2 - Estructura externa.


Monografía creado por Gustavo Martínez . Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/santosin.html
01 Octubre 2006
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Delibes denomina “Libro” a cada una de las seis unidades en que divide la obra, término que va acompañado en cada caso del correspondiente título. Ambos aspectos tienden a resaltar el carácter unitario y completo de todas ellas, su condición de totalidad autónoma, aunque no autárquica, puesto que forman parte de una unidad superior que es la propia novela.


Esto, a su vez, contrasta con el nivel de lengua elegido para narrar la historia, que es de índole marcadamente oral y popular. El término “libro”, en cambio, hace pensar en todo lo contrario, en producto cultural elaborado, en trabajo intelectual reflexivamente fundado, en un mensaje con pretensiones de perdurabilidad. Esta aparente contradicción nos remite a la ambigua conducta verbal del narrador, en cuyo lenguaje se mezclan lo popular y regional (hasta el extremo incluso de una supuesta incompetencia lingüística) con lo culto, todo lo cual es indicio de una toma de posición implícita: el narrador adopta (y adapta) la lengua y la perspectiva de los oprimidos porque éstos, en su inocencia (cultural en este caso) no serían capaces de dar testimonio por sí mismos acerca de la situación que padecen, entre otras cosas porque ni siquiera son conscientes (con la relativa excepción de Quirce) de la radical injusticia que ella entraña. Mediante el lenguaje de los “humillados y ofendidos”, de estos humillados que en su inocencia no se sienten ofendidos, Delibes infunde una vívida inmediatez, una palpitación de vida, a la configuración intelectual (novelesca) de la historia, gracias a la cual aflora una significación trascendente que los personajes no estaban en condiciones siquiera de sospechar. Y de este modo, convierte a su narrador en el evangelista de los inocentes.


El término “libro” también resulta significativo al respecto: libros son cada uno de los textos que integran la Biblia; libros son los Evangelios. Despreciados por sus amos hasta el punto de no considerarlos humanos, reducidos a una miseria material que lo es también de dignidad, estos seres son textualmente redimidos al ser elevados a la condición de protagonistas de una obra literaria. Lo que en el Evangelio de Mateo es apenas un incidente (todo lo conmovedor que se quiera, pero incidente al fin), en la novela de Delibes pasa a ocupar el foco de la atención. Quizás porque ya no hay “buena nueva” que transmitir, sino la misma vieja noticia de siempre: que los inocentes siguen siendo víctimas, que la redención no ha llegado para ellos, que Herodes reina todavía.


La autonomía de los seis libros acentúa el carácter fragmentario de la trama, en la que sólo hacia el final se van encadenando de manera explícita los hechos. Esto crea la ilusión de una visión parcelada de la realidad por falta de una conciencia abarcadora, capaz de captar la red de relaciones, en interacción permanente y dinámica, que subyace a las circunstancias y que el lector será el encargado de desentrañar e interpretar. De este modo, el narrador se pliega a la perspectiva, o mejor dicho, a la falta de perspectiva que sus humildes personajes evidencian acerca de su propia historia, la cual, en realidad, nunca alcanza el carácter de tal para ellos.


Por esta razón, se mantiene esa especie de ambivalencia que hemos señalado como rasgo distintivo de esta narración, en la que una estructura intelectual parece haber sido sobrepuesta al flujo indiferenciado de esa existencia sin historia en la que viven sumidos los personajes. Estructura visible hasta en detalles mínimos, como puede apreciarse en el título del Libro I: “Azarías” y no “El Azarías”, según habría dicho un narrador popular. Se establece así una tensión fermental entre intelecto ordenador y flujo sintácticamente distorsionado del discurso. Éste hace sentir el pulso vital cuyo sentido aflora gracias a aquél. Al mismo tiempo, dicho discurso, sintácticamente “imperfecto”, convierte en experiencia para el lector la nebulosa intelectual en que se mueven los personajes y que es la responsable, precisamente, de que no puedan cruzar el umbral de la conciencia y acceder a la significación que podría ser el albor de una remota libertad.

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Autor y licencia de 'Movimientos narrativos, ritmo y significación en Los santos inocentes'


Monografía de Gustavo Martínez . Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/santosin.html CopyLeft
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