Miau: El lenguaje coloquial (humano) en Galdós - Uso literario del lenguaje coloquial en Miau (I)

3 - Uso literario del lenguaje coloquial en Miau (I)

Monografía creado por Ana Mª Vigara Tauste. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero5/miau_vig.htm
21 de Agosto de 2006

Como ya hemos explicado, dadas las limitaciones del texto escrito-literario, el autor no intenta reproducir con exactitud el lenguaje oral-coloquial, sino que ha de conformarse con imitarlo con verosimilitud prescindiendo de muchos de sus fenómenos más característicos: justamente esos que están más directamente vinculados a la oralidad y sería inadecuado trasladar al texto. Lo que hace, entonces, el autor es plasmar del lenguaje coloquial (de entre aquellos que pueden ser incorporados sin dificultad al texto literario) unos pocos mecanismos que aparecen sistemáticamente en él, lo suficientemente representativos como para permitir la identificación inmediata, por parte del lector, del registro imitado pasándole inadvertida la técnica selectiva empleada. En Miau, Galdós se vale particularmente de uno, seguramente —como se ha dicho— el más representativo (y colorista) del lenguaje conversacional espontáneo: la expresividad en sus más diversas manifestaciones.

Expresividad

Podemos definir la expresividad como la huella que queda en la comunicación lingüística de la afectividad del hablante, por la cual éste se convierte a su vez, para su interlocutor, en "referente" de la comunicación. Como, en sentido estricto, todo acto de habla comporta siempre una cierta (o incierta) actitud del emisor, podemos afirmar que la afectividad actúa como un auténtico principio de organización discursiva en el coloquio; tal vez —como se ha dicho— el principal. Su resultado, lo que llamamos expresividad, puede apreciarse, sobre todo, en tres aspectos:

a) en la modalidad oracional,

b) en la construcción sintáctica del mensaje y

c) en el énfasis semántico.

De los tres, el primero, que experimenta una notable ampliación en el coloquio, depende muy directamente de los fenómenos prosódicos de la oralidad y no alcanza buen reflejo en el texto escrito. Galdós utiliza continuamente como índice de expresividad la modalidad exclamativa; y maneja con soltura la más versátil de todas, la modalidad interrogativa, que tiene la ventaja de funcionar como deíxis enunciativa de los interlocutores y permitir variadísimos matices de sentido vinculados a su contexto general de comunicación: ya hemos visto algunos ejemplos entre las llamadas interrogaciones retóricas que nos han servido para caracterizar el lenguaje de Víctor Cadalso y de doña Pura. Añadidos a cualquier frase de cualquier modalidad, los puntos suspensivos ayudan a Galdós a sugerir al lector una cierta actividad emocional en las palabras de sus personajes: es éste, sin duda, un recurso-comodín para el autor, que lo utiliza continuamente en Miau (y, en general, en sus novelas).

Galdós imita con acierto (y con restricciones, pues no llega al anacoluto, por ejemplo) la organización sintáctica subjetiva característica del mensaje coloquial, que se refleja particularmente en la construcción (y la amplitud) de la frase, que tiende a la dislocación, a la condensación expresiva y a la liberación sintáctica de sus partes.

a) Sus personajes —como se suele hacer en la lengua coloquial— organizan su enunciado en torno a aquello que les interesa destacar del conjunto cara a sus interlocutores (mediante procedimientos convencionales de tematización):

* —Pues también Posturitas es un buen mico (p. 63, idem)

* —Sí, sí, lo que es a descarado no te gana nadie (141)

* No, lo que es el niño no sale de aquí (346, doña Pura)

* —Es un ratón lo que Posturas echa por la boca (p. 247, Cadalsito);

y alteran el orden lógico de los elementos de la oración (hipérbaton), dando relieve al elemento desplazado:

* —Quién podrá ser, no lo sé; pero el traidor existe, no lo dudes (p. 259, Villaamil) [anticipación del OD]

* —Si no te distrajeras tanto con el álbum de sellos, más aprovecharías (278, Dios)

