Los Esenios: Maestros de Luz - Una tribu de alta Vibración
Mucho se habla de lo Esenios, pero es casi nada lo que se sabe a ciencia cierta de esta secta o fraternidad judía del siglo II a. C., dedicada a la oración, la vida austera y monacal en comunión con Dios y la naturaleza, a servir al prójimo y a iluminar las conciencias en el camino hacia Dios. Sin embargo, los Esenios están mucho más cerca de lo que pensamos, presentes en infinidad de oraciones, costumbres, creencias, ritos y filosofías de vida propias del Cristianismo que han perdurado hasta nuestros días. También muchas creencias místicas y esotéricas derivan de ellos. Prácticamente, todas sus enseñanzas y mensajes han cruzado nuestra cultura y forma de vida. Es inabarcable lo que se puede aprender de su cultura, considerando que muchos dicen que Jesús mismo, y otras grandes personalidades del Cristianismo, fueron Esenios.
Son muchos los estudiosos y expertos que sostienen que Jesús descendía de los Esenios, una tribu o secta judía de ascetas monásticos y origen semítico sirio que había tenido su origen en Palestina, en el tiempo de los Macabeos, entre 300 y 150 años a.C., y que vivía apartada de las otras tribus predominantes de la época –los saduceos y fariseos- y dedicada a la artesanía y a la práctica de la caridad y santidad.
Se dice que su misión fue neutralizar, con la fuerza de sus pensamientos y poder vibratorio, las bajas vibraciones del entorno en el área donde habría de nacer el Mesías. Pero aunque hoy se considera a la tribu esenia como la precursora de la Iglesia Cristiana, como la cofradía que plantó la semilla para que las enseñanzas de Jesús cayeran en tierra fértil, esta permaneció oculta al conocimiento profano por lo hermético de su enseñanza, por la elevada misión que les correspondió cumplir y por no ser mencionada en la Biblia. Recién se hizo conocida en nuestra cultura a partir del hallazgo, en el año 1947, de 800 rollos de Evangelios Apócrifos, conocidos hoy como los Papiros de Qumram o los Rollos del Mar Muerto. Fueron descubiertos en vasijas de arcilla ocultas en 11 cuevas ubicadas a un kilómetro, aproximadamente, de un lugar denominado Chirbet Qumram, en la ribera noroccidental del Mar Muerto, y que desde mediados del siglo pasado es conocida como El Paraje en Ruinas por ser una zona desértica e inhóspita, pocos kilómetros al sur de la ciudad mítica de Jericó.
De hecho, el historiador romano Plinio el Viejo ubica a los Esenios en el borde occidental del Mar Muerto, en el oasis de Engandi y en otras regiones entre Asiria y Palestina. También en Egipto, en el canto del Lago Maoris: “Los esenios habitan en la costa occidental del Mar Muerto. Son gente solitaria y muy superior al resto de la humanidad. Carecen de dinero y las palmeras son su única compañía. Se renuevan de continuo merced a la incesante corriente de refugiados que acuden a ellos en gran número, hombres hastiados de la existencia a quienes las vicisitudes de la fortuna impulsaron a adoptar tal género de vida. Así un pueblo se ha perpetuado, por increíble que parezca, en un lugar donde nadie ha nacido. Muy útil para acrecentar su número es el disgusto de otros hombres por la vida”.
El capítulo 17 del libro quinto de La Historia natural de Plinio el Viejo, en la traducción de Philemon Holland hecha en 1601, dice: “Los Esenios son una nación de las más admirables y maravillosas de todo el mundo. Mujeres no se ve ninguna: La lujuria carnal no se conoce: No manejan dinero: Dirigen su vida ellos mismos, y mantienen compañía solamente con árboles de dátiles. Aún más, el país está bien poblado, y numerosos extraños de otras partes lo recorren diariamente: Y a saber, tal como están cansados de esta vida miserable, van por las oleadas emergentes de fortuna traída acá, de juntarse con ellas en su forma de sustento. Así por muchos miles de años (cosa increíble pero verdadera) un hato de gente estuvo sin suministro alguno de recién nacidos y de generaciones. Tan poderosamente se incrementaban, por la agotadora hacienda y arrepentimiento de otros hombres. Bajo ellos, se levantaba Engadda, para fertilizar el suelo y hacer florecer las arboledas de palmeras datileras, considerada como la siguiente ciudad de toda Judea, a Jerusalén. Ahora, dicen, sirve como lugar para enterrar a sus muertos. Además es un castillo o fortaleza situada en las rocas, y lo mismo no lejos del lago de los Asphatites de Sodoma. Y así en lo tocante a Judea”.
