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Hacen referencia al capital dinámico y energético que posen las personas, así como a los talentos que impulsan a actuar y a llevar a la práctica las ideas que cada persona plantea a nivel teórico para convertirlas en acciones específicas. En tanto la inteligencia responde al pensar, los recursos emocionales corresponden al actuar.
Como en el caso de los recursos intelectuales, su uso frecuente y la exhibición en términos de conductas observables, se convierten en competencias, entendidas como la capacidad para: trabajar en situaciones de alta tensión emocional, para tomar decisiones desprovistas de información, manejar adecuadamente crisis personales u organizacionales y capacidad para asumir altos niveles de responsabilidad. Las tensiones a las que las personas están sometidas constantemente, son pruebas permanentes de la existencia y uso de los recursos energéticos. La habilidad para tomar decisiones difíciles, donde no existen soluciones integradoras, la clara orientación hacia la consecución de resultados que pongan a prueba las habilidades propias, son otros aspectos particularmente relevantes dentro de los recursos emocionales. El concepto de inteligencia emocional cobra importancia porque hace referencia a la necesidad de armonizar emociones y sentimientos consigo mismo.
En los últimos tiempos el concepto de inteligencia emocional cobra importancia, porque hace referencia a la necesidad de armonizar emociones y sentimientos consigo mismo, a fin de actuar acorde con las circunstancias. Numerosos estudios muestran como es importante la inteligencia emocional para llevar a la práctica los pensamientos e ideas y cómo es necesario conocer sus componentes para manejarlos de manera productiva. Los recursos emocionales hacen parte también al igual que los recursos intelectuales, de la dotación recibida y pueden ser moldeados y desarrollados a través del estímulo y las vivencias personales.
Como componentes de la inteligencia emocional se encuentran: los sentimientos, el control emocional, la motivación de logro, la responsabilidad (la capacidad de cada persona para responder por), el compromiso, el empuje y dinamismo que exhibe la persona al emprender una tarea o al resolver un problema. Un manejo productivo y adecuado de éstos recursos energéticos se convierten en competencias tales como el manejo de la presión o el estrés derivado del contacto con otros, del incremento en el volumen de trabajo o del vencimiento de plazos, la toma de decisiones bajo condiciones de poca información, y el explorar y evaluar el proceso que antecede a la decisión y al resultado. Los recursos emocionales son susceptibles de medir en tanto existen instrumentos tales como cuestionarios de motivación, empatía, manejo del estrés, inventarios de valores, manejo del conflicto, test proyectivos que miden la estabilidad emocional y orientación a resultados. Y a su vez los recursos pueden ser desarrollados mediante procesos grupales de autoconocimiento, sensibilización personal o procesos de apoyo, seguimiento individual o tutorías que amplían el espectro del conocimiento que tiene la persona de sí misma y le dan el soporte y herramientas para resolver los problemas emocionales que se derivan de sus vivencias.
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