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Lorenzo Silva y su contextualización en la novela policiaca española - Antecedente necesario: Plinio, jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso

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CopyLeft Monografía de Salvador A. Oropesa - 16 de Septiembre de 2006
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2. Antecedente necesario: Plinio, jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso

El lejano país de los estanques fue finalista del premio Nadal y El alquimista impaciente ganó este mismo galardón. Esto emparenta, al menos superficialmente, a estas novelas con Las hermanas coloradas de Francisco García Pavón que ganó el Nadal en 1970. Plinio, el protagonista de las novelas de García Pavón, jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, es el primer detective strictu senso en la historia de la literatura española. Las palabras clave aquí son dos. La primera es literatura, ya que nos estamos refiriendo a novelas publicadas en editoriales respetables (Destino con Plinio y Vila y Chamorro, y Planeta con Carvalho, por ejemplo) y dirigidas a un público que normalmente consume literatura distribuida en librerías y bibliotecas. Este público se contrapone al de kiosko tipo novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Por primera (segunda palabra clave) se entiende que Plinio protagoniza un corpus de novelas lo suficientemente extenso como para constituir una serie y tener un público lector familiarizado con la idiosincrasia de los protagonistas y su entorno. Anteriormente a Plinio se habían publicado novelas en ediciones baratas de bolsillo que formaban parte de series y que se vendían en kioskos, por ejemplo, la “Biblioteca Oro” de la Editorial Molino (Cf. Colmeiro 137). Algunos de estos autores españoles usaban seudónimos que simularan ser anglosajones o extranjeros, como J. Lartsinim, anagrama de Ministral (Ibid.). Estos datos aparecen con detalle en el trabajo de José F. Colmeiro, quien ha hecho un estudio excelente en el que presenta la historia de la novela detectivesca española desde su aparición hasta Vázquez Montalbán. José Valles Calatrava, La novela criminal española de 1991, en el que se historia toda la novela española de esta naturaleza, desentierra otro antecedente que a nosotros nos interesa, la novela Corpus de sangre en Toledo (1985) de Vicente Alejandro Guillamón en la que el detective es el comandante Silva de la Guardia Civil. Más conocida es la novela Picadura mortal (1979) de Lourdes Ortiz en la que la protagonista es Bárbara Arenas, la primera mujer detective de la literatura española.

Mi base para estudiar a Plinio es que es una pieza clave para la comprensión del sargento Vila y la guardia Chamorro. Para Colmeiro las novelas de Plinio son una transición entre la modernidad representada por el género policiaco y el mundo tradicional y rural de La Mancha. A partir de El reinado de Witiza (1968) las historias tienen la extensión de una novela. Dice Colmeiro:

El misterio o caso policiaco es meramente el hilo central alrededor del cual se engarzan múltiples pequeñas historias y situaciones que constituyen la verdadera razón de ser de la obra (152).

Con esta fórmula García Pavón escribió ocho sólidas novelas de género1, algunas de ellas excepcionales. Lo que se consigue con este corpus es la creación de una auténtica novela policiaca española, autóctona y original, ya que no se trata ni de la novela sajona (Doyle o Christie) ni de la negra norteamericana (Chandler o Hammett), en todo caso el policía manchego se parecería más a la novela sociológica de Simenon (Ibid. 153). Plinio, jefe de la policía municipal de Tomelloso, no posee cualidades sobrehumanas, simplemente conoce a su gente y es un buen jefe. Patricia Hart (y Colmeiro coincide con ella) leen a Plinio como un hombre quintaesencialmente español, o si se prefiere, un hombre como se ha representado tradicionalmente al español. Tomelloso se encuentra cerca del centro geográfico de la península, en la nada exótica La Mancha como Cervantes ya nos señaló, y su protagonista aspira a representar al español normal y corriente. Por supuesto, somos conscientes de las trampas ideológicas que existen tras la representación de este supuesto Juan Español con sus (supuestas) virtudes ascentrales: estoico, intuitivo, paternalista, noble son algunos de los adjetivos que Colmeiro usa en su descripción. Al mismo tiempo no se debe desdeñar su aparición. Plinio y su compañero, don Lotario están imbuidos del “espíritu del pueblo”, un volksgeist manchego y español. García pavón reafirma la existencia de una España, intrahistórica, noventayochista, democrática, plural y potencialmente abierta a las transformaciones de la sociedad, si es que éstas vienen, tampoco se las busca. De todas las misiones de Plinio ésta es la más importante, la de poner junto un espíritu del pueblo español que permita la construcción de una sociedad democrática y burguesa que complete la sociedad libre en lo económico que se está construyendo en España a una velocidad desconocida en la historia universal.

Existe una relación causal entre las digresiones de las novelas de Plinio y el whodunit, aunque hay que reconocer que cuando la serie decae hay un desequilibrio ya que las digresiones se convierten en centrales. Ambos elementos están intrínsecamente unidos, especialmente en las grandes novelas de la serie como El reinado de Witiza, Las hermanas coloradas y El rapto de las Sabinas. La acción de las novelas de la serie es contemporánea, es decir, leído a posteriori este corpus se convierte en una de las mejores crónicas del tardofranquismo. Plinio, y su Watson, don Lotario están interesados en los cambios que transforman a la sociedad, aunque no están obsesionados con ellos. Plinio y Lotario no huyen de la realidad, sino que la aceptan porque ésta es inexorable, porque los cambios están ahí y nada se puede hacer por evitarlos. Lo que sí es muy importante es que ellos engarzan la nueva España con la otra modernidad que ellos conocieron, la de la II República. Plinio y Lotario son si se quiere franquistas pasivos pero reconocen que para que la nueva España tenga lógica tendrá que incorporar una serie de valores de la República que han permanecido latentes en la sociedad. Colmeiro resume sus ideas sobre Plinio del siguiente modo:

Las claves ideológicas de García Pavón y de su mundo narrativo seguirán claramente estos mismos modelos liberales. Su visión del mundo va a estar marcada por un sentimental apego a los principios liberales básicos de libertad, propiedad individual y democracia, un notable escepticismo frente a las grandes narrativas totalizadoras (llámense Iglesia o partido), un poderoso sentimiento de nostalgia por un pasado, tanto histórico (liberal, republicano) como personal, que no es posible realizar en el presente, y una inclinación natural hacia la honda lamentación más que la denuncia estricta (xxiii).

