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Medicinas alternativas. Todo lo que usted debe saber, pero no se atreve a preguntar - Introducción

(2 opiniones)
Monografía creado por Javier Garrido. Extraido de: http://sindominio.net/biblioweb/s/view.php?CATEGORY2=3&ID=89
20 de Diciembre de 2005
Medicina alternativa

2 - Introducción

Está de más decir que la ciencia médica no podía quedarse atrás en este gran salto quántico a la Era de Acuario. Ya disponemos de una amplísima gama de «medicinas» (las hay para todos los gustos) que rinden culto a lo esotérico y lo irracional, rechazando con imparcial aversión cualquier conocimiento que provenga de disciplinas tan abstrusas e inexactas como la química, la inmunología, la bioquímica, la fisiología o la física y, en general, de cualquiera que siga los pasos del obsoleto método científico. Por supuesto, esto no excluye que en más de una ocasión se apropien y usen con donoso desenfado términos procedentes de esas ramas del conocimiento. Supongo que no hace falta aclararlo más: son las Medicinas Alternativas.

Las medicinas alternativas pretenden ser opciones frente a la mal llamada medicina «oficial» (en realidad, la medicina científica). Solo que esto no es tan simple como parece. Ya no estamos en el siglo XIII (o en el XVI, o en el XVIII) en que la medicina marchaba prácticamente sola y casi al margen del resto del conocimiento científico, mezclando observaciones interesantes con teorías infundadas y supersticiones grotescas; hoy la medicina científica se asienta firmemente en ciencias tan bien establecidas como la bioquímica, la fisiología y la física. ¿Presentan las medicinas alternativas opciones también frente a estas ciencias? ¿O es que hay que rechazarlas a todas en bloque? Pues pareciera que sí. Para enredar aún más la cuestión, numerosos practicantes de las medicinas «alternativas» (los más astutos y menos belicosos) han optado por redefinirlas pudorosamente como medicinas «complementarias», lo que suena bastante inofensivo. Solo que para pasar de ser una opción frente a algo a un mero complemento de algo hay que dar un gran salto semántico (mayor incluso que el salto quántico de la Nueva Era). Y por si esto fuera poco, a los «alternativos» aún les queda otra denominación debajo de su ancha manga: terapias (o medicinas) no convencionales. De más está decir que lo convencional es la medicina científica, siempre tan apegada a las formas tradicionales.

El problema es que esta conversión táctica de alternativa a complementaria no pasa de ser un mero malabarismo verbal, ya que no toca para nada los etéreos y quebradizos «basamentos» teóricos de estas supuestas terapias. Y se hace con una finalidad muy precisa: hacer más presentables sus absurdas proposiciones de cara a un segmento del público (que incluye a una buena parte de los profesionales de la medicina) con la suficiente formación científica como para rechazar un cúmulo de ideas irracionales e indemostradas como alternativa a la verdadera medicina, pero al mismo tiempo lo bastante ingenuo como para no alarmarse si se lo presentan con la inocente etiqueta de terapia complementaria. Después de todo, solo se trata de complementar el tratamiento médico convencional. ¿No? ¿Y qué daño pueden hacer? Si lo que quieren es ayudar...  Lástima que las afirmaciones sin base que constituyen todo el fundamento de las Medicinas Alternativas no puedan adquirir consistencia de un modo tan limpio. Aquí lo que han aplicado es el sabio consejo de Lenin: dar un paso atrás para conservar uno de los dos dados hacia delante.

Pero dejemos que los alternativistas se llamen como mejor les plazca. Por nuestra parte, tenemos un término mejor y más ilustrativo: las mal llamadas Medicinas Alternativas no son otra cosa que Pseudomedicinas.

Las pseudomedicinas conforman un conglomerado tan pintoresco como heterogéneo. En este pueden encontrarse algunas técnicas «terapéuticas» muy antiguas y aparentemente respetables (entre las que destacan la acupuntura y la inevitable homeopatía), acompañadas por una auténtica legión de recién llegados de paternidad más que dudosa. También se han asimilado últimamente a sus filas las versiones desnaturalizadas de ciertas doctrinas que pueden tener alguna validez dentro de su propio contexto (muy limitado siempre), pero que fuera de él carecen de sentido: por ejemplo, las llamadas medicinas étnicas (medicina Ayurvédica, shamanismo, etcétera). En muchas ocasiones resulta difícil precisar donde termina una pseudomedicina y comienza otra, pues estás tienden a interpenetrarse, muy a pesar de que por lo general cada una de ellas disponga de unas «bases» teóricas dogmáticas a más no poder; no es infrecuente que un homeópata amenice sus prácticas mediante el uso de la acupuntura, del poder de las pirámides o de la cristaloterapia, «especialidades» todas mutuamente excluyentes. Por otra parte, los límites con el curanderismo desnudo y silvestre y con las prácticas mágico-religiosas son asimismo difusos, y algún observador cínico podría incluso opinar que tal frontera es inexistente y que todas estas prácticas no son sino variantes de un mismo tema. Aunque sí existe al menos una diferencia: los curanderos no intentan justificarse con presuntos argumentos «científicos», ni se venden como ciencia, ni hablan de mecánica cuántica. Lo que en todo caso lo que hace es hablar en favor de los curanderos.

¿Cuántas medicinas «alternativas» existen? Sospecho que nadie lo puede decir con absoluta certeza, y por buenas razones. La primera ya fue mencionada: muchas veces las prácticas de varias de ellas se amalgaman, y no son raros los casos en que de estas mezcolanzas surgen «terapias» flamantes, como por ejemplo la homeosiniatría, que es la combinación de la homeopatía con la acupuntura. Estos híbridos bastardos a veces adquieren entidad propia, pero en otras ocasiones su vida es bastante corta y terminan reabsorbidos por sus pseudomedicinas originarias. Otra dificultad está en que muchas pseudomedicinas parecieran surgir como por generación espontánea: aparecen de la nada, y si hoy son diez, mañana son treinta o cincuenta (y también desaparecen igual, lo que dificulta su censo). Además, está el problema de las resurrecciones reiteradas, como las de esos zombisque aparecen en las malas películas de terror. Se puede incluso establecer una regla: nunca una pseudoterapia debe darse definitivamente por muerta, ya que puede ocurrir que mañana o pasado alguien vuelva a sacarla a flote. Y aquí va una muestra: las flores de Bach datan de los años treinta, quedaron olvidadas por varias décadas, y hoy, inesperadamente, han vuelto a florecer (de paso, el Dr. Edward Bach fue inicialmente homeópata). Finalmente, está la ardua cuestión de las nomenclaturas, y aquí sucede igual que con los medicamentos homeopáticos: si bien todos son agua pura, un frasco lleva un rotulo que dice Eupatorium perfoliatum y otro Hepar sulphuricus. ¿Las flores de California son lo mismo que las flores de Bach? ¿O debemos clasificarlas aparte? ¿Es lo mismo la Medicina Integral Cuántica que la Medicina Holística Cuántica? ¿Y si no son lo mismo, en que se diferencian?

A pesar de todo este barullo, quizás sea posible establecer algunos puntos comunes que quizás nos ayuden a conocer mejor qué son las medicinas alternativas.
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Javier Garrido Extraído de: http://sindominio.net/biblioweb/s/view.php?CATEGORY2=3&ID=89

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