Philo de Alejandría, filósofo neoplatónico judío que escribió en las primeras décadas de la Era cristiana, da las cuentas más tempranas de los Esenios en sus libros Quod Omnis Probis Liber Sit y Apología pro Judaeis. El segundo está perdido pero el pasaje sobre los Esenios está citado por Eusebius de Cesarea. Philo dice en el primero: “Los Esenios están completamente dedicados al culto de Dios. No ofrecen sacrificio animal. Huyen de las ciudades y viven en pueblos. En su mayor parte trabajan en los campos. Otros practican oficios tranquilos. No amontonan dinero o compran o alquilan la tierra. Viven sin bienes o propiedad. Nunca fabrican armas o cualquier objeto que pueda ser utilizado para mal propósito. No se involucran en ningún comercio. No tienen esclavos y condenan la esclavitud. Evitan la metafísica, la lógico, y toda filosofía exceptuando las éticas que estudian en las leyes divinamente ancestrales dadas a los judíos. Cada séptimo día es considerado santo y no hace trabajo alguno sino que pasan su tiempo en reuniones religiosas sentados estrictamente según su rango, y escuchan la exposición de sus libros sacros clarificados según el sistema simbólico antiguo. Estudian la devoción, la santidad, la justicia, la ley sacra, y las reglas de su orden, toda conducción para el amor de Dios, de la virtud, y de los hombres, a los cuáles dedican completamente sus vidas. Rehúsan a tomar juramentos y nunca mienten. Creen que Dios es la causa única del bien, nunca del mal. Convidan a todos los hombres con igual bondad y cohabitan en una forma comunal. Nadie posee su propia casa. Sus casas están siempre abiertas a las visitas de los miembros. Comen conjuntamente una comida común y toman sus ropas de un almacén común. Cuidan de los enfermos, la gente joven, y los ancianos”.
En su Apologia pro Judaei, Philo añade: “Viven en varias ciudades de Judea y también en pueblos en grandes compañías. No hay niños entre ellos. [Esto es una contradicción de su anterior fragmento] Su variedad de ocupaciones los hace autosuficientes. Aquellos que ganan salarios en el ”mundo” dan su dinero para el capital común. No se casan”.
Filón, también historiador, inspirado en los Esenios, ilustró la tesis de su Tratado para probar que todo hombre bueno es también libre. Señala de esta comunidad: “Hay 4.000 Esenios residiendo en muchas poblaciones de Judea. Evitan las ciudades y prefieren vivir en los pueblos. Tienen todos sus bienes en común y un administrador hace las compras y maneja el dinero. Cultivan la tierra y se dedican a oficios pacíficos, son granjeros, pastores, vaquerizos, agricultores, artesanos y artífices. No deben fabricar instrumentos de guerra ni ocuparse del comercio. Entre ellos no hay esclavos ni señores por estar convencidos que la fraternidad humana es la relación natural de los hombres. Poseen el don de la predicción del futuro, son extremadamente limpios y visten siempre de blanco. No dan importancia al tiempo ni lo usan como excusa para no trabajar. Vuelven gozosos de sus tareas, como quien regresa de un concurso atlético. Los Esenios se han reunido a causa de su celo por la virtud y la pasión de su amor a la humanidad”. 
El historiador judío Flavio Josefo, autor de La Guerra Judía entre los años 70 y 75 d.C. dijo de los Esenios: “Los Essenes son célibes pero adoptan niños y los crían en la orden. Dan toda sus propiedades para la orden y viven una vida común sin pobreza o riqueza. Consideran el aceite como una profanación y no ungen sus cuerpos. Siempre traen puestas prendas de vestir blancas. Sus tesoreros y otros oficiales son elegidos por la comunidad entera. Ellos ni compran ni realizan ventas entre ellos mismos. Cada hombre da para cualquier necesidad y recibe a cambio lo que fuere que él requiriere. [De cada cual según su habilidad, a cada cual según sus necesidades. ]”.
