



Phillis Wheatley no ha tenido el eco que quizás merezca entre los especialistas de la comunidad negra, debido tal vez a que no han sido bien encuadrados los términos de su imaginario. Encorsetada en las formas aceptadas de la poesía de finales del XVIII, maneja con destreza los entresijos de la métrica y el ritmo europeos. Desde ese punto de vista ha sido apartada del canon africano. Su actitud de gratitud hacia quienes fueran considerados sus propietarios deben entenderse desde el prisma de las condiciones en las que vivió, es cierto que Wheatley no escatima en imágenes que pueden dar a entender que existe una inferioridad en la cultura africana y algo impuro en la raza negra. Sin embargo no falta en ella un deseo de emulación que indica que tales supuestos males no son intrínsecos a la humanidad negra, el poema On Being Brougth from Africa to America, enuncia estos corolarios de las ideas de su momento:
"Twas mercy brought me from my Pagan land,
Taught my benighted soul to understand
That there's a God, that there's a Saviour too:
Once I redemption neither sought nor knew.
Some view our sable race with scornful eye,
"Their colour is a diabolic die."
Remember, Christians, Negros, black as Cain,
May be refin'd and join th'angelic train.
No es conocida la actitud de Wheatley, respecto a los derechos de la mujer, de hecho sería esperar demasiado de alguien que ya superó barreras aparentemente infranqueables a finales del XVIII. Es posible que sólo su ejemplo fuese suficientemente elocuente como para que ella misma tuviese que pronunciarse, el interior de su publicación muestra una imagen de ella, una mujer negra, con una pluma en la mano; sólo eso tuvo efectos psicológicos devastadores para la Norteamérica blanca y negra. Debe considerarse que apenas en 1792 se publica la primera obra considerada feminista americana A Vindication of the Rights of Woman, With Strictures on Political and Moral Subjects de Mary Wollstonecraft. Quizás el texto de Wheatley más recurrido para explicar su ideario sea la Carta al Reverendo Samsom Occom, que expresa sus pensamientos sobre la universalidad del deseo de libertad en el que se incluye.
Las obras del XIX serán más audaces, la publicación en 1850 de la obra autobiográfica de Nancy Prince, Life and Travels, revela una mujer negra libre y viajera que compara la sociedad norteamericana con la rusa donde vivió con su esposo, saca sus conclusiones acerca de dos sistemas injustos, uno basado en la raza otro en las relaciones de servidumbre. Aspectos de la vida de Nancy Prince ha llamado la atención de la profesora Hazel V. Carby; la declaración de la autora sobre la literatura como su trabajo, la convierte en la primera mujer afroamericana que se formula como escritora profesional. Otro aspecto que ha llamado la atención de esta investigadora, es la relación que sostiene Prince con su hermana, que en un momento de su vida ejerce la prostitución. Nancy no se deja arrastrar por los prejuicios angloamericanos de su momento y no la abandona a su suerte dándola por muerta, cual era la solución habitual en la sociedad blanca sino que, la rescata de la situación y la rehabilita en la familia, con el colofón de que todo ello es considerado por la autora una victoria moral sobre el sistema de degradación impuesto a la mujer negra (Carby, 1987: 42-43).
Frances Ellen Watkins, (Harper) representa ya el contraste más absoluto con la actitud de Wheatley y es paradigmática de una nueva época. En varios de sus poemas se refleja el sentido de agencia política de la mujer afroamericana, uno de los más célebrados Aunt Chloe's Politics (1872), muestra con directa crudeza las opiniones de esa mujer que ejemplifican una idea de la política vinculada a la vida y a la comunidad negra:
AUNT CHLOE'S POLITICS.
Of course, I don't know very much
About these politics,
But I think that some who run 'em,
Do mighty ugly tricks.
I've seen 'em honey-fugle round,
And talk so awful sweet,
That you'd think them full of kindness,
As an egg is full of meat.
Now I don't believe in looking
Honest people in the face,
And saying when you're doing wrong,
That "I haven't sold my race."
When we want to school our children,
If the money isn't there,
Whether black or white have took it,
The loss we all must share.
And this buying up each other
Is something worse than mean,
Though I thinks a heap of voting,
I go for voting clean.
Ya en el primer cuento publicado, Two Offers, Watkins se pregunta, si el afecto puede satisfacer todas las expectativas de la mujer y responde asegurando que la conciencia de la mujer debe elevarse con la luz del conocimiento. Su postura se distingue en el famoso discurso de 1866 ante la National Women's Rights Convention, en el que pide igualdad de derechos para hombres y mujeres, blancos y negros.