* —No, papá, malo no es (con mucho calor), malo no (289, Abelarda)

* ¡Qué mujeres, Dios santo! Prendarse de un zascandil porque tiene la cara bonita, sin reparar... Y que él la desprecia, no hay duda (384, Villaamil)

* —De esto, ni una palabra a Víctor, que es muy perro y me puede parar el golpe (p. 268, Villaamil);

b) Muestran con frecuencia tendencia (espontánea y generalizada en la lengua conversacional) a reducir su expresión a lo afectiva e informativamente imprescindible, lo cual explica, con ayuda del contexto, las voluntarias e involuntarias elipsis en sus palabras:

* —No le gustan más que las doncellitas tiernas.

Pues de broma ha dicho usted la verdad. De quince a veinte. Lo demás para bobos (330, Argüelles)

* —Lo que es yo... ¿Allá?... Estás tú fresco. (352, Milagros)

* "¡Contro! —pensó muy asustado—, me va a dar aquello..., me va a dar, me da..." (80, Cadalsito)

* ¡Contro, si yo le cojo...! (83, Cadalsito)

y, sobre todo, la abundancia de oraciones condensadas o reducidas a lo esencial. Lo esencial suele ser una simple interjección o un elemento nominal (sustantivo, pronombre, forma verbal no personal), al que el personaje confiere independencia de enunciado completo (desde el punto de vista de la comunicación) y un mayor relieve. El procedimiento permite la expresión de una gran variedad de matices emotivos, desde la alegría incontenida de doña Pura ante la perspectiva de una herencia indirecta con la muerte del tío de Ponce:

* Corrió doña Pura al despacho, donde estaba Villaamil.

El Viático..., «no te enteras? (193)

a la ira:

* —Vamos, «a que le coloco yo a usted si me atufo?

¡Tú..., tú! ªDeberte yo a ti...! (142, Villaamil)

* ¿De dónde sacas, majadero, que yo me forje ni la milésima parte de una condenada ilusión? ¡Colocarme a mí! (139, Villaamil),

pasando por la incredulidad:

* ¿Usted Dios, usted...? Ya quisiera... (81, Cadalsito),

el desdén:

* —Mira qué sílfide está doña Pura. Se ha traído toda la caja de polvos.

—Pues ¿y la hermana con su cinta de terciopelo al cuello? Si las tres traen cinta negra, no les faltará el cascabelito para estar en carácter (262, espectadores del Real)

la turbación:

* —Ya sé, ya sé que ha hecho usted unos estúpidos versos y unos mamarrachos ridiculizándome [...]

¿Yo?... Don Ramón... ¡qué cosas tiene! (317, Guillén),

el estupor, la conmoción:

* Por fin, murmuró: "¿Victor..., tú?" (131, doña Pura)

* "Víctor aquí... Víctor otra vez en casa! Este hombre nos trae alguna calamidad" (131, Villaamil).

* ¡Ascenderte! ¿Qué dices? (141, Villaamil),

el asombro hiperbólico:

* —A Guillén le encajamos en Guerra

¡Madre de Dios! ¡Un cojo en Guerra! Mejor es en Marina (256, Villaamil),

el horror, el lamento, el reproche:

* —Y basta que sea yerno tuyo y que viva bajo tu techo, para que algunos crean que vas a la parte con él.

¡Yo... con él! (horrorizado). Ventura, no me digas tal cosa. (222, Villaamil),

* Abelarda tendió un brazo, que parecía de hierro, y de la primera manotada le cogió de lleno a Luis toda la cara [...]