Se levantan, rezan a la salida del sol, trabajan hasta casi las 11 de la mañana,se bañan, vestidos, en agua fría, y van a su comida comunal de pan y un plato de comida. Antes y después de comer un sacerdote bendice la comida y dice una oración. Después todos ellos dan gracias a Dios, apartan las prendas de vestir que han traído puestas para la comida, ya que son prendas de vestir sagradas. Trabajan hasta la puesta del sol, y entonces van a la cena de la misma forma que la comida. La mayor parte de sus acciones les son ordenadas por sus administradores pero la ayuda y la piedad a los demás son iniciativa del individuo. No prestan juramentos. Estudian sus libros antiguos y las hierbas y los minerales que curan la enfermedad. Un postulante para la orden espera un año y es sometido a juicio y probado. Si se le acepta recibe un hacha, luego un paño, y una túnica blanca [como en la Hermandad Pitagoreana]. Por dos años él sirve a un noviciado y puede tomar parte en los ritos purificatorios. Si pasa este período de prueba, entonces él es aceptado en la orden, admitido para las comidas comunes, y por única vez en su vida jura su lealtad a la orden en el más solemne de los juramentos.
Los culpables de las faltas más serias son expulsados y, todavía sujetos a su juramento, perecen por falta de comida. La justicia es dispensada en asambleas enteramente comunales, no menos de cien. No sólo no trabajan en el Sabbath; sino que no prenden fuego, ni mueven cualquier objeto, o hacen sus necesidades. Alguno usa su hacha para cavarse una letrina y vaciar sus intestinos cubiertos por sus ropas. Durante la guerra con los romanos fueron brutalmente torturados, pero soportaban sus dolores impasiblemente, y rehusaban blasfemar o comer alimentos prohibidos. Creen en la inmortalidad del alma, que los buenos van a las Islas de la Divinidad y los malos al Hades. Alguno de ellos, estudiando sus libros sagrados, se hizo experto en predecir el futuro”.
“Constituyen de hecho una hermandad que tiene algo de común con los pitagóricos. Identifican el placer con el vicio, se ejercitan en la temperancia y la autodisciplina. Los Esenios renuncian también a la riqueza, comen solo los alimentos necesarios. Usan las ropas y el calzado sin lujos. La mayor parte de ellos viven más de 100 años y leen los escritos de los antiguos. Su silencio da la impresión de un tremendo misterio. Sostienen que el cuerpo es cosa corruptible pero el alma es imperecedera. El espíritu emana del más puro éter, un hechizo natural lo arrastra hacia abajo y queda atrapado en la prisión del cuerpo; pero, una vez puesto en libertad por la muerte, se alegra y es llevado a lo alto. Triunfan sobre el dolor gracias a una voluntad resuelta. La guerra con los romanos probó sus almas de cuantas maneras era posible: Estirados en el potro, retorcidos, destrozados, quemados, sometidos a todos los instrumentos de tortura para blasfemar de su Legislador o comer alimentos prohibidos, no consienten en tales demandas y ni una sola vez adularon a sus perseguidores ni derramaron lágrimas.
Sonriendo en la agonía y perdonando a los torturadores, exhalaron el alma con júbilo, pues confían que la recibirán nuevamente. Cualquier palabra de ellos tiene más fuerza que un juramento no causan daño a nadie ni por propia determinación ni bajo órdenes; en el caso de obtener autoridad jamás abusará de ella; será un amante de la verdad; mantendrá sus manos alejadas del robo y su alma pura de toda ganancia pecaminosa; no ocultará nada a los miembros de la comunidad y tampoco descubrirá ninguno de sus secretos a los extraños, aun cuando sea torturado hasta la muerte; transmitirá las reglas tal como las recibió y preservará con cuidado los libros grupales”.
Considerados como uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX en la validación y revisión de los textos bíblicos del Antiguo Testamento, los papiros del Mar Muerto están reconocidos como uno de los descubrimientos papirológicos más importantes de la historia, al contener la colección de textos hebreos más antigua y completa que se ha encontrado, por lo que se los considera el mayor tesoro manuscrito jamás encontrado.
