



Pero antes de entrar en la descripción de estos textos conviene apuntar algo acerca del rótulo de la sección, que no recibe la denominación cuento sino relato ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro género si es que realmente pueden juzgarse distintos? Jose María Merino (1988), en su excelente ensayo, El cuento narración pura, reserva al término relato una caracterización no muy halagüeña. Según recuerda el autor, hubo un tiempo
en que las ficciones literarias de corta extensión, propias de la lectura adulta y del interés de las gentes que se suponían cultas eran denominadas relatos (...) y acaso la convención de que cuentos y relatos venían diferenciados íntimamente en función del destinatario, propició la proliferación de textos literarios en que, bajo el nombre de relatos, se ofrecieron algunas de las historias más aburridas que he tenido ocasión de leer en mi vida, escritas por autores que pensaban que la brevedad, unidad a la falta de interés dramático, los paisajes irrelevantes y los personajes insulsos eran lo verdaderamente significativo del género
Así pues, sugiere Merino, es el relato un género narrativo que paradójicamente nada cuenta y que en el mejor de los casos algo indaga acerca de lo real, a diferencia del cuento, movido por el placer de la curiosidad, la fantasía de la fábula y el dinamismo de su estilo, elementos que promueven un argumento bien conformado. Y qué duda cabe que sólo el hecho de aceptar un texto para una sección determinada supone el reconocimiento implícito de un canon. La pluralidad -como se ha dicho, nota principal de este repertorio, y cualidad sobresaliente del cuento desde los ochenta según indica Santos Villanueva2-, es fruto del compromiso con lo específicamente literario de las nuevas generaciones a diferencia de lo ocurrido en épocas pasadas en que primó en el cuento la fidelidad realista o la intencionalidad pragmática. Según esto, podría decirse que todos los cuentos a partir de los noventa se han convertido en relatos, es decir, gozan de la delectación en la sustancia del texto, ya se trate de recursos, lenguaje, tonalidad, perspectiva, más allá o por encima del núcleo argumental o temático del cuento. Son ejercicios de narración, de relación, en que el hecho de narrar prevalece sobre lo narrado. Tal vez por ello el epígrafe Relato utilizado en Blanco y Negro para agrupar un colección muy variada sea por tanto el más conveniente.
Pero ¿se corresponden los cuentos de Blanco y Negro con la descripción de Merino? Viene a nuestro recuerdo ahora la paradoja constante en que parece vivir el cuento como género. El escritor de cuentos, de cuentos celebrados, y la crítica de autores insignes señalan para aquél una serie de notas características que apenas reúnen los cuentos (o relatos) coetáneos. ¿Qué es entonces un cuento que no cumple con las cualidades definitorias? Porque ese es el caso de bastantes de los compilados en las antologías. Si no hemos de decir que se trata de un mal cuento, al menos sí podría sugerirse que ese cuento lo es menos que otro. Al mismo tiempo, la aplicación de las notas cuentísticas depende del conocimiento implícito, tanto por parte de escritores como de críticos, de muchos cuentos en los que sí se advierten tales características. Llegados a este punto, puede resultar una falacia dedicar tiempo a estudiar un género literario cuando no hacemos sino protestar contra el canon. O en otras palabras, decidir qué es el cuento para más adelante defender que todo -el monólogo, la escena dramática, el ensayo- en definitiva, cualquier cosa, que por el hecho de ser otra es varia -y forma esa pluralidad tan significativa del género en los noventa- es cuento. Lo mismo podría decirse de la calidad de los relatos, llegando a defender que la incoherencia o la impericia son efectos de estilo, que la banalidad y el ripio no hacen sino reflejar un fresco social o una época reconocible, que los errores de argumentación son efectos buscados. En resumen, cuando no se cree en el canon, ni en el dominio del cuento ni en cualquier otro, sólo cabe hablar de lo que vemos, describir procesos e itinerarios, albergar propuestas de futuro, detallar y no prescribir, y eso precisamente es lo que voy a procurar en estas páginas.
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