Mujer africano norteamericana decimonónica - CONCLUSIÓN
5 - CONCLUSIÓN
Un breve esbozo como el anterior no puede arrojar resultados irrebatibles. Con prudencia debemos en primer lugar decir que las opiniones que aquí se recogen son las de quienes tuvieron la rara oportunidad de escribir y de publicar. Ello implica un tipo de educación y unos medios, además de unas motivaciones específicas. Cuanto se diga de las relaciones de género en la sociedad negra del XIX norteamericano, debe forzosamente conjeturarse, ponerse en discusión y avanzar sobre estratos previos. Es cierto sin embargo, que pueden avanzarse, circunstancias, posicionamientos, representaciones y actitudes diferentes a los hegemónicos, propios de la sociedad angloamericana. La sociedad africano norteamericana, mujeres y hombres, no parece ver en las relaciones de género conflicto verdaderamente reseñable. El crimen de la esclavitud, el problema racial, el desastre de la desestructuración familiar lo sobrepasan todo. Del mismo modo en que los héroes de la novela decimonónica británica van en busca del honor, la gloria o la fortuna, las heroínas de la novela africano-norteamericana van en busca de una familia y una dignidad restaurada en una sociedad esclavista, racista y violenta. Libertad, familia e igualdad estos parecen ser los ideales africano-norteamericano decimonónicos tanto de hombres como de mujeres.
La mujer negra está presente y es céntrica en el conjunto de acciones y discursos conducentes a la liberación negra, la abolición de la esclavitud y la adquisición de Derechos plenos. La mujer africano norteamericana, se involucra en las acciones clandestinas, a menudo con armas, auténticas armas de fuego, en la mano. Reclama su libertad y la de los suyos y esto incluye al hombre negro. Es posible que una vez terminado este período lleno de combatividad, el hombre tenga nuevas herramientas para el sometimiento normativo de la mujer, ahora bien ello introduciría en el aspecto epistemológico del problema la condicionalidad contingente en tales relaciones de género; es una hipótesis a considerar, si el grado de igualdad y camaradería aparente entre hombres y mujeres negros se debe sólo a una situación social concreta, y un momento histórico concreto o si tiene raíces más profundas que se remontan a la organización social de África negra. En apoyo de la primera teoría se debe decir que el feminismo negro británico ha establecido su diferenciación respecto del blanco sobre la base de una “asunción de subjetividades compartidas, sobre las formas en que nuestras experiencias [en tanto que mujeres negras] del mundo exterior están fijadas por factores comunes objetivos como el racismo o la explotación familiar” (Parmar, 106). En apoyo de la primera hipótesis están una serie de autores que principia en los defensores del matriarcado negro como la forma de organización social propia del África negra, como Cheick Anta Diop. Hasta determinadas teóricas y escritoras que han escrito sobre el mujerismo, como Ifi Amadiume u Oyèrónke Oyéwuwùmi. Sea por la primera o segunda razón, desde los comienzos del movimiento feminista norteamericano la mujer negra puso sobre la mesa que sus exigencias eran distintas, no se originaban de iguales condiciones y no esperaban a la aquiescencia del hombre para emprender sus conquistas. En un momento en que la mujer blanca discutía la emancipación respecto del hombre, la mujer negra era todavía esclavizada y atropellada, en todos y cada uno de sus derechos elementales en el sur, y en todos los derechos socioeconómicos en el norte, por el hombre blanco pero también por la mujer blanca. La importancia de las mujeres negras abarca, a medida que los escritores negros reescriben su pasado, cada día más esferas, por ejemplo esta influencia negra es también crucial en el movimiento sufragista, y ello ha sido silenciado desde el más absoluto desconocimiento e incluso desprecio racista (Carby, 1987: 4).
El hombre negro norteamericano que escribe, bascula entre la comprensión absoluta hacia los sufrimientos de la mujer hasta el folclorismo más inocuo y vacío. Es cierto que también hay representaciones burguesas puesto que, no en pocas ocasiones, se valoran cualidades consideradas propiamente femeninas, me permito conjeturar sin embargo, que las opiniones de esa naturaleza están generalmente dictadas por la prudencia teniendo en cuenta el auditorio al que se dirigen los escritores negros, que es en su mayoría blanco. Los hombres negros que han crecido en estructuras familiares distorsionadas por la esclavitud, donde la mujer es principalmente sojuzgada por el hacendado blanco o por la mujer blanca, valoran el valor femenino al afrontar situaciones que podrían desestabilizar cualquier mente, valoran su agencia en la consecución de su propia libertad como en Clotel, y en la búsqueda de los parientes esclavizados y vendidos. No se puede decir que de los escritos analizados se deduzca un papel del hombre negro opresor o solidificador de una estructura que reste capacidades, en el sentido de Amratyano (véase Sen, 2000), a la mujer negra.
En definitiva debemos concluir que el campo de estudio está abierto, la naturaleza distintiva del feminismo negro ya ha sido señalada, definida como mujerismo, presenta una especificidad visible. Debe analizarse si de hecho, la mujer negra, y en general el conjunto de relaciones en el seno de la familia negra como pervivencias africanas en Estados Unidos, de tratos equivalentes, está detrás de la aparición del feminismo en general. Cabe preguntarse si el hombre y la mujer africano norteamericanos, junto con otras clases oprimidas y excluidas, no están detrás de los avances más significativos de la sociedad norteamericana y, por contagio, de otras sociedades del mundo. Siguiendo la teoría clásica, se debe convenir que si el hombre negro reúne altas potencialidades revolucionarias, la mujer negra debe concentrar aún mayor potencial.
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