[1] Las terminaciones en vocal+y (-ay, -ey, -oy, -uy) no daban problemas, al considerarse –y así solía explicarse– que la -y contaba, a efectos de acentuación ortográfica, como si fuera una consonante (en este sentido, Túy era una auténtica excepción).
[2] El ABC ha pasado de castellanizar (traducir o transliterar) todos los nombres vascos y casi todos los catalanes (los gallegos solían llegar ya castellanizados) en la época en que Luis María Anson (Ansón) era su director, a no castellanizar más que los vascos y alguno catalán o gallego en la etapa de Francisco Giménez Alemán; actualmente, con un director muy vinculado al País Vasco, acepta de hecho escribir la tx y la k del vascuence, así como su ausencia de tilde (como en Ibarretxe, Txiki y Arzalluz, que, españolizados, serían «Ibarreche, Chiqui, Arzálluz»), pero no siempre la ge, gi, que a veces convierte en gue, gui (Egiguren> Eguiguren), ni la -h- en lehendakari, nombre del cargo que no castellaniza como «presidente», sino que adapta como lendakari; en general, tanto los nombres catalanes como los gallegos los reproduce en estas lenguas.
[3] Tal posibilidad (explícita en § 41 b de las normas de 1969) no aparece ya en las últimas editadas.
[4] Se trata probablemente en este caso de un fenómeno de hipercorrección. Hartos de corregir la tendencia (muy extendida) a escribir *huída y *jesuíta, se aplica a Cuíña la misma norma (que es castellana, pero no gallega).
[5] De hecho, al lector le puede resultar desconcertante la simple sucesión, en la misma unidad sintáctica, de nombres propios («etiquetas») que requieren modelos diferentes de descodificación lectora, sobre todo si el menos usual no presenta ningún rasgo formal que obligue a identificarlo «automáticamente» como perteneciente a otra lengua. Eso es lo que ocurre en el siguiente titular, en que la interpretación correcta del segundo nombre propio (apellido de un político catalán, agudo) no se realiza espontáneamente, dada su apariencia (silábica, ortográfica) de palabra castellana (la primera lectura es llana):
Acuerdo entre Piqué y Duran (El Mundo, 22-6-2000, pág. 16).
[6] Real Academia Española, Ortografía de la lengua española (citada), pág. 45:
A efectos ortográficos, existen tres clases de hiatos, según el tipo de vocales que están en contacto:
- Combinación de dos vocales iguales. Ejemplos: Saavedra, dehesa, chiita, Campoo, duunviro.
- Vocal abierta + vocal abierta distintas. Ejemplos: caen, ahogo, teatro, meollo, héroe, coartada.
[...]
- Vocal abierta átona + vocal cerrada tónica o viceversa. Ejemplos. Caímos, día, aúllan, púa, reís, líe, reúnen.
Respecto de los casos a (el que ahora nos interesa: chiita) y b establece a continuación: «Las palabras que contienen este tipo de hiatos siguen las reglas generales de la acentuación gráfica de palabras agudas, llanas y esdrújulas [...]».
[7] Agradezco a Arturo Escarda Piedra, futuro periodista y bilingüe ruso-español, la información de que en ruso se pronuncia como loe escribe El País (es decir, Vladímir y Borís); y que, en el caso del futbolista, Pédrag es seguramente su nombre propio oficial y Pedja, que sería la versión familiar de su nombre propio, se pronuncia /pédya/ y no /pédia/; el apellido se pronuncia esdrújulo /miyátovic/ (Mijátovic).
[8] Por descontado, el mismo problema, si prescindimos de la tilde, tenemos con nuestros Premios Goya del Cine, a pesar de que, al terminar en vocal su plural no presenta especial problema: ¿los Goya?, ¿los Goyas?, ¿los goya?, ¿los goyas?
[9] Si por lo que dice y deja de decir la Academia, puede no parecer disparatada esta deducción (defender que usemos el castellano en los topónimos), tampoco debería parecérnoslo esta otra: la Academia otorga al valenciano la misma categoría de lengua (y no de dialecto) que otorga a las otras cuatro (castellano, catalán, gallego, eusquera). Y si es así (o al menos así puede deducirse de su apéndice 3, donde localiza Elx, por ej., como perteneciente al valenciano; en castellano, Elche), seguro que muchos se preguntarán por qué la Academia no guarda la misma cortesía con el bable, el andaluz o el castúo, por ejemplo... En fin, que, como decíamos, este es terreno en que cualquier decisión –la que quiera que sea– puede dar lugar a susceptibilidades (de muchos tipos)...
[10] Agradezco al profesor Roberto Veciana, gran aficionado al fútbol y experto en cuestiones de acentuación, las acertadas precisiones y correcciones hechas a este apartado, que me permite ahora su actualización (diciembre del 2000).
[11] En la página que el club tiene activada en Internet, se presenta (en castellano) como «el Club Atlético Osasuna», pero cuando se menciona abreviadamente en el texto, elimina también el artículo («Para su funcionamiento, Osasuna emplea a 6 personas»).
[12] Y con razón, pues los fundadores del club, de origen inglés, inscribieron su nombre con el topónimo inglés de la ciudad: Milan (pronunciado en inglés como en español, /milán/, pero sin la tilde, que no se usa en aquel idioma); así escrito, sin embargo, los italianos leyeron /milan/ y Milan (que no Milano -topónimo italiano- ni /milán/ -inglés y español) quedó como nombre propio del club.