Las textualidades antropológicas de corte hermenéutico como lo son la descripción densa de Geertz, el diálogo polifónico de Tyler o la antropología poética de autores chilenos como Juan Carlos Olivares o Pedro Mege, pueden ser caracterizadas desde su intento por acceder al "ser" de la cultura, aunque su propuesta se define desde una perspectiva más bien valórica, siendo lo valórico el eje de su discursividad, y la elaboración metafórica el recurso narrativo preferente.
Autores anteriores al estructuralismo generan el desconcierto necesario para reorientar profundamente la textualidad antropológica. Ya en la década del cincuenta el gran Jean Duvignaud auguraba el destino actual del discurso antropológico afirmando... "El viejo Hegel decía que si la realidad nos parece irracional, para comprenderla necesitamos inventar conceptos irracionales. Senda difícil, con frecuencia inquietante. Pero la fiesta es inquietante" (Duviganaud 1960, 5).
En nuestra opinión, el giro hermenéutico es impensable sin el proceso previo vivido por el discurso antropológico que asumía categorías lingüísticas. El estructuralismo francés, desde "Tristes Trópicos" a los más complejos análisis estructurales del mito o el parentesco, allanaron el camino para la apertura de la comunidad antropológica hacia una discursividad hermenéutica. De allí la importancia de las analogizaciones de corte lingüístico tales como... "las reglas del matrimonio son los aspectos complementarios de un sistema de intercambio por medio del cual se instaura y mantiene la reciprocidad entre las unidades constitutivas del grupo" (Levi-Strauss 1981, 31). Estos textos técnicos y herméticos abrieron la posibilidad del discurso hermenéutico en antropología, en tanto comenzaron a enunciar desde el lenguaje mismo.
Mucho nos ha entregado la escuela francesa y es a nuestro parecer con Pierre Bourdieu cuando la discursividad antropológica asume la textualidad analógico lingüística simultáneamente, pues intuye y utiliza otro tipo de construcción textual abierta a la hermenéutica, casi como sin querer, pero dando libertad a la enunciación y, por ello, presentándonos un texto enunciado mucho más libre. A manera de ejemplo, cuando Bourdieu reflexiona sobre el fenómeno educativo, lo hace con este tipo de discurso... "El rendimiento diferencial de la comunicación pedagógica remite a la desigual distribución, entre las clases sociales, del capital lingüístico escolarmente rentable... El valor sobre el mercado escolar del capital lingüístico del que dispone cada individuo está en función de la distancia entre el tipo de capacidad simbólica exigida por la escuela y la capacidad práctica del lenguaje debido a su primera educación de clase" (Bourdieu 1987). En este plano, desde la posibilidad de juego del actor, el discurso enuncia la necesidad de una etnografía que supera la mera analogización lingüística. Se trata de un tipo de discurso centrado en la etnografía y definido desde un particularismo cuestionador de la nomología.
Por su parte, en el planteamiento etnográfico de Geertz, la pregunta ontológica al interior del discurso etnográfico se debe fundamentar en un profundo cuestionamiento en torno a las posibilidades mismas de la escritura etnográfica conectando los planos científico interpretativo con el estético propiamente tal. Es así como al referirse al concepto de "estar allí" se refiere a "la ilusión de que la etnografía consiste en hacer encajar hechos extraños e irregulares en categorías familiares y ordenadas - esto es magia, aquello tecnología - lleva tiempo siendo explotada. Lo que pueda sustituir a esto resulta, sin embargo, menos claro. Que pudiera ser un cierto tipo de escritura, de transcripción, es algo que de vez en cuando se les ha ocurrido a los relacionados con su producción, su consumo o a ambos por igual. Pero el análisis de la etnografía como escritura se ha visto obstaculizado por consideraciones varias, ninguna de ellas demasiado razonable" (Geertz 1989, 11).
El abandono del estilo discursivo de la perspectiva clásica marxista y positivista, y de la postura crítica centrada en la generación de cambio, son a nuestro parecer insumos que permiten hablar de una nueva discursividad antropológica definida desde el plano hermenéutico, la que transforma radicalmente enunciación y enunciado en esta disciplina. Algunas Preguntas dentro y fuera de Contexto desde el Giro Hermenéutico: ¿Será posible el alma del habla? Si el camino es la lírica para la discursividad antropológica, y es allí donde el sujeto es redescubierto, cabe así interrogarse sobre el actual papel del sujeto, preguntarse si acaso es inevitable la predicción foucoulteana respecto de la disolución del sujeto. ¿Acaso será la lírica antropológica, el texto antropológico emulando al texto poético literario, lo que terminará por diluir el sujeto?, y dentro de esto mismo: ¿Qué consecuencias prácticas puede tener esto para la disciplina en su proyección social? Surge un cuestionamiento que aún no podemos abordar, solamente mencionar, como quien prevé un nubarrón (con posible carácter de tormenta) y no puede más que "mencionarlo". Este artículo no hace predicciones, solo intuye futuras preguntas.