Si se da por buena la tesis de Ramón Buckley de que el franquismo construyó su propia oposición cuando necesitó legitimarse tras la apertura de 1959 y las protestas de 1968, se explicaría perfectamente la aparición de un guardia municipal del aparato represor franquista pero que es un liberal al mismo tiempo. Juan Carlos Rodríguez ha repetido en varias ocasiones que en España no había novela policiaca por la sencilla razón de que no había policías sino torturadores. Este sería el caso de Plinio, no es un torturador, cuando es duro con un criminal lo es dentro de unos parámetros que se considerarían estándar en las policías de comienzos de los años setenta en países democráticos, al menos según nos han llegado por la cultura popular (Cf. Valles 82).

Rafael Conte ha señalado con acierto que el fracaso de la novela social de los cincuenta tiene dos razones fundamentales, por un lado el que los escritores olvidaron la parte estética empeñados como estaban en hacer política y la segunda, que la España tercermundista y atrasada que representaban no se correspondía con la realidad de crecimiento económico que la gente experimentaba. García Pavón no cae en ninguno de estos dos defectos. La representación de la realidad española es de un realismo a ratos galdosiano a ratos con la belleza del realismo rural de Delibes y la brutalidad de Camilo José Cela, pero todo ello en un estilo personal que no es imitación directa de nadie. La percepción de la profundidad de los cambios es la que se encuentra en el Juan Marsé de Últimas tardes con Teresa. El cuidado estético de las novelas de García Pavón es por momentos exquisito, creando algo así como la agro-novela, en el sentido que se ha hablado de un agro-pop en música, por ejemplo. Es el ruralismo de Delibes sólo en parte, es más una estetización del slang rural y una crónica de testimonio antropológico de tradiciones seculares que se pierden y de nuevas tradiciones que se crean por el impacto de las nuevas tecnologías y el cambio a una agricultura industrializada. Serían los primeros cuadros de costumbres de la postmodernidad, por ejemplo, el culto a la cerveza de Plinio y don Lotario, especialmente en un pueblo vinatero. Plinio y Lotario son conscientes de que hasta cierto punto no existe la identidad cultural colectiva, o que ésta es una fantasía, que la sociedad española es plural. A ellos les gustan muchas cosas del pasado, pero del mismo modo aceptan las nuevas realidades culturales que van llegando a Tomelloso en particular y a España en general. Colmeiro va incluso un poco más lejos:

La narrativa de García Pavón destaca por la originalidad de formas y planteamientos dentro de la novela española de posguerra. Por un lado abre la puerta de un neocostumbrismo desusado al que se da nuevo empuje. No se trata ya de la simple búsqueda de tipismo y color local al punto decimonónico sino que hay un auténtico afán de sumergirse en la cultura popular, en la intrahistoria colectiva de su pueblo y rescatar los ecos del pasado (xxxvii).

El caldero de oro (1981) de José María Merino o El jinete polaco (1991) de Antonio Muñoz Molina son reelaboraciones de esta misma técnica.

Esta actitud realista persiste en Bevilacqua en tanto que narrador de sus propias historias, quien independientemente de sus opiniones acepta la realidad sin imponerle sus apriorismos. Al igual que Plinio, Bevilacqua o Vila tiene fuertes opiniones sobre muchas situaciones y no duda en prodigarlas por la novela. Esto explica bastante del éxito de la serie de García Pavón y el de esta segunda, incipiente, posible serie. Al lector le gustan estas opiniones, a veces políticamente incorrectas, que tal vez él o ella no se atrevería a compartir en público y que vicariamente ofrecen el placer de pertenecer a una comunidad silenciosa, la de los gente de bien, no dogmática, imperfecta, incluso feliz, y por supuesto, pequeño-burguesa.

Dice Colmeiro acerca de Plinio:

En su obra se da una mezcla muy personal de elementos heterogéneos,e incluso frecuentemente antagónicos, sin parangón en la narrativa española de posguerra. Así se yuxtaponen aspectos tan dispares como la descripción costumbrista y la reflexión metafísica, el tono lírico y humorístico, la memoria del pasado y la crónica del presente, la aflicción sentimental y la tendencia hacia lo grotesco, todos ellos a su vez en una rica mezcla de lenguaje popular y lenguaje educado, sin caer nunca en la vulgaridad ni en el pedante academicismo (xxxviii).

Estas palabras se podrían atribuir a las novelas de Silva y se podría añadir que otro elemento común es el de clase, Plinio y Vila pertenecen a una clase media baja, a la pequeño-burguesía del folletín decimonónico con lo que se entroncan con la literatura decimonónica realista y/o melodramática.

Autor y licencia de 'Lorenzo Silva y su contextualización en la novela policiaca española - Antecedente necesario: Plinio, jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso'
Salvador A. Oropesa Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/silva.html CopyLeft
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