Lo primero que APARECE a la vista es que hay una GUERRA CIVIL a juzgar por el número de conflictos en activo. Estas guerras civiles del Imperio, carecen de un patrón de medida: el derecho internacional ha sido erosionado gravemente.
Ninguna guerra local debe hacernos pensar que es algo aislado. Bien al contrario hay que tener MUY PRESENTE que un lugar donde se está “en paz” es un lugar donde todavía no hay guerra. Cualquier lugar es candidato a la guerra si el Imperio lo decide.
Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, interpretados como una guerra de religión, o un choque de civilizaciones, enmascaran una profunda transformación, una nueva era: la distinción entre guerra y paz queda erosionada.
¿Cómo podemos entender lo que ocurre? ¿Que instrumento analítico nos puede servir para captar este estado de cosas brutal? Hardt y Negri responden: la noción de EXCEPCIÓN. ¿Por qué? Porque durante la modernidad, la guerra era la excepción, y la paz, la norma. La política consistía en separar GUERRA y POLÍTICA. La política reducía la guerra al punto de lo inevitable, del último recurso: se trataba de desterrar la guerra del interior del Estado-Nación. La guerra era un estado de EXCEPCIÓN limitado. Se declaraba la guerra: comenzaba la guerra: terminaba la guerra. ¿Qué pasa ahora? Que LA GUERRA NO TERMINA NUNCA, que la guerra se convierte en PERMANENTE y GENERALIZADA y por lo tanto, AHORA activa, fabrica, decide, la política. Si antes la política decidía la guerra, ahora la guerra decide la política. Este es el punto central de la excepcionalidad.
Así pues, la guerra se convierte en una RELACIÓN SOCIAL PERMANENTE. Se convierte en el principio organizador. La política, por el contrario se convierte en su disfraz.
Que la guerra se convierta en una RELACIÓN SOCIAL PERMANENTE, significa que se ha transformado en un RÉGIMEN DE BIOPODER. En otras palabras: la guerra trata, no sólo de controlar a la población sino de producir y reproducir todos los aspectos de la vida social. La crueldad y violencia bélicas se han infiltrado e impregnado la vida cotidiana.
Otra novedad: la guerra se hace a un ENEMIGO ABSTRACTO: se hace la guerra contra un concepto o un conjunto de prácticas: por ejemplo la “guerra contra el terrorismo”. Aquí ¿quién cae bajo ese concepto? CUALQUIERA. Basta que el Imperio nos incluya en su lista.
Cuando la guerra se convierte en una RELACIÓN SOCIAL PERMANENTE, ha de utilizar la violencia contínuamente, TODOS LOS DÍAS. Lo que viene a significar en la práctica que una guerra de este tipo NO SE PUEDE GANAR: en otras palabras, en una guerra que no se puede ganar, la actividad militar SE VUELVE ACTIVIDAD POLICIAL. Esto a su vez, supone que los límites espaciales dentro/fuera de los Estados-Nación se vuelven borrosos.
Otra consecuencia: AHORA las guerras pueden ser JUSTAS, mientras que antes el concepto de justicia no formaba parte de la guerra, puesto que la guerra era la suspensión de toda racionalidad, era un estado de excepción coyuntural (NO PERMANENTE COMO AHORA).
Estamos embarcados en una “guerra contra el terrorismo”: pero las distinciones que se realizan son borrosas y ambiguas. Así se habla de a) terrorismo como insurrección o rebelión contra una autoridad legítima, b) terrorismo como ejercicio de la violencia legítima por parte de un gobierno, con vulneración de derechos humanos, y c) terrorismo como guerra que viola las convenciones internacionales. Negri y Hardt se preguntan quién define los elementos clave: ¿Quién determina qué es autoridad legítima, qué son derechos humanos, cuáles son las leyes de la guerra? Está claro que muchos países de la “coalición internacional” podrían pasar a ser considerados terroristas, dependiendo de quién haga las definiciones.
Consecuencia de la “guerra contra el terrorismo” es el Warfare State, en oposición al Welfare State (del estado de bienestar al estado de “guerra-estar” o “estar-en-guerra”). Las libertades civiles son recortadas, la población reclusa aumenta, la guerra social crece.
Todo lo anterior contribuye a bloquear el poder constituyente de la MULTITUD, que se manifiesta tanto en la productividad social, como en las nuevas formas de expresión.
Negri y Hardt plantean que si su hipótesis es cierta, y hemos pasado a una situación de guerra global permanente, entonces, la suspensión de la democracia tiende a convertirse en la NORMA y no en la excepción.
El Estado de Guerra Global, o por así decirlo, la PARANOIA GLOBAL invita incluso a los estados más democráticos a volverse autoritarios e incluso totalitarios. De ahí que dentro de la lógica del Estado de Excepción, la tortura se convierta en una técnica del poder “esencial, inevitable y justificable”: aquí se puede apreciar la convergencia de las acciones militar y policial.
¿Qué indica el carácter constituyente del BIOPODER? Por ejemplo, el paso de las políticas de defensa a las de seguridad: de la actitud reactiva a la constructiva. Ahora se trata de manipular CONSTANTEMENTE el entorno, mediante la actividad MILITAR-POLICIAL.