No obstante, en nuestro interés de profundizar en la opción lírica podemos afirmar radicalmente que ella se relaciona estrechamente con la opción hermenéutica, el acceso al ser que la hermenéutica pretende sólo se logra desde una lírica profunda que supere a la cárcel del sentido, ello es una problemática más teórica que tipológica, no obstante resulta sugerente el mencionar que la disolución del sujeto, como consecuencia de la adopción de un opción textual de carácter lírico para la antropología, tiene profundas repercusiones en el plano ético, pero ello muchas veces oscurece y enreda la comprensión del real perfil del discurso de la antropología occidental reciente.
En un intento de polemizar con la perspectiva hermenéutica, Barbara Herrnstein desarrolla una ácida crítica a la ética de la interpretación que, desde una perspectiva hermenéutica, intenta imponer un tipo de interpretación textual. Sus dardos se dirigen contra lo que E. D. Hirsch denominó el "alma del habla", empresa que conlleva expresar el significado y comprender lo que se intenta expresar. Deseo rescatar de este cuestionamiento la crítica que nuestra autora hace del intento hermenéutico de equiparar entre el discurso natural y el discurso ficticio: creemos junto a ella que... "aunque las intenciones de todos los autores son históricamente determinadas, los significados de todos los enunciados no lo son" (Herrnstein 1993, 150). Nuestras interrogantes siguen el camino de la pregunta por el modo en que el género antropológico, al traspasarse al plano de la textualidad lírica, puede reivindicar desde la caracterización de la diversidad, el significado de los enunciados.
Hoy podemos reivindicar a la antropología como un espacio etnográfico donde lo experiencial puede ser asumido en reemplazo de lo experimental o lo empírico. Las nuevas islas desoladas están habitadas por un texto que emerge de manera oral o en forma escrita, desde sujetos autoconscientes de su identidad étnica y que generan una textualidad desde un espacio de juego tan amplio como lo que corresponde a las obras plenamente insertas y, por ello, creadas dentro de los límites de las culturas tradicionales, hasta obras que expresen ya sea la yuxtaposición de categorías culturales o la síntesis entre la estética literaria occidental y las significaciones "emic".
Es aquí donde James Frazer se rehabilita. La nueva etnografía se constituye desde la reivindicación del acceso multidisciplinario e interdisciplinario, desde el creciente acceso de los grupos étnicos a los medios de comunicación de masas, como a la educación formal, generando una posibilidad de encuentro intercultural mucho más simétrico donde la antropología representa el producto más profundo de la síntesis, o al menos de encuentro, entre estos grupos y el mundo globalizado moderno. Desde el reconocimiento de la particularidad, de carácter postmoderno, la antropología representa un espacio dinámico de reelaboración identitaria, donde la vida cultural de un grupo étnico puede presentarse nítida en su complejidad y actualidad, tanto simbólica como material. El nuevo etnógrafo frente a su computador caminará por los senderos de las significaciones, las islas perdidas son los textos que en el acceso multidisciplinario son descubiertas por el navegante de gabinete o de campo, teórico o etnógrafo. El norteamericano James Boon en su libro "Other Tribes, Other Scribes. Symbolic Anthropology in Comparative Study of Cultures, Histories, Religions, and Texts", plantea justamente la necesidad de resituar el análisis cultural más allá del empirismo o el cognitivismo. Para ello echa mano del concepto de interpretación desde una perspectiva webereana, donde la verdadera comprensión no involucra una confianza ciega en el trabajo de terreno, como tampoco una fe irrestricta en el habla del sujeto. Por el contrario, el acceso hermenéutico cultural propuesto por Boom pone al mismo nivel el análisis de terreno con el texto analizado en el escritorio, por ello nuestro autor nos invita a desacralizar el trabajo de campo.
Desde nuestra perspectiva, esta desacralización es plenamente posible, en tanto cabe preguntarnos ¿Qué extraño y prohibido procedimiento involucra el trabajo de campo que hace al investigador confiar ciegamente en la data obtenida? Como también podríamos preguntar ¿Qué es lo que nos permite asumir que lo dicho por el informante es plenamente comprendido por nosotros? ¿Cómo nos podemos introducir en la cabeza del otro?