¡Ay, hijo de mi alma!... ¡Mujer! (343, doña Pura),

etcétera, y Galdós lo utiliza tanto más cuanto más al límite se encuentran sus personajes. Reducidas a la expresión de lo esencial, tiene lugar en este tipo de expresiones una condensación de énfasis en la que la ausencia de precisiones de tiempo, modo y persona confiere un cierto valor de carácter general a lo expresado.

c) Aunque, en la conciencia de los hablantes, la imagen verbal gira en torno a una intención de comunicación bien definida, la necesidad de progresar de forma lineal en la transmisión oral les fuerza, paradójicamente, a expresarse como "a golpes de subjetividad" y con menos precisión lógica que en el lenguaje "formal". Galdós refleja bien esta característica coloquial, valiéndose de dos de sus procedimientos más usuales: a) de los llamados conectores no específicos: nexos de relación (descritos habitualmente como coordinantes o subordinantes) cuya función primordial es la de enlazar (afectiva, pero oscuramente a veces) lo que se dice con lo que se viene diciendo, aun cuando no siempre se puede precisar una relación "lógica" entre las partes:

* No puede usted figurarse, Federico, lo mal que le sienta a mi marido la ociosidad...; vamos, que no vive. ¡Ya se ve, acostumbrado a trabajar desde mozo!... Y que le conviene también colocarse para los derechos pasivos. Figúrese usted, [...] (115, doña Pura)

* ¡Dios mío! ¡Que viva yo para ver estas cosas! (141, Villaamil)

* ¡Ah, qué hombre! Era una pólvora. Pues también el amigo Madoz las gastaba buenas (310, Villaamil)

* —No tiene más sino que bracea demasiado, y, francamente, la ópera es para cantar bien, no para hacer gestos.

Pero no nos descuidemos )dijo Pura).En noches así, el que se descuida se queda en la escalera

—¡Quiá!... ¿Pero no creéis que Guillén o los chicos de Medicina nos guardarán los asientos? (86, Milagros)

y b) de la imitación de sintaxis parcelada del coloquio, por la que se presenta de forma fragmentaria, "impresionista" (mediante la segmentación o la yuxtaposición) esa unidad de sentido que está en la base de las intervenciones de sus personajes:

* Luisín, bobillo, estoy aquí. [...] ¡Qué tontín! Pasas sin decirme nada. Aquí te tengo la merienda. Mendizábal fue a las diligencias. Estoy sola, cuidando de la oficina por si viene alguien. «Me harás compañía?

* ¿Le lleva recados...? ¿Cartas...? ¿Y a quién? ¿No sabes?

(203, Abelarda)

* ¿Y el Ministro...? ¿Le has visto? (117, doña Pura).

d) El hablante, que progresa en su enunciación a partir de una base conceptual subjetiva, puede encontrarse que, a medida que fluyen sus palabras, una o varias idea nuevas, recuerdos, sinestesias o emociones, por ej., interfieren el contenido de su comunicación. Cuando esto ocurre, el núcleo comunicativo se amplía o se reduce, de acuerdo con las necesidades subjetivas del hablante. Para Galdós es particularmente útil la suspensión de la frase, recurso que emplea continuamente en Miau, pues es también muy versátil en la expresión de matices emotivos. A veces, la suspensión refleja simplemente los titubeos propios de una turbación no deseada:

* Y si yo te dijera... vamos a ver (palideciendo), «si yo te dijera que no quiero a Ponce?...

[...]

Ahí tienes tú una cosa... Vamos (balbuciendo), una cosa que me produce el efecto de un porrazo en la cabeza... [...] Porque cuando se aborrece a un hombre, como me aborreces tú a mí... (confuso y sin saber a qué santo encomendarse), no se le dice nada que pueda extraviarle respecto a..., quiero decir, respecto a los sentimientos de la persona que le aborrece, porque podría suceder que el aborrecido... No, no atino a explicarte lo que siento (Abelarda y Víctor, 206).

