2 - Metafora

Monografía creado por Fernando Rubio. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/metaquij.html
18 de Agosto de 2006

Muy pronto en la novela, en su discurso sobre la Edad de Oro, D. Quijote identifica los problemas de su mundo como esencialmente lingüísticos. Detrás de la pérdida de la verdad y la inocencia está el problema del lenguaje:

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados ... porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. ... Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia.. ... Entonces se decoraban los conceptos amorosos del alma simple y sencillamente del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza.
(I, 157-158)

La clave de la corrupción del mundo moderno estriba, según D. Quijote, en ese distanciamiento que ha introducido el lenguaje entre las palabras y las cosas. La introducción de distinciones como tuyo y mío; la incapacidad para expresar sencillamente el amor tal y como es, todo esto trae consigo una disolución de los límites entre la verdad y el engaño y contribuye, en suma a la pérdida de la inocencia de la Edad de Oro.

Si con éste comparamos su otro gran discurso, el de las armas y las letras (I, 448), en el que reconoce como su misión la de conservar o restaurar la paz, la unidad, el orden, parece claro que al menos una de las misiones de nuestro caballero desfacedor de tuertos será la de deshacer ese abismo entre la expresión y su significado y devolver el mundo a su prístina inocencia.

Desgraciadamente para él, en su intento D. Quijote se ve atrapado por lo que Frederic Jameson denomina “la cárcel del lenguaje”. Para D. Quijote, el verdadero poeta es aquél que únicamente imita la naturaleza, aquél cuya pluma simplemente transcribe la verdad que subyace en la naturaleza.

... el poeta nace: ... del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y con aquella inclinación que le dio el cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas, ... También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiere serlo; la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perfecciónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfectísimo poeta.
(II, 143)

Pero D. Quijote sabe también muy bien que para ser capaz de imitar, uno debe ser consciente de los parecidos o similitudes, lo cual forma la base de la metáfora. Tan pronto como esta capacidad para metaforizar aparece, desaparece la referencia directa a la realidad, con lo cual, la búsqueda se hace inútil, la realidad se esfuma una vez más. El proceso se ve claramente en el propio discurso de la Edad de Oro. Don Quijote intenta recrear la Edad de Oro imitando su lenguaje, pero las palabras que usa no son más que, a su vez, una imitación del lenguaje que él ha leído en los libros de caballerías. La única forma que tiene de recuperar un lenguaje “no adulterado” es adulterando su discurso, lo cual destruye su propia tentativa. Como decíamos más arriba, nuestro protagonista se ve atrapado en su propia cárcel del lenguaje.

En su afán por solucionar ese problema que crea la separación entre la realidad y el lenguaje, D. Quijote se ve inclinado a eliminar no sólo la diferencia entre significante y significado, sino incluso a asimilar las diferencias entre distintos significantes englobándolas bajo un mismo significado, como veremos más adelante en el caso de los molinos/gigantes, y actuando en consecuencia. Esta es la clave del peculiar y enorme ingenio de D. Quijote para la metáfora. El Caballero de la Triste Figura crea a su alrededor un mundo basado en la asimilación de diferencias que trae como consecuencia la indeterminación absoluta del mundo real.

La distancia insalvable entre palabra y realidad es para D. Quijote una fuente constante de ambigüedad, engaño y equívoco. Para él siempre hay peligro de que esta tensión entre los dos polos dé como resultado un significado inesperado para una palabra.

El presente análisis de la metáfora quijotesca parte de las teorías sobre la metáfora que Aristóteles presenta en su De poetica. La mayoría de los estudiosos de Cervantes coinciden en afirmar la influencia que en el autor del Quijote tuvo la obra de Aristóteles, aunque algunos afirman que la intención de Cervantes al escribir esta novela era transformar los preceptos aristotélicos. En nuestro caso, examinaremos cómo en el Quijote el protagonista da un giro diferente al concepto aristotélico de la metáfora.