Cuando la guerra no es una situación excepcional, cuando es normalizada, cuando se convierte en el pan nuestro de cada día, entonces se convierte en un mecanismo de REFUERZO DEL ORDEN ACTUAL.
REPITAMOS: Si antes la guerra era el último elemento en la cadena de poder, ahora es el primero, el fundamento de la actividad política misma. El marco legal que servía para declarar y librar la guerra, ya no sirve. Ahora la violencia de la guerra permanente IMPONE su propio marco legal, reproduce y regula el orden actual.
Un ejemplo de lo anterior: el programa de “construcción nacional” en Iraq. Se trata de una imposición violenta que manifiesta un carácter totalmente posmoderno: muestra que las loas -apologéticas- conservadoras a la nación no tienen fundamento: se crean y destruyen naciones según convenga, se inventan o se hacen desaparecer según sea necesario. La nación se desacraliza, a pesar de los conservadores, o quizá, TAMBIÉN gracias a los conservadores (Bush y su círculo). En nuestro país, España, Mariano Rajoy, “autoridad” del partido popular, declara el día 27-12-2004 que no van a renunciar a la nación “España”, ni van a permitir una nación de naciones (en referencia al plan Ibarretxe en Euskal Herria). Sin embargo, no pocos filósofos, no sólo se preguntan entre sonrisas, qué pueda ser eso de España, sino que algunos, más contundentemente, niegan que haya tal cosa. Compárese estas palabras de Mariano Rajoy y sus acólitos, con el antiesencialismo del nuevo orden emergente como consecuencia del estado de excepción permanente. En cualquier caso, es evidente que en esta metamorfosis, hacen falta naciones, aunque sólo sea para que se puedan ejercer las funciones policiales que el Imperio necesita. Esta creación muestra el aspecto POSITIVO y PRODUCTIVO del BIOPODER.
Surge la cuestión de la legitimidad de la violencia de ese BIOPODER. En la modernidad, el Estado-Nación se caracteriza por el monopolio de la violencia legítima. El resto de violencia es ilegítima. Pero ¿en qué se fundamenta esa violencia? En las estructuras jurídicas nacionales y después en las internacionales. Aquellos que en función de su cargo ejercen la violencia legítima, HAN DE RENDIR CUENTAS DE SUS ACCIONES. El problema hoy es que los mecanismos de legitimación de la violencia estatal se han venido abajo. En palabras de nuestros autores: “¿Tienen Bin Laden y al Qaeda, por ejemplo, la misma legitimidad para ejercer la violencia que el ejército de Estados Unidos? ¿Tienen las autoridades yugoslavas el mismo derecho a torturar y asesinar a determinados sectores de su población que Estados Unidos a encarcelar y ejecutar a determinados sectores de su población? La violencia que los grupos palestinos esgrimen contra los ciudadanos israelíes, ¿es tan legítima como la violencia del ejército israelí contra los ciudadanos palestinos?” (p. 49)
Problema: para poder tener una noción adecuada de “violencia legítima”, hace falta una definición estable y coherente de “terrorismo”. Los discursos sobre los derechos humanos sugieren que la violencia puede legitimarse por razones morales (“intervenciones humanitarias”). El problema añadido es que estas razones morales, sólo pueden serlo si admiten la validez de unos VALORES DIFERENTES: en cuanto esto ocurre, la estructura completa se hunde.
Ejemplo de desigualdad en la aplicación de las normas y estructuras jurídicas: Estados Unidos, no acata la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional: sus ciudadanos y soldados, no pueden ser juzgados por este tribunal. Por tanto, como vemos LA DESIGUALDAD DEL PODER, IMPOSIBILITA EL ESTABLECIMIENTO DE LA IGUALDAD ANTE LA LEY.
¿Cuál es la legitimación más eficaz? La que se realiza a posteriori, tras el acto de violencia, y en función de los resultados. De este modo, y siguiendo esta lógica ¿cuando será legítima la violencia independientemente de si es legal o moral? Cuando contribuya aL MANTENIMIENTO Y REPRODUCCIÓN DEL ORDEN IMPERIAL. Nos damos cuanta ahora, que la presencia constante de un enemigo abstracto, y la amenaza del desorden, son necesarios para legitimar la VIOLENCIA IMPERIAL: en otras palabras: EL ENEMIGO MUESTRA LA NECESIDAD DE SEGURIDAD.
Se calcula que a comienzos del siglo XXI, habían unos 2.000 conflictos armados en el planeta. Este número va en aumento. Al decaer las funciones de los Estados-Nación, los conflictos identitarios, ideológicos, religiosos, etc., proliferan. Las distinciones entre violencia legítima e ilegítima se difuminan. Las guerras de liberación y de opresión tienden a confundirse.
CONCLUSIÓN: Hay una distinción central en el tema de la violencia: Podemos decir que hay una violencia que PRESERVA LA JERARQUÍA CONTEMPORÁNEA y otra violencia que AMENAZA ESE ORDEN. Esta amenaza que la MULTITUD en cuanto proyecto tiende a posibilitar es lo que el biopoder ha de reprimir.