La suspensión es a veces sólo momentánea, y el hablante acaba completando su expresión (aunque sea de forma inesperada o con aquello que hubiera preferido no decir):

* Sí, hijo mío, bienaventurados los brutos, porque de ellos es el reino... de la Administración. (93, Villaamil)

* "Parece mentira que detrás de esas pupilas haya... lo que hay" (190, Abelarda)

* Te amo, te amo, y te amaré siempre, sin esperanza, porque no puedo aspirar a poseer tan... rica joya. Insultaría a Dios si tal aspiración tuviese... (299, Víctor, que miente descaradamente)

* "«Qué personaje de campanillas entrará en el despacho del Ministro con cara feroce diciendo: "De aquí no me muevo hasta que me den... eso"?" (210, Villaamil)

* ¿Que dónde les encierro?... Todo lo quieres saber. Pues les encierro... donde me da la gana. ¿A ti qué te importa? (359, Dios);

pero en su mayoría, los ejemplos presentan la sintaxis y (con ella) la información bruscamente interrumpidas, como reflejo unas veces de la exaltación emocional en que se encuentran los personajes:

* Tonto, y me desprecias a mí por ella; a mí, que me dejaría matar por... Mamá, mamá, yo quiero ser monja (247, Abelarda)

* ¡Qué mujeres, Dios santo! Prendarse de un zascandil porque tiene la cara bonita, sin reparar... Y que él la desprecia, no hay duda (384, Villaamil),

otras, de aquello que, compartido y consabido, no precisa de más palabras para el interlocutor-cómplice:

* ¡Ah!... Noticia fresca... Pero dime, ¿crees tú que Víctor, por ese lado...? (254, Villaamil);

como reflejo del temor a decir lo que se desearía no pensar siquiera, o de desinterés:

* )Estamos como queremos, sí... Tenemos cerrado el horizonte por todas partes. Mañana...

)Dios nos nos abandonará [...]. Estoy tan acostumbrada a la escasez, que la abundancia me sorprendería y hasta me asustaría... Mañana...

No acabó la frase ni aun con el pensamiento. (89, Villaamil y doña Pura)

del especial efecto que se desea causar en el/los interlocutor/es:

* )Usted estará cortado para quien guste; no me meto en eso. Pero lo que es Abelarda, lo que es Abelarda...

Ponce le miró serio también, esperando el final de la frase, y la insignificante bajó la vista hacia su labor de costura.

)Digo que lo que es ella no está cortada para usted. Y lo sostendré contra el que opine todo lo contrario (199, Víctor)

etcétera.

Otros ejemplos nos muestran la intercalación de paréntesis subjetivos o asociaciones nuevas, rompiendo la linealidad de la expresión y ampliándola:

* Me ha dado la corazonada..., ya sabes tú que rara vez me equivoco..., la corazonada de que en lo que resta de mes te colocan (72, doña Pura)

* ¿No sabe? A Cañizares, ¿se acuerda usted?, el que estaba en Propiedades, aquel a quien llamábamos don Simplicio, le han dado las doce mil. «Ha visto usted polacada mayor?

(215, ?)

* Porque... verás, me alegro de tener esta ocasión de decírtelo; eso te perjudica (222, Pantoja)

* "Este sitio sí que es de primera... Pero no, me verían los guardas de Consumos, que están en esos cajones, y quizás... son tan brutos... me estorbarían lo que quiero y debo hacer..." (381, Villaamil)

Pero en lo que Galdós se muestra realmente maestro es en la reproducción de los recursos de realce y énfasis, con los que el hablante, obedeciendo a su personal impulso, destaca cara a su interlocutor una parte de su enunciado o su propia actitud de comunicación. Es éste un rasgo de expresividad que ofrece en el lenguaje coloquial la máxima diversificación y que aparece en prácticamente todos los personajes galdosianos (y no sólo de Miau); sin duda, uno de los favoritos del autor, junto con el recurso al cliché. La razón radica seguramente en que tales procedimientos (más léxicos que sintácticos) "colorean" siempre de forma adecuada el lenguaje, permitiendo al lector identificar con facilidad el registro usado por los personajes (casi siempre el popular) e instalarse en él.

a) Como ocurre continuamente en la vida real, los personajes galdosianos hacen especial hincapié en destacar cara a su interlocutor su participación subjetiva en el juicio emitido, lo cual no es, a su vez, más que un modo de mejor imponerse personalmente a él; de ahí el énfasis en la expresión del pronombre personal sujeto:

