“El Perú es un país que se caracteriza por una enorme desigualdad social, más de la mitad de la población es pobre y más de la tercera parte de ellos se encuentra en situación de extrema pobreza. Por otra parte históricamente se han originado desigualdades no solo económicas sino también raciales y culturales. En esta coyuntura importantes sectores sociales se mantienen excluidos de la satisfacción de necesidades básicas, servicios públicos y en general de los beneficios de la sociedad moderna... ”
La importancia de los pueblos indígenas, así como de las comunidades en el problema objeto del presente estudio es innegable, tanto por que la mayor parte de las veces son ellos los protagonistas de los conflictos sociales alrededor de la industria extractiva, como por que son también ellos los más sensibles a los riesgos de la misma, razón por la cual el estudio de su problemática y de su postura es indispensable para este trabajo.
Actualmente los Pueblo Originarios y las Comunidades son el centro de un conflicto político y jurídico que este año ha tomado más relevancia que nunca, el tema de las tierras comunales, de su propiedad, de su uso, desuso y abandono, así como el condicionamiento de la existencia de los pueblos indígenas para la explotación o no de los recursos naturales ha puesto en pie de guerra al oficialismo, a la oposición, a las comunidades y a las empresas del rubro, generando posiciones encontradas, que no resuelven en nada el origen del problema:
a. La Postura del Estado:
El Estado sin duda tiene la labor más difícil, que debe ser un ente conciliador en estos casos y sin embargo a veces tiene que elegir entre afanes populistas para alagar a sus electores y la realidad que dice que el país carece de desarrollo de inversión y de trabajo; en este contexto las ultimas declaraciones del Presidente de la Republica en estado de confrontación con las comunidades ya que ha tratado temas muy específicos y sensibles para ellas.
“Hay millones de hectáreas para madera que están ociosas, otros millones de hectáreas que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se pueden trabajar... Así pues, hay muchos recursos sin uso que no son transables, que no reciben inversión y que no generan trabajo. Y todo ello por el tabú de ideologías superadas, por ociosidad, por indolencia... Además existen verdaderas comunidades campesinas, pero también comunidades artificiales, que tienen 200 mil hectáreas en el papel pero solo utilizan agrícolamente 10 mil hectáreas y las otras son propiedad ociosa, de 'mano muerta', mientras sus habitantes viven en la extrema pobreza y esperando que el Estado les lleve toda la ayuda en vez de poner en valor sus cerros y tierras... contra el petróleo, han creado la figura del nativo selvático 'no conectado'; es decir, desconocido pero presumible, por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo peruano debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo US$90 por cada barril. Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose ”
Estas declaraciones han sido tomadas por las comunidades nativas como un ataque directo a sus derechos de propiedad e incluso a su existencia, si las sumamos a los Proyectos de Ley 1770/2007 y 1900/2007 que promuevan el catastro y titulación de las tierras comunales y la reversión en favor del Estado de las tierras “no trabajadas”, tenemos que la relación entre el Estado y la comunidades es más tensa que nunca.
b. La Postura de las Comunidades Campesinas y Nativas:
En este punto hay que tener en cuenta que las comunidades campesinas y nativas son sin duda uno de los grupos humanos más pobres y numerosos del país, el último censo señaló que existen 5680 comunidades campesinas, las mismas que controlan el 39.8% del total de tierra en uso agropecuario; sin embargo tiene los índices más altos de desnutrición y mortalidad infantil, 53% de desnutrición crónica en menores a 5 años, y un índice de mortalidad infantil de 7.1% en menores de 1 año de edad , y la situación de las comunidades nativas es aun peor.
Esta situación de pobreza y abandono esta existe desde que San Martín llegó al Perú y no se debe a la industria extractiva; pero vuelve a estas comunidades especialmente sensibles a cualquier cosa que se lleve a cabo dentro de su ámbito, es por eso (por lo desesperado de su situación) que sus reacciones pueden parecer contradictorias y desconcertantes, así tendemos grupos de comuneros muy violentos y organizaciones comunales que se oponen acérrimamente a cualquier proyecto que se pueda desarrollar cerca de sus comunidades, por ejemplo COJUIKA quienes se pronunciaron de la siguiente manera:
“El Consejo de la Juventud Indígena de Kanús (COJUIKA), Distrito de Río Santiago, Provincia de Condorcanqui, Región Amazonas; ante la política del gobierno en dar licencia a la empresa petrolera HOCOL PERU S.A.C., Decreto Supremo Nº 066-06, en la cual aprueba el contrato de licencia de exploración y explotación hidrocarburos en el lote 116., en tierra de los grupos étnicos jíbaros WAMPIS Y AWAJUN se ha pronunciado, instando “a los representantes de dicha empresa que no pretendan ingresar a la zona, deslegitima lo que establece el convenio 169 de la OIT, y sin previa consulta popular. Caso contrario el pueblo indígena se levantará y tomará otras medidas para solucionar y hacernos respetar nuestros derechos ”
Por su parte, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) y la Organización Regional AIDESEP Iquitos (ORAI), en nombre de las comunidades que afilian, han rechazado el inicio de las actividades petroleras en diversos lotes, como por ejemplo, en los Lotes 117 y 121 .
También hay comunidades que reciben con beneplácito las inversiones y las ven como una solución a muchos de sus problemas, por último tampoco faltan aquellas que aparentan su disconformidad para obtener mayores beneficios de las empresas.
Por ejemplo hay ocasiones en que las comunidades optan por apoyar el desarrollo de tales actividades, considerándolas como posible generador de puestos de trabajo para los comuneros. Así, para tener mayor libertad de diálogo y negociación con la empresa, terminan apartándose o desafiliándose de su organización indígena, en caso de que ésta rechace tales actividades.
Un ejemplo de esta situación se presentó con las Comunidades Nativas Buena Vista y Flor de Coco, ubicadas al interior del Lote 39, operado por la Empresa Repsol. Estas comunidades se apartaron de la Federación de Comunidades Nativas del Medio Napo, Curaray y Arabela (FECONAMCUA) para poder trabajar con la empresa y beneficiarse con sus programas sociales.
Otro caso similar se presentó con algunas comunidades de la cuenca del río Corrientes, Loreto, como, por ejemplo, Copal y Cuchara que inicialmente estaban representadas por la Federación de Comunidades Nativas del Río Corrientes (FECONACO), organización opuesta al desarrollo de actividades de hidrocarburos por los impactos ocasionados en la zona. A pesar de ello, estas comunidades pasaron a ser representadas por la Federación de Comunidades Nativas del Bajo Corrientes (FEPIBAC), para buscar un acercamiento a la empresa que opera en los Lotes 8 y 1AB.