Muchas veces, los equipos deportivos toman el nombre de la localidad en que han nacido, que es donde tienen inicialmente su cantera y en donde suelen contar con un mayor número de seguidores. Un buen equipo de fútbol es en Europa e Hispanoamérica (en estados Unidos deberíamos hablar de baloncesto o de béisbol) el mejor representante público con que puede contar una ciudad o un país, y no es nada raro que, aun cuando no hayan integrado el topónimo en su nombre propio, lo hagan constar cuando se presentan o juegan en el extranjero.
El criterio claramente predominante en estos casos en nuestros medios de comunicación es el de respetar a rajatabla la «etiqueta» o nombre propio que cada equipo haya adoptado, contenga o no topónimo o gentilicio, sea español o extranjero, con excepción de los que proceden de lenguas con alfabeto no latino, que se adaptan o traducen (por ej., el Estrella Roja de Belgrado). De modo que los mismos medios que no admiten Lleida para Lérida ni Ourense para Orense (ciudad, provincia), no suelen tener ningún inconveniente en utilizar esa versión (del topónimo) para referirse al equipo de fútbol. ¿Es esto una incongruencia? No importa mucho la respuesta, si tenemos en cuenta que al menos aquí funciona una norma clara que parece aceptada por todos. El uso, sin embargo, no está exento de vacilaciones, problemas y curiosidades...
Ya hemos tratado en un cajetín de la no acentuación de Depor (abreviación popular de «Deportivo de la Coruña»). Pero, por distintos motivos, otros nombres de equipos de fútbol en nuestro país pueden sumarse a las vacilaciones acentuales de nuestros medios de comunicación y de sus lectores. El Racing (de Santander) y el Sporting (de Gijón), por ejemplo, no han llevado nunca –que yo recuerde– tilde en nuestros periódicos nacionales, ni siquiera cuando solían adaptarse los nombres propios de apariencia extranjera pero fácil lectura en castellano. El Eibar (vasco) aparece unas veces sin tilde (como en vascuence) y otras con ella, Éibar (castellanizado): así (acentuado, lo cual no deja de ser curioso tratándose de este periódico) lo encontramos, por ej., en El País del 9-5-2000, pág. 63. Con el mismo significado encontramos tres palabras diferentes: Atlético (de Madrid), Athletic (de Bilbao) y Atlétic (Terrassa); la primera con tilde por tratarse de una esdrújula castellana, la segunda sin tilde se supone que por ser de origen inglés, y la tercera acentuada como en catalán (que coincide en esto con el castellano).
Las mayores vacilaciones, sin embargo, aparecen en el uso gramatical y referencial que se hace de estos nombres propios, mucho más que en el ortográfico. Y, como ocurría con los antropónimos, algunos usos pueden crear auténticos problemas desde el punto de vista ideológico o de lo políticamente correcto...
Sin duda, el caso más curioso nos lo proporciona el nombre de un equipo navarro que juega la liga española: el Club Atlético Osasuna, de Pamplona, recién ascendido a Primera División. Al parecer, el sustantivo vasco Osasuna contiene ya en su -a final el artículo correspondiente (el), por lo que decir/escribir el Osasuna (como decimos o escribimos el Atlético o el Betis) sería redundante (expresaría dos veces el artículo determinado). Naturalmente, esto no suele saberlo el usuario común, que dice, sin prejuicios y sin crearse problemas, el Osasuna, puesto que para él se trata, como en todos los demás casos, de un equipo (referente verbal masculino): de ahí el artículo determinado, que en castellano aparece siempre en masculino: el [equipo de fútbol llamado] Barcelona/Atlético/Deportivo/Alavés/Betis..., Osasuna. El usuario común, que no suele conocer semejante curiosidad lingüística (artículo integrado en el sustantivo vasco, es decir, en la «etiqueta»), actúa con coherencia. Pero nuestros medios, al parecer, sí saben, y alguien se ha debido de encargar de propagarlo[11], que «el Osasuna» es sintagma redundante, y se empeñan en escribir (y a veces incluso en decir en televisión) solo Osasuna donde el lector común diría (y de hecho «lee», precisa leer u oír) «el Osasuna». Es posible que el afán de ser respetuosos con las otras lenguas de España haya influido de forma tan curiosa en este uso... Y he subrayado intencionalmente las otras, aunque tampoco en este caso están claras las cosas y cualquier lector podría acusar a su periódico de ser muy respetuoso con el vascuence (imponiendo a sus lectores algo tan difícil de hacer espontáneamente como quitar el artículo a un solo club de todos los que hay en España, al Osasuna, dándole de hecho tratamiento de nombre propio de persona), pero muy poco respetuoso con el castellano y el catalán, que tienen también equipos con nombres que integran el artículo, y no se les tiene en cuenta a la hora de mencionarlos:
Osasuna se une al Las Palmas y al Villarreal en el ascenso a Primera (El País, 5-6-2000, portada).