* No hay tal; no señor [...]. Porque, mediador entre el contribuyente y el Estado, debo impedir que ambos se devoren, y no quedarían más que los rabos si yo no los pusiera en paz,. Yo formo parte de la entidad contribuyente, que es la Nación; yo formo parte del Estado, como funcionario. Con esta doble naturaleza, yo, mediador, tengo que asegurar mi vida para seguir impidiendo el choque mortal entre el contribuyente y el Estado... (140, Víctor),

la presencia del pronombre (dativo) afectivo:

* ¡Pobre hijo!, me le traen todo el santo día hecho un carterito (74, Sra. de Mendizábal)

y las numerosas expresiones de autoafirmación personal que salpican su conversación superponiéndose a la modalidad expresiva del enunciado: desde las más claras, asumidas en primera persona:

* Lo que yo le digo a usted: mientras no venga la escoba grande... (128, Mendizábal),

a otras mucho más sutiles, en que la autoafirmación se encubre a veces bajo supuestas necesidades, órdenes, o preguntas que, obviamente, no esperan respuesta:

* Yo, si he de decir verdad, deseo que le coloquen porque esté ocupado, nada más que porque esté ocupado. No puede usted figurarse, Federico, lo mal que le sienta a mi marido la ociosidad (115, doña Pura)

* Lo primero es la fe, «sí o no? (129, Mendizábal)

* Merezco, ¿sabes qué?, pues que el Ministro me llame, me haga arrodillar en su despacho y [...] (336, Villaamil)

* Ya lo creo que es importante. ¡Figúrese usted! (116, doña Pura);

bajo argumentos de tipo general, mediante la expresión de lo consabido:

* Es que también él se calza a una momia... sí... «no sabía usted? [...] Eso lo saben hasta los perros... y ella le protege, le regala cada dos años su ascensito (330, Argüelles)

* Mírate en el espejo de Cucúrbitas; él será todo lo melón que se quiera, pero verás cómo llega a director, quizás a Ministro (187, doña Pura)

e incluso en auténticas atribuciones (gratuitas) al interlocutor, que le hacen cómplice en la ponderación del juicio (como no podía ser menos, Víctor es un maestro en el empleo de este recurso "retórico" de autoafirmación):

* Con licencia no...; es decir..., he tenido un disgusto con el jefe. Salí sin dar cuenta a nadie. Ya conoce usted mi carácter. No me gusta que nadie juegue conmigo... Ya le contaré. (132, Víctor)

* Yo seré todo lo malo que usted quiera; pero, en medio de mi perversidad, tengo una manía, vea usted (149, Víctor)

* Soy muy desgraciado... No lo sabes tú muy bien. Aquí me tienes arrastrado por un vértigo de pasiones insanas (205, Víctor)

Además, la negación enfática, de la que se pueden recoger numerosísimos ejemplos en Miau, es otro de los recursos de realce favoritos de Galdós. Veamos alguna:

* —De seguro ha hecho alguna pillada y viene a que tú se la tapes.

—¡Yo! ¡Como no se la tape el moro Muza! A buena parte viene... (134, Villaamil)

* La cédulas personales no se cobraban ni a tiros (140, Víctor)

* No quiero oírte, no quiero verte ni en pintura (142, Villaaamil)

* Pero estoy deseando que se largue de mi casa. De su mano ni la hostia (222, Villaamil)

* ¡Qué se ha de morir, hombre! No pienses en eso (248, Abelarda)

* —Si usted va allá y lo manda pegando un bastonazo fuerte con ese palo en la mesa del Ministro...

¡Quiá! No hacen caso (356, Dios)

c) Pero el recurso expresivo mejor y más abundantemente representado en Miau es, con mucho, la intensificación afectiva de la cantidad o de la cualidad, mediante procedimientos que van desde la modificación o la derivación morfológica al aprovechamiento del llamado "discurso repetido" (clichés, locuciones...), pasando por recursos más propiamente sintáctico-semánticos y por el empleo de ciertas figuras de pensamiento (gradación, hipérbole, metáfora y comparación principalmente).

