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Luis Cernuda se acerca a Cervantes entre la Realidad y el Deseo - Cernuda y El Quijote

Monografía creado por
01 de Octubre de 2006
Historia de la literaturaPoesía

Mención aparte merece el tratar de señalar cómo ve el poeta la mayor creación cervantina. Es evidente que, a pesar de su afirmación de que la obra cervantina es una y se explica desde su totalidad, la figura de Don Quijote, por su entidad, por su ejemplaridad y por su trascendencia temporal y literaria, merece atención aparte y el propio Cernuda se la concede, ya que es a la única criatura cervantina a la que se refiere de forma específica. Veremos cuál es la valoración que de Don Quijote hará el poeta sevillano.

Para empezar, como es casi una costumbre en él, pretende desmarcarse de las lecturas anteriores que se hacen del Quijote, especialmente de las lecturas que hicieron sus inmediatos antecesores en el tiempo, esto es, la llamada Generación del 98, que elevan al personaje cervantino a la categoría de símbolo.

Tras un envenenado comentario sobre el hecho de que la generación anterior es "más rica en comentario estético que en creación artística" se queja de que tras su visión de la literatura española, aparezca siempre un punto de vista que califica de "sentimental y caprichoso, proyectando sobre aquélla (la literatura) su propia imagen." Del mismo modo le molesta la utilización del Quijote como símbolo para explicar la decadencia española, ya que según dice Cernuda:

"Hablar de decadencia nacional para explicar a Don Quijote, como hacen los de 1898, es confundir la vida con el arte (quizá Cernuda ofrece, no sé si con conciencia absoluta, uno de los reproches más acertados a la generación precedente a la suya). El fondo histórico sobre el cual éste se mueve puede condicionarle, pero nunca explicarle."22

Claro, si lo explicara, viene a decir Cernuda, el novelista se convertiría en historiador y a Cervantes, si algo no se le puede negar es justamente el concepto de novelista, la capacidad de trabajar con la realidad para trascenderla.

Cernuda no obstante, observador agudo, distingue entre las voces y los ecos y continúa:

"Pero esto, ya no es tanto actitud de las gentes de 1898 como de quiénes sin su inteligencia ni su cultura nos aturdieron los oídos con que les dolía España; y para curarse ese dolor, como antes se andaban a cristazo limpio con los herejes, ellos han andado (permitáseme lo absurdo de la expresión ) a españetazo limpio con quienes gozábamos de perfecta salud española y no nos dolía nuestra tierra en parte alguna, o si nos dolía, guardábamos ese dolor para nosotros mismos".23

Prosigue ironizando sobre la idea de Unamuno de salir en busca del sepulcro de D. Quijote, para llegar a una afirmación rotunda que nos acerca a la realidad de la verdadera relación del poeta con la obra:

"y si a Unamuno le molesta Cervantes, y pretende dejarlo a un lado, no pueden movernos las mismas razones a quienes sólo afecto, admiración y respecto sentimos hacia él. No tengo sino alargar mi brazo y alcanzar su libro para toparme con Don Quijote, hablándome y acompañándome como nadie de este mundo me habló ni me acompañó jamás. Lo abro, y la voz misma que respondía a la mía balbuciente por primera vez sobre unas páginas, la misma que respondió a mis sueños de juventud, vuelve a hablarme ahora. Pero ahora con un tono más grave y hondo, sin perder por eso su divina sonrisa."24

En este último aspecto queremos incidir, porque, una vez visto que es crítico ante la actitud de sus antecesores en la valoración del Quijote, debemos acercarnos a la propia valoración que de la obra hace el poeta, de la obra y del loco que la habita.

El primer aspecto que reivindicará Cernuda es la risa, y es muy a tener en cuenta en un autor con fama de hosco como el sevillano. Ya hemos visto cómo al valorar a Cervantes habla de la ironía y de la gracia como dos ingredientes básicos del buen cocinero literario y de ahí que, al margen de otros aspectos que no niega, reivindique la voluntad humorística de Cervantes al presentar al héroe: Escenas como la de la venta, dice Cernuda, sólo pueden incitar a la risa y eso es lo que pretende provocar su autor. Por lo tanto, asegura, no estaban equivocados los contemporáneos del Quijote al reírse de él. Lo que es novedoso, sin embargo, es que esa risa no nos lleve a considerar ridículo al héroe, sino a enamorarnos de él.

"Rara vez la calidad moral de un ser, real o ficticio es tan alta, que salga no sólo intacta sino engrandecida del lance que despierta nuestra risa. A través de las flaquezas que reímos en D. Quijote comenzamos a vislumbrar en el maduro hidalgo un alma juvenil, donde arde puro y vivo el fuego del entusiasmo apasionado."25

Y es aquí cuando el lector se enamora del personaje, e insistimos en el término del enamoramiento, porque siguiendo a Cernuda, este sentimiento que provoca constituye la característica principal del verdadero héroe novelesco:

"pobres héroes novelescos son los que no consiguen enamorarnos, porque ellos necesitan, como las criaturas vivas, atravesar una dura superficie de indiferencia y soledad para herirnos en lo más hondo de nuestro ser, prendiendo allá la chispa divina del amor, que nos une al fin con las criaturas, y a través de ellas con la creación toda".26

La relación, pues, de Cernuda respecto a Don Quijote es -aunque no lo afirme, lo explica con meridiana claridad- la del lector enamorado del personaje, y desde ahí irá desgranando los rasgos que le son amables.