El esclavismo como ideología, y el racismo que la sustenta, en particular tendieron a un mecanismo de dominio común a toda situación de abuso y de imposición por la fuerza; la culpabilización de la víctima, se culpabilizaba a las personas esclavizadas como si algo intrínseco a ellas condujese a su esclavización. Esto permitía al esclavizador blanco olvidar que sometía a verdaderos seres humanos y al tiempo le proporcionaba un entorno de legitimidad. En este marco, no sólo se atacaron las capacidades de la parte negra de la humanidad sino que se atacó su moralidad, se imaginó una corrupción moral esencial africana que, para el esclavizador blanco justificaba cualquier acción que emprendiera por cruel que fuese. La mujer negra en tanto que sujeto de abuso sexual y abuso reproductivo, es decir sujeta por el esclavizador al dominio impositivo sobre su reproducción, fue doblemente víctima de este esquema de pensamiento; si era violada es que algo en su naturaleza empujaba al civilizado hombre blanco a la perdición, si se le arrebataban los hijos es que no era lo suficientemente responsable como para ocuparse de ellos. Este diseño de relaciones conducía inevitablemente a la enfermedad mental del esclavizador, quien a menudo presentaba unos esquemas de pensamiento profundamente corruptos. Es más, la culpabilización de la víctima tiene como efecto habitual la propia asunción por parte de la víctima de los esquemas. Harriet Jacobs que sufrió abusos a manos de quien era considerado su propietario, que logró escapar al norte para huir de él y de su furibunda esposa y que tuvo que luchar el resto de su vida por recuperar a sus hijos, presenta en su autobiográfica Incidents in The Life of a Slave Girl, (1861), un cuadro en absoluto usual. La búsqueda de una pareja elegida por encima de las imposiciones esclavistas y el deseo de formar una familia, son tratadas de modos que podrían anticipar el mujerismo. Mientras que la reivindicación de la mujer blanca, en lo concerniente a la familia, estaba en obtener espacios de libertad, la mujer negra luchaba por poder construir de hecho una familia sin que se interpusieran los efectos desintegradotes del esclavismo y el racismo.
La importancia de la maternidad y las fuerzas generativas de la mujer y su agencia positiva por la realización familiar son valores profundamente africanos, aceptados y otorgadores de privilegios en las sociedades tradicionales. La mujer afroamericana no necesitaba ir de la mano del hombre en la consecución de ese ideal prístino, de hecho no podía ir de la mano del hombre, marginalizado por la sociedad blanca y con una capacidad económica mermada. La mujer negra había construido en sustitución del original una variación de las relaciones familiares africanas, que aseguraba el relevo generacional. Una joya del discurso anticipador de un cierto mujerismo la tenemos en la entrevista sostenida por Harriet Beecher Store, la autora de La cabaña de Tío Tom, con Sojourner Truth, en ella Sojourner expresa su perplejidad sobre la estrategia de solicitar derechos a la sociedad, hay que tomarlos. El conflicto no está aquí en las relaciones familiares sino en las sociales. Un estereotipo del feminismo blanco como llevar pantalones, Bloomers, es una oportunidad para señalar que para la mujer negra las condiciones de partida no son las mismas, la lucha no es igual; el feminismo ha sido en su caso una cuestión de supervivencia directa sin retórica de enfrentamiento con el hombre:
Stowe: "Sojourner, what do you think of Women's Rights?"
Sojourner: "Well, honey, I's ben to der meetins, an' harked a good deal. Dey wanted me for to speak. So I got up. Says I,--'Sisters, I a'n't clear what you'd be after. Ef women want any rights more 'n dey's got, why don't dey jes' TAKE 'EM, an' not be talkin' about it?' Some on 'em came round me, an' asked why I didn't wear Bloomers. An' I told 'em I had Bloomers enough when I was in bondage. You see," she said, "dey used to weave what dey called nigger-cloth, an' each one of us got jes' sech a strip, an' had to wear it width-wise. Them that was short got along pretty well, but as for me"--She gave an indescribably droll glance at her long limbs and then at us, and added,--"Tell YOU, I had enough of Bloomers in them days."
Sojourner then proceeded to give her views of the relative capacity of the sexes, in her own way.
"S'pose a man's mind holds a quart, an' a woman's don't hold but a pint; ef her pint is FULL, it's as good as his quart."
Tanto la faceta de resistencia a la esclavitud de Sojourner Truth, como sus ideas sobre la mujer han sorprendido a los estudiosos. Sojourner, profundamente cristiana se aproxima a ambos problemas desde un discurso directo y sin concesiones. Su capacidad oratoria y su carisma incuestionable contribuyeron a la popularización del discurso de la mujer negra, un feminismo específico primordialmente abolicionista. Aunque sus actividades no se quedaban en el abolicionismo, el rescate de personas esclavizadas o el feminismo activo, abarcando otros aspectos nacidos de un humanitarismo cristiano vigoroso, como la oposición a la pena de muerte. Uno de los parlamentos más famosos fue el pronunciado en la Convención de los Derechos de la Mujeres de Akron Ohio en 1851, en contestación a las afirmaciones de su presidenta:
Well, children, where there is so much racket there must be something out of kilter. I think that 'twixt the negroes of the South and the women at the North, all talking about rights, the white men will be in a fix pretty soon. But what's all this here talking about?