Analizaremos aquí la más famosa de las metáforas quijotescas: la de los molinos. La clave en el episodio de los molinos es la palabra “parecer” que además, significativamente, vuelve a ser clave en el episodio del yelmo de Mambrino. Para Sancho hay parecido entre los molinos y unos gigantes. Don Quijote, en cambio, no ve molinos sino gigantes, cosa que el escudero no puede hacer porque no está “cursado en esto de las aventuras”

D. Quijote no dice que los molinos sean gigantes, esto sería asimilar dos significantes diferentes. Al contrario, lo que hace es asimilar las diferencias entre los dos significados hasta hacerlos confluir en un mismo significante, de manera que lo que en realidad dice es que aquello que se ve en la distancia son “desaforados gigantes” de “brazos largos”. Este es el peligro de esa inherente difference/differance (usando la terminología de Derrida) cuando D. Quijote se enfrenta a ella. Puesto que nuestro caballero es capaz de asimilar casi cualquier diferencia, la consecuencia puede ser el resultado más inesperado para cualquier palabra.

En este caso se trata de una metáfora tal y como la define Aristóteles; es decir, la similaridad en las cualidades (tamaño y longitud de los brazos) entre cosas diferentes (gigantes y molinos) permite la sustitución de los términos. Es lo que Aristóteles llama en su De Poetica una metáfora por analogía [2].

Metáfora por analogía significa lo siguiente: cuando B es a A como D es a C, en lugar de B el poeta dirá D, y en lugar de D dirá B. Y a veces se añade aquello con lo que se relaciona el término suplantado por la metáfora. Por ejemplo, una copa es a Dionisio como un escudo es a Ares; así que el poeta llamará a la copa “el escudo de Dionisio” y al escudo “la copa de Ares.”

La explicación, un tanto oscura, de Aristóteles se ve más clara si asignamos letras a cada elemento, así A = brazos largos; B = gigantes; C = aspas; D = molinos. Los brazos largos son un atributo tan esencial de los gigantes (“que suelen tenerlos algunos de casi dos leguas”) como las aspas lo son de los molinos. Por lo tanto, la similitud de sus atributos esenciales permite la sustitución de los sujetos.

Lo que es particular en don Quijote no es esta sustitución de los términos basándose en similitudes. Esto mismo lo hacen otros personajes de la novela también. Así en el capítulo XXII de la primera parte, le explican a don Quijote que uno de los galeotes va a galeras por “canario”. El proceso de sustitución en este caso es el mismo que hizo antes don Quijote con los molinos: cantar es un atributo tan esencial de un canario como confesar lo es de un ladrón; de ahí que si A = ladrón es a B = confesar como C = canario es a D = cantar, entonces A = C.

Paradójicamente, el de la Triste Figura es ahora incapaz de reconocer la similitud que todos los demás aprecian, hasta el punto de que necesita una explicación:

-No lo entiendo- dijo don Quijote.

Mas una de las guardas le dijo:

-Señor caballero, cantar en el ansia se dice entre esta gente non santa confesar en el tormento.
(I, 261)

Lo diferente en don Quijote, pues, no es que su lenguaje permita una distancia entre significante y significado. La tensión entre estos dos polos se resuelve de una forma convencional cuando es otro personaje el que usa una metáfora; se interpreta de una forma aceptada por todos los demás personajes de la novela. Pero esa misma tensión se resuelve de una manera particular y diferente para don Quijote. Esta individualidad le impide a menudo la comunicación: ni entiende ni lo entienden. Lo que Cervantes hace con esto es recordarnos el efecto de esa libertad esencial que el hombre tiene para resolver la tensión entre significante y significado, a la vez que nos muestra la contradicción entre ese libre albedrío y las limitaciones a las que estamos obligados a someterlo si no queremos arriesgarnos a que el lenguaje pierda su misión primaria: la comunicación.

En los Galeotes, el resto de los personajes suspende su conocimiento de la realidad temporalmente, o quizá su conocimiento de la separación entre los significantes (galeote/canario) y el significado. Eliminan la distancia entre los significantes para hacerlos referirse a un mismo significado, pero conscientes aún de esa distancia. Don Quijote no sólo suspende esa relación de forma temporal, sino que al eliminar la diferencia gigante/molino, actúa en consecuencia. Es decir, los ataca porque el significante, ahora, equivale a un enemigo amenazador. Si los guardas hubieran tenido a los galeotes en jaulas con alpiste, él no habría tenido ninguna dificultad para comprender.

2 opiniones

idiota

1 mierda
El quijote.

Que esta muy chido.

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