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El tema de la medición es necesario en cuanto permite identificar el estado actual de los recursos y las habilidades y posibilita proyectar su potencial y correcto desarrollo. La identificación de tales habilidades y recursos es cada vez más imperiosa y su detección requiere de instrumentos confiables y válidos que permitan interpretar y anticipar el futuro comportamiento de la persona. Pero no sólo el instrumento de por sí hace que la medición sea predictiva, las habilidades de observar y medir son básicas para interpretar, ajustar y diseñar un proceso único e individual. En la actualidad, el mercado está saturado de técnicas e instrumentos que vaticinan la medición sin mayor esfuerzo interpretativo y que ha caído en manos de personas que no posean la preparación suficiente para hacerlo: de hecho tal medición se reduce a un cuestionario que agrupados los resultados en una población global, ofrece parámetros generales que bien pueden ser aplicados a unos y otros sin mayor aporte a la individualidad. Todo ello ha desvirtuado el valioso aporte de un proceso de medición que respete y rescate las diferencias de cada persona y además construya a partir de ellas. Complementario al proceso de medición está la retroalimentación que involucra directamente al evaluado, lo hace partícipe y actuante activo de su propio desarrollo, le agrega objetividad y le resta temor al proceso, y en general, lo enriquece. Con todo ello, la medición se convierte en el primer paso para el desarrollo, pero es insuficiente en la medida en que se puede quedar en un autoconocimiento que amplía el espectro de la persona pero no mejora, ni cambia ni permite por sí sola crecer. Por esta razón el trabajo de formación, capacitación, entrenamiento y seguimiento individual que se apoya en la autoreflexión, fortalecen el proceso y lo complementan.
La medición de recursos y competencias en el entorno laboral aporta al crecimiento individual y organizacional, en la medida en que descubre talentos, objetiviza la información respecto fortalezas y debilidades y crea un ambiente propicio para la retroalimentación y la implantación de procesos de desarrollo. Aquellas organizaciones que descubren su importancia estimulan la autopercepción individual y empresarial necesaria para reforzar el ser competentes más que competitivos. Encuentran elementos claves para el mejoramiento interno independientemente de si otras organizaciones competidoras lo hacen y focalizan sus esfuerzos en aprovechar al máximo el talento y las habilidades de las personas que son quienes direccionan los procesos, los modifican, los cambian, los transforman y los convierten los esfuerzos en resultados. Detectar los talentos, recursos y habilidades es pues tarea de aquellos que están conscientes del mejoramiento continuo y saben que es en el interior de la organización en donde van a encontrar los obstáculos u oportunidades para crecer. Pero es el que requiere mayor esfuerzo y dedicación, mayor paciencia pero el que da resultados a más largo plazo, de mayor permanencia y continuidad.
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