Entre los morfológicos, además de ciertas modificaciones expresivas en la forma de las palabras (pasmarotas, p. 86; cojitranco, p. 317...) y de la prefijación ("requema", p. 323; recondenadas, p. 335; requetebien, p. 340...), el más utilizado por los personajes galdosianos es el de la sufijación. Sufijación peculiar y clásica en el caso de los superlativos, aumentativos y despectivos:

* Sea mil y mil veces enhorabuena, queridísimo... (340, Villaamil)

* "¡Ah, Villaamil, qué honradísimo es!" (88, doña Pura)

* —¿Es de oposición?

—No; ministerialísimo, pero disidente, ahí está el chiste (268, Villaamil)

* Nada de casorios (279, Dios)

* ¡Valiente bicharraco!... (324, Villaamil)

* Pues si esas muñeconas supieran arreglarse y pusieran todos los días, si a mano viene, una cazuela de patatas... (75, Sra. de Mendizábal)

* Si, después de todo, su yerno de usted es un cursi... así como suena, un cursilón (328, Argüelles)

* Total, que saqué una millonada para el Tesoro (140, Víctor)

* ¡Vaya con el Señorón aquel...[...]! ¡Si sería el anciano ciego que le quería dar un bromazo...! (84, Luisito),

y siempre rentable en el uso del diminutivo afectivo, abundantísimo en Miau (y en general en Galdós). Prácticamente todos los personajes lo usan, como es corriente en el habla cotidiana con los niños, para hablar con Luisito Cadalso o para referirse a él:

* Luisín, bobillo, estoy aquí. [...] ¡Qué tontín! Pasas sin decirme nada (64, Sra. de Mendizábal)

* Pues ve, hijo, ve corriendito, y te estás abajo un rato, si quieres (68, doña Pura)

* "No estudies, corazón, que lo que quieren es secarte los sesitos. No hagas caso; tiempo tienes de echar talento" (165, tía Quintina)

* Tú vas a ser curita (279, Dios)

* A ver: saque usted toda la ropita de mi hijo para juntarla con la mía (346, Víctor)

* ...sólo que... por lo que pueda suceder, me encomiendo a Dios y a san Luisito Cadalso, mi adorado santín... (390, Villaamil)

(en correspondencia, también el niño los emplea con cierta frecuencia: tiíta, abuelito...); aparece, además, el diminutivo "de autocomplacencia":

* Rico, no... Ahorrillos (149, Víctor)

* Y cuánto gozo yo viéndoles tan afanados, y considerando a las Miaus tan aturdiditas... (382, Villaamil),

el intensificador:

* "Eso es, lo mejorcito que tienes; estropéalo donde no le puedes lucir" (302, doña Pura)

* Parece que es [Dios], porque lo sabe todito... (128);

* «Es que te da ahora el antojillo de seguir viviendo, cobarde? (367, Villaamil

el despectivo:

* «Pero es de veras que te casas con ese pajarito frito de Ponce? (172, Víctor),

y, sobre todo, el diminutivo irónico, salpicado con sabiduría por todo el texto y en boca de prácticamente todos los personajes:

* ¡Patatas ellas; pobrecitas! (75, Sra. de mendizábal)

* No te lo puedo decir; pero me consta que ha venido a recomendárselo un diputado de la provincia en que servía la alahajita de tu yerno. [...] El Jefe le enseñó las vacantes de provincias, y tu yernito se dejó decir con arrogancia que a provincias no iba ni atado (223, Pantoja)

* ¡Vamos; tengo entre la familia una reputacioncita...! (295, Víctor)

* ¿Quién recomendó a Víctor Cadalso para que echaran tierra al expediente y encimita le encajaran un ascenso? (327, Sevillano)

* —Yo te aconsejo que lo mires despacio, que lo estudies, pues para eso te da el Gobierno un sueldo, sin ir a la oficina más que un ratito por la tarde, y eso no todos los días... Y que tus hermanitos lo estudien también con el biberón de la nómina en los labios (337, Villaaamil).