El Las Palmas deja escapar la oportunidad de colocarse líder. (El País, 2-4-2000)
Hoy el L’Eliana [equipo valenciano de balonmano cuyo nombre completo es –si no estoy equivocada– Milar L’Eliana] buscará asegurarse la Recopa (ABC, 20-5-2000, pág. 71).
Como puede apreciarse, el tratamiento masculino singular (con el artículo el) se aplica a todo nombre de equipo, incluso si en su denominación completa constan otras palabras con género y número distinto o consta el artículo: Unión Deportiva Las Palmas> el Las Palmas; excepto, curiosamente, al Osasuna, que ni siquiera tiene aspecto redundante cuando recibe el artículo.
Aunque el más representativo, este no es el único caso en que el uso escrito y el oral difieren y en que el principio de respetar las etiquetas de otras lenguas no parece (o no puede) aplicarse con rigor, o, si se aplica, puede conducir a error de lectura. El Villarreal, mencionado en uno de los ejemplos anteriores porque acaba de ascender también a Primera División, es un equipo castellonense (del ámbito lingüístico del valenciano, pues) que suele aparecer escrito así (y a sí leído/dicho en castellano): Villarreal; sin embargo, cuando su entrenador se refiere a él, dice Vilarreal, que sin duda es la pronunciación común del nombre en su lugar de origen (es decir, «su nombre oral», aunque el escrito sea con -ll-). Y, sin duda, un lector más entendido en deportes que yo podrá contribuir con otros ejemplos a este apartado...
Cuando el nombre propio del equipo (sea español o extranjero) incorpora un topónimo, cosa que ocurre con cierta frecuencia –como decíamos–, hay también motivos para vacilaciones, pues se puede elegir traducir el topónimo y atribuírselo al nombre propio o considerarlo intraducible como parte de la etiqueta global «nombre propio de un equipo». Si al mencionarlo en los medios se abrevia el nombre, normalmente se pierde el topónimo, pero si el equipo es poco conocido o extranjero, conviene no abreviarlo para dar una buena información al lector. El Atlétic Terrassa es a veces el Atlétic de Tarrasa, aunque aquí, lógicamente, cada medio decide (con criterios que he intentado plasmar en el apartado anterior) si le parece o no admisible el nombre tradicional castellano del pueblo. El equipo local del estadio Sclessin (de Lieja), una de las tres sedes de la última Eurocopa de fútbol (jugada en junio), ha aparecido en los periódicos como Royal Standard de Liege (véase, por ej., el ABC de 12-6-2000, pág. 61). Entre los equipos europeos que competían estaba el alemán Bayern München (literalmente, «Baviera (de) Múnich»), que hemos podido encontrar escrito de todas estas maneras (algunas combinadas en el mismo periódico, en diferentes informaciones o páginas):
Bayern; Bayern München; Bayern Múnich; Bayern de Múnich; Bayern Munich; Bayern de Munich...