En primer lugar, coincidiendo con el resto de la crítica, aceptará la evidencia de que Don Quijote como personaje se engrandece a lo largo de la novela, y lo que comienza siendo un antihéroe irrisorio, a pesar de seguir provocando la sonrisa, ya no es un antihéroe, sino un héroe al que le han cambiado su realidad. Porque para Cernuda, la llamada locura del héroe no es tanto una fatalidad de la mente como del espíritu. Cernuda basará esa locura en lo que llama un acuerdo tácito del héroe: "la decisión de no confrontar la realidad que él desea con la realidad ajena a su voluntad" y lo explica con un magnífico ejemplo: tras reconstruir la celada que se le había roto, crea una con nuevos materiales y "sin querer hacer nueva experiencia della, la disputó y tuvo por celada finísima de encaje". Es evidente que para utilizar términos especialmente gratos a Cernuda, ante la realidad y el deseo, el magno loco opta por no comprobar el grado de coincidencia que se da entre ambas. Prosigue Cernuda afirmando:

"Don Quijote es, pues, un loco en tanto que desdeña la experiencia práctica, porque, animado como está de grandes deseos ambiciosos, cree que de ningún tanteo práctico ha salido jamás obra grande y beneficiosa para la humanidad."

E insiste en que D. Quijote:

"Es un héroe, ya que sólo los héroes se lanzan a esa dura tarea de forjar para goce y provecho, una realidad que satisfaga los puros y altos deseos de justicia, verdad y amor."27

Ante ello, parece deducir Cernuda, poco importa que esos deseos tengan o no mucho que ver con la realidad y, desde luego, lo mejor es no confrontarlas.

Esta idea de la locura como grandeza, como huída de una realidad mezquina, más que como enfermedad de la mente, la considera más de una vez Cernuda y no sólo con referencia a D. Quijote, aunque siempre partiendo de él como personaje ejemplar. En el artículo ya citado sobre su admirado Galdós nos presta algunas de las ideas recurrentes sobre el tema:28

"Ahí es cuando aparecen entonces en su obra esa serie numerosa de reformadores, visionarios y locos que por ella desfilan como Ramón Villaamil, Guillermina Moreno, Ido del Sagrario, Máximo Rubín, Benigna, Nazarín, Alma, Angel Guerra y otros tantos de estirpe quijotesca.(...)"

Y sigue:

"Los propósitos generosos de aquéllos a quienes sus contemporáneos toman por dementes, traducidos al lenguaje ordinario y puestos en acción, pueden ser, a la larga, los que hagan marchar el mundo".

Locura, pues, como forma de reforma, sobre todo esa locura activa, que pretende vengar agravios y salvar indefensos, locura que engrandece a quién la padece frente a la locura ordinaria de quien se siente razonable.

Sin embargo, Cernuda no es un ingenuo y también ve otros aspectos de la locura, aunque no coincidan con la de estos locos insignes:

"claro que por la locura pura y simple, sin pruritos reformadores, busca también expresión para algunos rasgos del carácter español que nunca fue muy razonable que digamos"...pero es que "si ser loco no es razonable, ser demasiado razonable es el otro extremo que linda con la locura..."

Meridianamente claro a pesar de la aparente complejidad retórica: la locura es necesaria para las grandes empresas que nunca serían abordadas por un ser razonable capaz de medir hasta las últimas consecuencias los efectos de cada paso.

Para completar el análisis, cabría ver la valoración que Cernuda hace de las tan comentadas relaciones entre hidalgo y escudero: contrariamente a lo que ha venido comentándose hasta el momento en que habla Cernuda, que por otra parte se adelanta a opiniones posteriores en su valoración, no ve en la dualidad de los personajes la tan traída y llevada diferencia entre realidad e idealidad:

"ambos son de la misma sustancia espiritual, ambos son seres que , en grado diverso, creen en sus ideas más que en la realidad y quieren dar a ésta, forma en consonancia con el arquetipo que de ella existe en su propia fantasía".

Qué hombre realista podría creer a pies juntillas, como hace Sancho, que semejante hidalgo sea capaz de conseguir una ínsula y además dejar a un elemento como él de gobernador? De verdad se puede llamar a quién eso piensa con convencimiento un hombre realista? Cernuda cree que no y explica en qué se basa la diferente idealidad de uno y otro:

"lo que les separa es su diferente fuerza espiritual, tan rica en D. Quijote y tan pobre en Sancho (...) y muchas veces cuando su señor vacila desengañado de su heroico sueño, viene el escudero a consolarle, animándole a persistir en sus andanzas."

Y prosigue para acabar de dibujar la figura del escudero:

"Sancho quiere ser también uno de los buenos, no activamente, imponiéndose como tal a los demás, sino pasivamente, juntándose con aquéllos que lo son, ya que, como él dice: "Arrímate a los buenos y serás uno de ellos

.29 </FONT></P>
<P><FONT size=2>Cernuda concluye insistiendo en lo que ha sido su línea argumental, en lo que cree que da carácter de personaje novelesco a los dos protagonistas del libro: </FONT></P>
<P><FONT size=2>"Como a los hombres en la vida, ni a Sancho ni a Don Quijote podemos incluirlos bajo una denominación exclusiva."</FONT></P>
<P><FONT size=2>Exactamente como los hombres: no cabe mayor elogio para un personaje novelesco.</FONT></P>""
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Autor y licencia de 'Luis Cernuda se acerca a Cervantes entre la Realidad y el Deseo - Cernuda y El Quijote'
Gloria López Forcén Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/cernuda.html CopyLeft
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