Entre los más propiamente sintácticos, Galdós recurre continuamente al superlativo iterativo (o de reiteración léxica, en sentido amplio), a veces reforzado (con partículas, sufijos o fórmulas fijadas), y muy útil en ocasiones —como afirma Lamíquiz [8]— para superlativizar expresiones semánticamente completas y lógicamente absolutas (que no pueden, en rigor, ser "superlativizadas"):

* "Pero aunque estoy convencido de que no consigo nada, convencidísimo, sí, [...]" (100, Villaaamil)

* "Jamás hice ni consentí un chanchullo, jamás, Señor, jamás" (284, Villaamil)

* Me pasan cosas muy gordas, pero muy gordas. [...] Mi tío está muy malo, pero muy malo.[...] ...Muy malo, muy malito... (192, Ponce)

* Sea mil y mil veces enhorabuena, queridísimo... (340, Villaamil)

* Que tengo que ser cura... ¿ves? lo mismo, lo mismito (369, Luisito)

* Yo me alegraré mucho y hasta las aplaudiré desde allá; vaya si las aplaudiré" (379, Villaamil).

Es corriente también el empleo de la expresión figurada, generalmente fosilizada, y de locuciones intensificadoras:

* Y de seguro que esta noche las tres lambionas se irán también de pindongueo al teatro. [...] El día que les cae algo, aunque sea de limosna, ya las tienes dándose la gran vida y echando la casa por la ventana (74-75, Sra. de Mendizábal)

* Pero la Pellegrini con tantos humos no es ninguna cosa del otro jueves (86, doña Pura)

* Viven ahora del sable. El buen señor da unas estocadas... de maestro (262, Sra. de Mendizábal)

* Vean ustedes lo que saca uno de quemarse las cejas por estudiar algo que sirve de remedio a esta Hacienda moribunda... (309, Villaamil)

* También él se calza a una momia [se acuesta con una vieja] (330, Sevillano)

* Siempre te descuelgas por aquí cuando estamos con el agua al cuello (147, doña Pura)

* Y que las hay de buten (256, un subalterno)

* Es que... [...] quiero darle un parabién bien dado... una enhorabuena de padre y muy señor mío (341, Villaamil)

* ... y la mar de cirios... (365, Villaamil)

* ¡Cuidado que soportar esto treinta años!... (377, Villaamil)

* "Este sitio sí que es de primera..." (381, Villaamil)

Además de todas estas expresiones estereotipadas, la proposición consecutiva está también fijada con valor ponderativo y es procedimiento muy corriente, que permite una cierta libertad de elección por parte de los hablantes/personajes:

* Mia tú, Caarso, si a mí me dieran esas chanzas, de la galleta que les pegaba les ponía la cara verde (62, Murillo)

* Se da una importancia, que ni el Ministro...

* Era tan asno, que le ocupábamos en traer leña para la estufa (215, Argüelles).

Y fijados están también el empleo irónico de ciertos adjetivos valorativos, precediendo siempre al sustantivo (o al verbo):

* —Lo que tiene usted que hacer (con cierta fatuidad) es aprender de mí.

—¡Bonito modelo! (142, Villaamil)

* "Valiente mico nos han dado" (182, doña Pura)

* Pues, ¿qué querías tú, que le mantenga yo el pico? Bonitos estamos para eso (151, doña Pura)

y el de adjetivos y sustantivos calificadores de carácter despectivo, uso en el que es un experto Villaamil: ese badulaque de Rubín (70), ese vigardón de Montes (70), cojitranco de los demonios (--), un escuerzo sietemesino (324)...