La mayoría de nuestros medios han optado por la versión española del topónimo (irreconocible para el común de los lectores tanto en la lectura alemana –que oímos aproximadamente /mínjen/– como en la españolizada del alemán, /múnchen/), pero esta no se ha librado de las dudas acentuales que afectan a las palabras que, por acabar en consonante inusual en español, son o parecen extranjeras. Este topónimo (español Múnich), que a muchos parece extranjero por acabar en -ch, goza entre nosotros de las más variadas pronunciaciones en la lengua oral: /múnik, múnich, múnij, mínik, mínij, miúnik, miúnij.../.
Curiosamente, cuando se habla de equipos norteamericanos de baloncesto no suele utilizarse el artículo el, sino, siguiendo al nombre original, el plural los. Así, el equipo de la NBA L. A. Lakers aparece en nuestros periódicos como los Lakers o los Lakers de Los Ángeles. Pero también aquí caben las vacilaciones en el uso. Un titular de El País (9-5-2000, pág. 64) rezaba:
O’Neal, clave de los Lakers ante Phoenix.
(donde «los Lakers» es los Lakers de Los Ángeles y «Phoenix» es los Suns de Phoenix). Incluso admitiendo que los Lakers es un equipo muy conocido y que casi todo el mundo sabe que es de Los Ángeles, ¿por qué un equipo es mencionado por su nombre y el otro por su filiación?, ¿por qué no utilizar para los dos el mismo criterio de mención, que además sería más claro para el lector (un equipo contra otro, una ciudad contra otra, un estado –California– contra otro –Arizona–; y no un equipo contra una ciudad o la capital de un estado)?
Aunque parece que ya podríamos deducir una regla de uso que, pese a las vacilaciones, parece vigente (artículo masculino singular para referirse a equipo deportivo, salvo plural calcado de algunos equipos norteamericanos), lo cierto es que los equipos italianos de fútbol, tantas veces mencionados en nuestros periódicos, dan también al traste con ella. En italiano, la palabra para «equipo» es squadra, femenino, y esta nos parecía una buena razón para justificar que nosotros mismos habláramos muchas veces de la Juventus y no del Juventus (como del Hércules o el Las Palmas, pongamos por caso). Podríamos considerarlo error o desviación del uso español, pero tan justificado, en ese caso, como el plural de los nombres de equipos norteamericanos...: calcado al oído del uso original. Pero la regla deducida para el italiano no es exacta ni nuestro «oído» ha tomado de ella todos los cambios que hacemos en español. Aunque squadra es término femenino, los italianos no aplican sistemáticamente el femenino a sus equipos como nosotros aplicamos el masculino a los nuestros: la Juventus, la Roma, la Lazio, la Fiorentina y l’Inter[nazionale Milano], por ejemplo, son femeninos; pero il Parma, il Torino, il Milan e il Bari, por ejemplo, son masculinos. Sin duda, el italiano y los italianos tienen sus razones para ello (con la excepción de la Roma y la Lazio, sus equipos son masculinos si llevan el nombre de la ciudad o la región, y femeninos el resto), pero como nosotros las desconocemos y nuestro oído contribuye como puede a nuestro uso del lenguaje, conservamos con frecuencia el femenino para tres de los equipos mencionados (Juventus, Roma, Fiorentina), que son los que terminan en -a o tienen traducción española al femenino, pero convertimos casi siempre en masculinos, como si de equipos nuestros se tratara, los otros dos: el Lazio, el Inter de Milán. Y tenemos otros problemas con el Milan, que a primera vista parece el topónimo español mal acentuado de la ciudad italiana[12]: a veces aparece (incorrectamente) como el Milán. El Milan di Milano (o «Milan de Milán») es uno de los dos equipos de fútbol importantes de esta ciudad; el otro es el Internazionale Milano (o «Milán Internacional», si tradujéramos estos nombres), más conocido como l’Inter (femenino, en Italia) o el Inter (masculino, en España). Milano es, pues, el topónimo italiano que aquí usamos adaptado como Milán; que sepamos, ninguno de sus equipos de fútbol es *el Milán, sino el Milan.