That man over there says that women need to be helped into carriages, and lifted over ditches, and to have the best place everywhere. Nobody ever helps me into carriages, or over mud-puddles, or gives me any best place! And ain't I a woman? Look at me! Look at my arm! I have ploughed and planted, and gathered into barns, and no man could head me! And ain't I a woman? I could work as much and eat as much as a man - when I could get it - and bear the lash as well! And ain't I a woman? I have borne thirteen children, and seen most all sold off to slavery, and when I cried out with my mother's grief, none but Jesus heard me! And ain't I a woman?
Then they talk about this thing in the head; what's this they call it? [member of audience whispers, "intellect"] That's it, honey. What's that got to do with women's rights or negroes' rights? If my cup won't hold but a pint, and yours holds a quart, wouldn't you be mean not to let me have my little half measure full?
Then that little man in black there, he says women can't have as much rights as men, 'cause Christ wasn't a woman! Where did your Christ come from? Where did your Christ come from? From God and a woman! Man had nothing to do with Him.
If the first woman God ever made was strong enough to turn the world upside down all alone, these women together ought to be able to turn it back, and get it right side up again! And now they is asking to do it, the men better let them.
Obliged to you for hearing me, and now old Sojourner ain't got nothing more to say.
La barrera comunicativa entre el feminismo negro y el feminismo blanco, puede entenderse mejor aún si consideramos las condiciones en las que tuvieron que vivir las primeras activistas negras, hasta liberarse. No sólo habían sido esclavizadas, abusadas y a menudo violadas por los hombres sino que además solían padecer los furibundos y, desde luego, incomprensivos celos vengativos de las esposas sureñas. En ocasiones, las esposas y madres de los hacendados, podían ser tanto o más crueles que sus esposos e hijos; la vida de Harriet Tubman está marcada por las palizas constantes de quien era tenida por su propietaria. (Bradford, 1869: 117-118) No todas las sureñas pertenecían al prototipo de mujer pasiva u ociosa que ha hecho famoso Hollywood, un grupo reducido de mujeres, principalmente viudas eran también propietarias activas de plantaciones con personas esclavizadas bajo su yugo. La mayoría de las haciendas no eran en realidad plantaciones en sentido estricto, en muchos casos pequeñas unidades agrícolas eran dirigidas por cultivadores acosados por las deudas; bebedores, jugadores o administradores iletrados verdaderamente ineptos, que tenían entre uno y cinco esclavos, a los que trataban con la más absoluta y despiadada crueldad (véase Stampp 1966) en esas condiciones la esposa o la madre podía ser la administradora activa de la propiedad. Y no sólo en el sur se padecían abusos, en el norte las condiciones del trabajo doméstico se parecían a menudo demasiado a las de las esclavitud, es el tema que denuncia Harriet E. Wilson en la novela Our Nig, Frado la protagonista que es parda, recibe las constantes palizas de Mrs. Belmont ante las que finalmente se rebela. La autora avisa de la hipocresía reinante en el norte entre quienes se dicen buenos cristianos. Our Nig presenta lecturas innegables, Frado es abandonada por su esposo, un fugitivo de la esclavitud, otra protagonista sufre la infidelidad de su marido, sin embargo todo esto queda en un plano absolutamente secundario puesto que el conflicto omnipresente es por descontado racial. Debe señalarse además que la mayoría de las heroínas retratadas en la novelística negra decimonónica son mujeres pardas, producto en la mayoría de los casos de las relaciones entre el hacendado y la madre esclavizada. Esto añade una dimensión de conflicto sobe el conflicto al que no podían ser ajenos los lectores. Las lecturas del trabajo de Harper, son múltiples pero siempre dirigidas por una estimación de la capacidad femenina, de su coraje y tesón en entornos familiares y laborales nada propicios pero tampoco parecidos al entorno burgués blanco decimonónico. Frances Ellen Watkins (Harper), nacida libre y de padres libres en 1825 en Baltimore, es la autora negra más prolífica del XIX norteamericano. Profesora universitaria, conferenciante, abolicionista activa del Railroad Underground, editaba sus propios poemas y los vendía con gran éxito, esto le reportó amplia fama como poeta, mientras que sus logros narrativos han sido reconocidos tardíamente. En su novela más reputada, Iola Leroy; or Shadows Upfilled (1892) la heroína, parda, nacida esclavizada, una vez libre en el norte se introduce en el mercado laboral impelida por sus altos ideales que le llevan a manifiestar literalmente que toda mujer debe tener sus propios medios de vida. Sin embargo sus expectativas laborales se ven frustradas cuando el racismo de sus propias compañeras blancas ocasiona que sea despedida de su primer trabajo, luego Iola emprende la búsqueda de su madre esclavizada y vendida en su niñez. De nuevo la barrera del racismo rompe la posibilidad de identificación con la mujer blanca y de nuevo el tema está íntimamente imbricado con el deseo de reestructurar una familia devastada por el sistema esclavista.
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