En los momentos de mayor excitación emocional de sus personajes, Galdós recurre a la insistencia mediante la enumeración de sinónimos aproximados, que provocan generalmente una gradación en la expresión de lo ponderado:

* Nada de melindres de esperanza; nada de si será o no será; nada de debilidades optimistas (101, Villaamil)

* [...] y que no se me ocurre que me puedan colocar ahora, ni mañana, ni el siglo que viene... (142, Villaamil)

* "Y ese estúpido jefe, ese animal, ese bandido..." (144, Víctor)

* "Farsante, pinturero, monigote, me las pagarás..." (306, Abelarda)

* "Al otro le daría yo el hachazo del siglo; pero no basta un hachazo, ni dos, ni ciento... ni mil. Estaría toda la noche dándole golpes y no le acabaría de matar" (307, Abelarda)

Y, siempre atento a los hallazgos expresivos del lenguaje hablado popular, el autor aprovecha con acierto el empleo de ciertas figuras de pensamiento que permiten la creatividad del hablante y propician la imaginación del interlocutor-lector. Por ej., la hipérbole:

* [...], porque mañana supongo que saldrá a repartir dos arrobas de cartas (89, doña Pura)

* [EI] Había tantas, tantísimas cartas, que no bajaban, según Cadalsito, de un par de cuatrillones (96)

* ¡Tenlo por cierto. No mo colocan hasta el día del juicio por la tarde! (117, Villaamil)

* Ya ves cuán abatido está el pobre señor, [...]. Se le puede ahogar con un cabello (127, Dios)

* [...] el sombrero del año del hambre (151, doña Pura)

* Eso sí, en arreglar los trapitos para suponer no hay quien las gane (75, doña Pura)

* Alma más negra no echó Dios al mundo (351, Abelarda)

* Antes veremos salir el sol por occidente que a mí entrar en la oficina (170, ---)

* Pero pronto le calé, y ahora me pongo en guardia, porque es el hombre más malo que Dios ha echado al mundo (134, Villaamil) (más adelante, pág. 237: el más malo y más traicionero que hay bajo la capa del sol)

* Como le asciendan antes que a mí, crea usted que todo el Colegio de Sordomudos me tendrá que oír (326, Sevillano),

la metáfora:

* No, señor mío, yo no voy al trapo rojo, sino al bulto (141, Víctor)

* Eres inofensivo, no muerdes, ni siquiera ladras, y todos se ríen de ti (88, doña Pura),

(sobre todo, del tipo "A es B": "el expediente es música", 254, Pantoja; "¡Ah, qué hombre! Era una joya", 310, Villaamil; "Eres un ángel, no soy digno de ti", 180, Víctor) y muy particularmente la comparación, procedimiento muy popular y que puede sorprender, en sus diversas modalidades (igualdad, superioridad, inferioridad), con las más curiosas o disparatadas asociaciones):

* [...] y ser tan delicado y tan de ley que estás siempre montado al aire como los brillantes (88, doña Pura)

* Yo estoy tan convencido de ello como de que ahora es de noche (101, Villaamil)

* Ya ves cuán abatido está el pobre señor,esperando como pan bendito su credencial (127, Dios)

* Y dormiré como un canónigo (134, Víctor)

* Son más feas que un túmulo (63, Murillo)

* Te digo que estos Villaamiles son peores que la filoxera (74, Sra. de Mendizábal)

* Dice que Ponce es más tonto que quiere (203, Luisito)

* ¡Cuánto más guapo es que Cucúrbitas y el propio Pantoja! (372, Villaamil)

* Tiene peor ortografía que un perro (71, Villaamil)

7 opiniones

lenguaje colonial

pzzz..yyoo bscaabaa alggoo qe hablara de lo qee ssiignifficcaa&&qiere darr a entenderr,,no bsscabba esoo(Galdoss ppFF)no me ssirrbioo muucchoo..
lenguje colonial

pues no me sirbio para mi tarea ya sabras
lenguaje coloquial

q bn
lenguaje coloquial

que estupides la que isoo jaja no mentira vale esta super cool
Lenguaje coloquial

Muy bueno! :D
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Autor y licencia de 'Miau: El lenguaje coloquial (humano) en Galdós'


Monografía de Ana Mª Vigara Tauste. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero5/miau_vig.htm CopyLeft
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