



En la perspectiva de caracterizar tipológicamente el discurso antropológico contemporáneo, como texto enunciado y, dentro de lo posible, como proceso de enunciación, podemos afirmar que él se constituye desde la reivindicación de la diversidad, centrada en el nivel etnográfico, lo cual le hace buscar en la estética su sustento, superando la analogización de corte biológico o físico que pretendía, desde el discurso etnológico, elaborar un texto que formulara leyes universales de la cultura. La macroestructura es superada en pos de esta nueva superestructura semántica, que sustenta su carácter científico desde su acceso a la diversidad.
Nosotros, antropólogos contemporáneos, que a nivel mundial nos formamos despreciando a James Frazer, curiosamente hoy no le hubiésemos creído a Malinowski y su pretensión de crear una antropología que pase desde el concepto a la realidad, como el "arquero que lanza su flecha y da en el blanco"9. Así, de contradictorios hoy reivindicamos el trabajo de campo, pero fundamentamos nuestra reivindicación en un activismo estético, más cercano a la "acción de arte" que a la generación de conocimiento en su acepción clásica.
No obstante, aún hoy la antropología se hace posible, desempolvando al viejo Frazer y asumiendo el "heroísmo sin alegría" de Malinowski, el viejo desmistificador atrapado en sus mitos10, desnudo ya de su pretendida rigurosidad, que se nos presenta como una prosa sugerente. Nublada la conciencia y sus propósitos lo miramos a los ojos y vemos al esteta cuyo discurso dijo verdad sin querer decirla, sin ser consciente de conocerla. Claros respecto de esta disyuntiva, que hace transitar a la discursividad antropológica de la reivindicación del más pueril empirismo hasta la oscuridad del sueño estético, en ocasiones, amoralmente definido, de la reflexión desarrollada quedan unidas dos preguntas aparentemente inconexas: ¿Cuál es el tipo discursivo propio de la textualidad antropológica? y muy relacionado con lo anterior ¿Debe la antropología aceptar la ingerencia de los valores de los propios antropólogos en el proceso de construir este discurso?
En nuestra opinión, la historia del discurso antropológico es la historia del modo en que la antropología se ha negado a aceptar la ingerencia de tales valores en su discursividad, hasta la actual sistemática aceptación de éstos, desde un paso hacia la semiotización de la disciplina, previa opción hermenéutica de la misma. Por su parte, la crisis de la racionalidad científica ha llevado a la antropología a aceptar el valor de la analogía estética y, por ello, a cuestionarse la posibilidad de generar un discurso objetivo, de manera que el giro estético como giro hermenéutico no es sólo inclusión de conceptos estéticos, es la aceptación de los valores dentro del discurso antropológico.
La superestructura de la textualidad antropológica define su actual rumbo desde una episteme situada más bien en la crisis de la suposición de la identidad entre estructura y valor y en la reivindicación de particularidades, lo que hace navegar a esta textualidad en una suerte de mar lleno de islas y cuyos confines no son más que horizontes inconmensurables.
De esta manera, en el discurso antropológico contemporáneo se configura un discurso fuertemente narrativo, definido desde el reconocimiento de la diversidad, con lo cual se niega implícitamente la posibilidad de establecer universales de la cultura, lo que para los defensores del discurso antropológico clásico resulta en una forma de "irracionalismo". En la dinámica interna del discurso antropológico, que hemos entendido como un texto que intenta interpretar a otros textos, desde un sustento filosófico definido a partir de la filosofía del lenguaje, resultaba insostenible el continuar defendiendo la posibilidad de elaborar leyes universales de la cultura, en base a la comparación etnológica. La etnología como nivel macroestructural y específicamente como género, resulta inconsistente, no solamente porque carezca de un sustento filosófico, sino porque la superestructura semántica definida desde el rescate de la diversidad radical, hace discursivamente incongruente continuar con el intento de generalización a imitación de las ciencias naturales.
Se trata de una textualidad definida desde la analogización estética, crítica de la analogía surgida de las ciencias naturales, aunque dialogante con la analogía lingüística. Autores latinoamericanos como Carlos Reynoso en el caso de la antropología postmoderna argentina, Juan Carlos Olivares y Pedro Mege en el caso de la antropología poética chilena, Paul Ravinow, Clifford Geertz, Stephen Tyler, James Clifford y George Marcus, en el caso de la hermenéutica antropológica norteamericana, son sólo algunas demostraciones de ello. La enunciación de sus discursos antropológicos, por ellos teóricamente sustentada desde una conceptualización de corte existencial nihilista, puestos frente a nuestros ojos críticos, resultan una fehaciente demostración del giro hermenéutico poético que vive en toda su radicalidad la antropología.En estos autores su discurso nos presenta un sujeto que se encuentra diluido, aunque no ha muerto el autor. Se trata de un tipo de discursividad que se debate entre la lírica y la epopeya. De la negación de la universalización nomológica, se llega a una reivindicación radical de la diversidad. Si para generalizar desde la comparación etnológica se necesitaba de actores y movimientos sociales arquetípicos y claramente identificables, la reivindicación de lo diverso ha llevado a rescatar justamente las diferencias, por ello la epopeya con héroes arquetípicos es dejada un tanto de lado, en pos de un tipo de discursividad de tipo lírica, en que el texto antropológico, en tanto enunciado, se nos presenta como una elaboración definida preferentemente a través de recursos como las metáforas, que desde la generalización emanada de la comparación. Particularmente el tono íntimo y casuístico del texto poético encuentran fértil terreno en esta nueva antropología, donde el monólogo interno prima como pregunta por el observador más que la intención de enunciar leyes petrificadas.
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