1. En aquella parte donde trabajamos la literatura de Mary Shelley, bien pudimos darnos cuenta que no hay literatura inocente. Alguien podría pensar que tal vez sí la hay, sobre la base de que una novela como FRANKENSTEIN no evoca ninguna intencionalidad ideológica. Sin embargo, hemos podido ver con toda claridad que la candorosa novelística de Mary Shelley también puede ser leída con los ojos abiertos, y encontrar en ella algo más que una crítica al desarrollo científico de la época.
2. En ningún momento uno puede darse por desentendido respecto a las verdaderas dimensiones y abismos que nos revela la literatura, como lo hiciera con toda lucidez Bram Stocker. El trabajo que este autor realizó con Drácula, nos abrió caminos y nos dio pistas para poder dilucidar la condición moral a que nos invita cierto grupo de gente, cuando las ilusiones, los sueños y las aspiraciones se han agotado. Si Stocker hubiera sabido que su vampiro era la mejor alegoría de la moral burguesa, tal vez lo hubiera pensado un poco mejor, pero dichosamente fueron más fuertes sus simpatías con una aristocracia en decadencia, que nunca le negó su apoyo y su calurosa acogida.
3. Casi siempre que nos acercamos a este tipo de escritores, uno lo ha hecho con toda la pasión y la alegría de lo nuevo, de lo desconocido. No obstante, su visión de la vida, de la muerte y de las mejores emociones humanas, tales como el amor, la solidaridad, la amistad, la tolerancia y la capacidad de soñar, en sus manos, parecieran quedarse atoradas en el lado oscuro de la vida. Lo curioso de todo esto es que no se decoloran.
4. En ningún momento para un escritor como H. G. Wells por ejemplo, la vida podría haberse reducido únicamente a los fracasos y frustraciones de sus personajes. Siempre creyó que la literatura tenía un objetivo, por eso fue fácil acusarlo de "didactismo" literario. Sin embargo, con él uno sabe a qué atenerse. Es claro, es lúcido y directo. Si su quehacer es obvio, el resultado ha sido que las lecciones que nos da han permanecido con nosotros por mucho tiempo. Con H. G. Wells la literatura de alto contenido ideológico alcanza un punto de desarrollo importante. Aunque esté adobada con las salsas de la ciencia ficción y de la fantasía.
5. Ahora bien, si en todas estas novelas que aquí hemos leído y estudiado con tanto amor, uno termina por concluir que el escritor no es inocente de los males de la civilización, la salida nos pertenece a todos. El artista puede habernos fallado en no habernos permitido "ver". Su ayuda puede haber sido muy pobre. A pesar de todo ello, todos somos responsables de la calidad de la respuesta que encontremos. El péndulo de la existencia no se detiene ante nuestra incertidumbre.
6. Algunas salidas son brutales, arrolladoras, como le sucedió a Winston Smith, el personaje de 1984 de George Orwell. Y si por ello concluimos que sólo el poder, el totalitarismo o la inconciencia pueden salvarnos, entonces, también habremos encontrado una respuesta. El Nazismo y el Estalinismo, no lo olvidemos, también tenían su racionalidad.
7. En todas las obras que aquí hemos estudiado las mujeres son el punto de quiebra, uno que nos hace ver que sin su sentido crítico y su amor por la vida la civilización hubiera desaparecido hace rato.
8. En algunas novelas los personajes femeninos son sólo excusas para desplegar una tesis. En otras, son la tesis misma. Resulta muy difícil y muy complejo darse cuenta cuándo estamos frente a enfoques para los cuales el tratamiento de lo femenino es puramente estético, y cuándo es psicológico, social o histórico. Estos son los momentos cuando nos damos cuenta que el descubrimiento de Foucault, sobre la interconexión fortuita entre saber y poder, puede explicarnos el verdadero contorno ontológico de la femineidad en la literatura y la civilización contemporáneas.65
9. Finalmente, los ferrocarriles de la revolución industrial, los monstruos que la fantasía crea ante lo desconocido, y la nueva moral burguesa, encontraron en el capitalismo al mejor postor de los contenidos históricos de sus realizaciones. Porque ninguna otra clase social a lo largo de la historia humana, ha tenido tanta conciencia de lo que quiere para mañana, como lo ha hecho la burguesía.