La mayoría de los estudiosos han identificado a la hermandad Qumran precisamente como los Esenios, calificándolos como una secta religiosa a principios de la era cristiana que privilegió un regreso a la vida de la comunidad primitiva que había precedido a la cultura helenística y aun la hebrea, altamente ritualizado en una rebelión consciente contra la vida de la ciudad y la estructura sacerdotal de los templos y el reinado militarista.
El monasterio de Khirbet Qumrán, en el noreste del Mar Muerto, era una zona que el erudito romano Plinio (24-69 d. de C.) había descrito como sede de una numerosa colonia de Esenios, una secta judía del siglo I a. de C. que se llamaba a sí misma Nueva Alianza. A partir de esto, muchos científicos e investigadores sostienen que los orígenes del Cristianismo ya no se deben buscar entre los fariseos y los talmudistas, sino entre los Esenios.
A partir de los Rollos del Mar Muerto, sobre ellos se dijo que eran budistas, Magi o pitagóricos o miembros de un culto oculto eremítico egipcio. En el siglo XIX, Ernest Renan hizo la especulación más equilibrada sobre las relaciones entre los Esenios, Juan, Jesús, y los primeros Cristianos. Sus ideas tuvieron gran influencia en la imagen de la Cristiandad primitiva en la mayoría de los socialistas radicales tras la publicación de su libro “Vida de Jesús”.
El contenido de los papiros el Mar Muerto indica claramente que los autores eran un grupo de sacerdotes que mantenían una vida comunal estrictamente dedicada a Dios, liderados por el "Maestro Justo" y opositores al llamado "Sacerdote Cruel", un alto sacerdote judío en Jerusalén que, probablemente fue uno de los legisladores Macabeos que ilegítimamente asumió la posición de alto sacerdote entre los años 150 y 140 a.C.
Por otro lado, uno de los hallazgos más fascinantes fue un pergamino de cobre, que tuvo que se cortado en tiras para poder ser abierto, y que contenía una lista de 60 tesoros localizados en varias partes de Judea (ninguno de los cuales encontrado hasta ahora). Otro pergamino, recuperado por arqueólogos israelíes en 1967 de las manos de un vendedor de antigüedades en Belén, describe con lujo de detalles un elaborado templo para rituales donde participaba la comunidad judía. Este ha sido llamada "El Pergamino del Templo".
La Iglesia, que se había opuesto en un comienzo a la divulgación de estos textos herejes, levantó la interdicción y, previa traducción, autorizó que fueran publicados. De esa lectura surge que Jesús era Esenio y que el Nuevo Testamento era su Obra Divina, apoyándose por ejemplo en el hecho de que Jesús hablaba arameo, la lengua asirio babilónica usada en todo el Asia occidental y propia de los Esenios, y en la que fueron transmitidos los Evangelios. Puesto que se dice que Jesús no hablaba griego y el hebreo no lo comprendía bien, posteriormente, los Apóstoles Juan, Mateo, Marcos y Lucas vertieron los escritos a otros idiomas, de donde surgieron diversas interpretaciones.
Las excavaciones que siguieron al descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto demuestran que la elaborada estructura jerárquica de la comunidad de Qumran no es solamente una iniciación de la orden religiosa. Es militar. El término común de “ secciones locales ” y los asentamientos de la comunidad se traducen normalmente por “ campamentos.” No sólo Khirbet Qumran con sus tiendas de campaña y sus cabañas que rodeaban a los edificios en las excavaciones tienen la apariencia de un viejo fuerte, como un campamento militar, sino que era uno de los cuarteles generales del ejército de salvación implicado en una guerra santa, la guerra del Hijo de Dios en contra del Hijo de las Tinieblas. En esa guerra cada hombre tenía su lugar y su rango, en un ejército pensado para pelear junto con los anfitriones del cielo. La batalla ocurría en la eternidad, en el tiempo en el que la comunidad estaba aguardando la orden para atacar al enemigo.
|
Opiniona sobre 'Los Esenios: Maestros de Luz - Una tribu de alta Vibración' (2)
Opina sobre este monografía |

