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Hemos estudiado en este ensayo la repercusión que tiene para don Quijote la aplicación de su particular sistema de significación. Veíamos en la introducción cómo para los estructuralistas, la clave no está en la diferencia inherente entre significante y significado, sino en el hecho de que el significante ha de pertenecer a un sistema dentro del cual se opone y relaciona al resto de los miembros. Del mismo modo, don Quijote comparte un sistema de signos y quizá también de significados con el resto de los personajes que pueblan las páginas de la novela. Pero, sin duda alguna, su manera de interpretar la relación entre referente y realidad no forma parte del mismo sistema de significación que les permite a los demás tener en el lenguaje, no sólo un elemento de creación de significado, sino también un sistema de comunicación.
Dijimos, al hablar de las expresiones ejecutivas de Austin, que la validez de éstas viene dada por su cumplimiento, el cual depende de una serie de convenciones compartidas por el emisor y el receptor. En este sentido, la literatura tiene mucho de expresión ejecutiva. Las obras literarias no pueden medirse de una manera empírica en cuanto a su relación con la realidad exterior, no constituyen por tanto expresiones constativas. Los signos literarios están limitados por una serie de convenciones (género, tono, estilo, etc.) que han de ser compartidas por el autor y el lector. Si la expresión ejecutiva se mide, como dice Austin, por la acción que produce, ¿cómo debe reaccionar el lector ante el Quijote?
Recordemos las condiciones que Austin establecía a las expresiones ejecutivas. ¿Cuáles son las convenciones en las que se sitúa la novela? Es decir ¿cuál es su género/s?; ¿Es el ejecutor de la expresión (Cide Hamete) la persona adecuada?; ¿Es la expresión completa, o se nos oculta algo? No hay que olvidar que en el manuscrito original había más información de la que se nos da (I,147). ¿Cuál es, por último, la reacción que debe producirnos la novela?
Todas estas preguntas y muchas más son quizá la causa por la que el Quijote ha dado innumerables páginas a la crítica literaria durante siglos. Quizá no tengan una única respuesta válida, quizá cada uno podamos leer la novela de una manera diferente y quizá esto nos recuerde esa libertad que el lenguaje nos permite para encontrar nuestra propia clave a la relación entre un signo, en este caso literario, y una realidad.
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