamente territorial. La diferencia esencial con respecto al otro ha de basarse en un principio de exclusión que tenga en las fronteras políticas físicas su más clara expresión. Los nacionalismos son, por tanto, una de las más claras pervivencias de la modernidad ante un exceso creciente de "sobremodernidad", "posmodernidad", "hipermodernidad", o como se quiera llamar a esta nueva realidad envolvente y globalizadora.

Para tratar de arrojar alguna luz sobre el modo en que los nacionalismos se encuentran a sí mismos ante un mundo que, en principio, le es extraño; para discernir algunas líneas del proceso de construcción del espacio de autorrepresentación de los mismos, procederé de modo analítico como condición previa para la síntesis final. Seguidamente, intentaré elaborar un esbozo de los rasgos que parecen distinguir las condiciones en que se reproduce históricamente lo que vengo denominando globalización. Ello permitirá, con posterioridad, retomar la propia perspectiva del nacionalismo, tanto en su origen, como en su necesario enlace con esas otras realidades con las que se reformula y redefine recíprocamente, camino del siglo que viene. No obstante, soy consciente de que el nivel de abstracción en el que me desenvolveré no resistiría con facilidad un recuento histórico empírico específico de las distintas formas en las que el nacionalismo se ha configurado en el pasado y se perfila en el presente: progresiones del estado a la nación y viceversa; estados nacionales frente a naciones sin estado; nacionalismos integradores y nacionalismos segmentadores; incluso, el fundamentalismo como versión extraoccidental islámica del mismo principio. Yo sólo pretendo la descripción-interpretación de una idea, de una actitud general ante la vida en su dimensión histórica.

"La globalización es una de esas palabras engañosas que forman parte de las nociones instrumentales que, bajo el efecto de las lógicas mercantiles y a espaldas de los ciudadanos, se han adaptado hasta el punto de hacerse indispensables para establecer la comunicación entre ciudadanos de culturas muy diferentes. Este lenguaje funcional refleja un "pensamiento único" y constituye un verdadero ‘prêt à porter’ ideológico que disimula los desórdenes del nuevo orden mundial" (Mattelart, 1998: 99). En "La mundialización de la comunicación", Mattelart afronta el problema de la definición del concepto de globalización desde el carácter ideológico e intencional que aprecia en él. Similar actitud adopta Alain Touraine cuando advierte que en la raíz de tal designación se oculta una lógica neoliberal de adaptación social a una economía abierta que quiere y puede prescindir de cualquier intervencionismo estatal. Así, concluye que "se trata de una construcción ideológica y no de la descripción de un nuevo entorno económico" (Touraine, 1996: 17). Diversos autores parecen insistir, pues, en las falacias que se esconden tras este concepto en relación con los intereses generados por la multiplicación transnacional de los flujos financieros que dominan la economía del planeta. ¿Qué hay, pues, de real en todo esto?

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