



En estas piezas, calificadas por el autor de comedias, divididas en dos actos, es constante mantener la unidad de lugar. Por tanto, un decorado único que es un salón cerrado o gabinete de una casa lujosa, de abolengo o de nuevos ricos; con una terraza o mirador; o un cuarto de estar con un armario y una camilla -más clase media-; son elementos del atrezzo que cumplen un mismo papel: que los personajes en escena puedan desaparecer, para saber o ver, sin ser vistos por quien de nuevo entra en escena. Un paraguas bajo la lluvia muestra dos espacios uno interior y otro exterior.
Es general también el respeto de la unidad de tiempo. Y, curiosa, la preferencia por situarlas en los equinoccios. También, hay cierta preferencia por las horas: Historia de un adulterio, 1969, y La señora recibe una carta, 1967, se desarrollan en torno a la hora de la cena, aquélla en la sobremesa, ésta a las diez de la noche.6
La muchacha del sombrerito rosa, 1967, un día de los primeros de octubre desde las ocho de la tarde -al lubricán- a una semana después del mediodía a la noche. Pero lo que sucedió en estos días es objeto sólo de lo que se dice en los diálogos. Primavera en la plaza de París, 1968, continuación de la anterior “se inicia unas horas después de concluida aquélla”, por la noche en el café que remata la cena y, concluye, también en un lapso de quince días -entre ambos actos- a la mañana siguiente. En las dos comedias estos tiempos muertos -explicitados en el diálogo- son el recurso para justificar el desenlace.
Tengo un millón, 1960, se resuelve en una noche. Un paraguas bajo la lluvia, 1965, en un día. El carrusell, 1964, dura dos días y medio.
El tiempo aquí se aprovecha muchísimo, porque es el relato quién informa de lo sucedido.
Valga un ejemplo. Por la mañana, Leonor habla con Damián de los sucesos de la pasada noche, éste le comenta cómo los periódicos recogen la llegada del señor. Recibe la visita de Lola Beltrán y decide irse a París. A continuación aparece Marita que le relata cómo se conocieron sus padres (en el exilio -queda mono y no compromete-), cómo su madre -muerta hace cuatro años- pensaba en ella, la legítima, y la apreciaba y, ellos, los espúreos han sido muy desgraciados. Conmueve a Leonor. Suben las otras hijas: muestran lo habilidosas que son cantando7. Luego llega el padre. Leonor decide llevarse a las chicas a París. Vanse porque el avión sale dentro de hora y media. Al llegar a su destino aún tienen tiempo de ir al Bosque de Bolonia al atardecer8, a cenar a un restaurante de la Torre Eiffel y a pasear en barco por el Sena. Y véase cómo se aprovecha la tarde del regreso. El tiempo a medida de la comedia -no puedo dejar de acordarme de “a las ocho en el convento y a las diez en esta calle”, Zorrilla-.
Se respeta la unidad de acción. Muchas de las comedias comienzan con un clima mundano y de cóctel, reunión de amigos que indica el tono y su falsedad. Se trata más de lo visto en las comedias de Hollywood que no de lo que sucede en el Madrid de los 60.
Las mujeres suelen ser el motor de la acción y los hombres el sostén económico de la familia . Más o menos así sucedía entonces.
Los temas son también cotidianos. Sólo en Primavera en la plaza de París, se insiste en la necesidad de superar la secuela del odio de la guerra, aunque en todas haya referencia a la división izquierdas/derechas.
Una fórmula semejante al teatro dentro del teatro se aplica en La señora recibe una carta e Historia de un adulterio. En las que se repiten situaciones, escenas, parlamentos, personajes y, hasta, actores.
En todas ellas hay algún pasaje musical. Bien porque se oiga la radio, se interprete en directo o como música ambiental.. Proporciona un clima amable y distendido -ya lo vio Lope-, y, además, lo centra en su época.
Es frecuente la mezcla de elementos cómicos -muchas veces cercanos al sainete, desde luego del vodevil,- y melodramáticos -coincidentes con las series radiofónicas-. La mayor parte de los disparates están en boca de las mujeres9 debido a su falta de instrucción. Son gags para hacer reír -lo curioso es que el público femenino, mayoritario en sesiones de tarde, riera-.
Aparecen con frecuencia elementos narrativos que aportan datos desconocidos por los espectadores o por alguno de los personajes. Una comedia de enredo -para mí la más original- es Tengo un millón10 y así como de intriga es La señora11 recibe una carta.
Una fijación de una técnica teatral: una pieza bien hecha12, como modelo sirva la que fijó la Monarquía de Julio francesa, que recogió y cultivó magistralmente J. Benavente -recién fallecido, 1954-. Concebida como un entretenimiento para consumo de burgueses -más burguesas-, que quieren ser afianzados en su conducta, halagados y entretenidos y, aun, puestos como modelos.
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