Mutaciones en el discurso antropológico - La Apertura a la Epopeya en la Antropología Clasica como rupt

6 - La Apertura a la Epopeya en la Antropología Clasica como rupt

Monografía creado por Miguel Alvarado. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/dis_antr.html
05 de Septiembre de 2006

Curioso, y al mismo tiempo útil, es el recordar que en sus inicios el discurso antropológico hizo uso de un tipo de descripción fuertemente estética, desde autores como Rousseau o Frazer. La crisis de este estilo discursivo tuvo que ver con su incapacidad para generar un discurso homogéneo que posibilitara la acumulación de verdad, se trató de un discurso capturado en su aparente originalidad, pero al cual se le acusó de no permitir "contar" el conocimiento científico. Siguiendo a Sahlins8, podemos destacar, a manera de ejemplo, al clasicista James Frazer, formado en la mitología y en la teología, quien define su textualidad desde las humanidades, y al hablar de religión nos remite a su propia religión, la cristiana. Es un sujeto que escribe desde su cultura respecto de otras culturas y no intenta siquiera ocultarlo, así, nos habla del Festival del Rey de Sacaea, emulación (no sabemos si consciente o inconsciente) de la pasión de Cristo según San Mateo... "Toman a uno de los prisioneros condenados a muerte y lo sientan en el trono del rey, y le ponen la vestimenta del rey y le permiten dárselas de gran señor y beber desenfrenadamente y usar las concubinas del rey durante esos días y nadie le impide hacer lo que le gusta. Pero después lo desnudan y lo azotan y lo crucifican" (Frazer 1967, 183).

En alguna parte el hilo discursivo se cortó y evidentemente ello guarda relación con transformaciones en la racionalidad occidental, que no son en sí tema de este trabajo, no obstante, el texto vive en esta ruptura y reconstrucción; reconstrucción que fue determinada por la invención nomológica. Es el intento a nivel de la enunciación de generar enunciados, que bajo la forma de la comparación del dato etnográfico, generaran un discurso cuya consecuencia fuese un tipo de enunciado con validez de ley universal. En rigurosa imitación, la lógica subyacente a la física invade, a nuestro parecer ya en forma extemporánea, al naciente discurso antropológico, para luego adscribirse, desde el funcionalismo y el marxismo evolucionista, en un discurso que se suma a los cánones de la discursividad científica, suponiendo que por medio de un proceso sistemático de inducción o de deducción se generarían categorías con repercusión universal y nomológica. El resultado fue una clausura en la aceptación a la especificidad cultural, negando la legitimidad de lo afirmado desde la consideración de esta especificidad.

El intento de lograr leyes universales responde, en el plano de la enunciación, a una pretensión ideológica de elaborar categorías que desde tipos ideales, en el sentido webereano, logre constituir a la ciencia como un proceso sistemático de acumulación de verdad. Desde la concepción Kantiana de la existencia de modelos, lo que en términos de la elaboración racionalista significó la elaboración de conceptos y asociaciones de conceptos (discursos) fundamentados en la condición de posibilidad (pero que antes que nada son abstracciones), ello permitió definir teorías de la cultura tanto al servicio de la modernidad, de la racionalización, como de la modernización industrializadora, ello en la perspectiva de construir discursos capaces de dar sentido a los procesos de cálculo racional propios del mundo moderno. Pero la paradoja se da en tanto lo anterior sólo pretende dar sentido a un discurso cuya textualidad resulta en enunciados que no pueden salirse de la textualidad literaria. Se vive esta contradicción debido a la subsistencia de una ideología que legitima el discurso. En términos de la sistematización hecha por Segre en lo que respecta al análisis del texto literario, es evidente que el discurso antropológico conlleva una elaboración de corte ideológico, que define la selección semántica de las palabras en lo que respecta a su asociación y al sentido dado a éstas, lo que en términos de Bajtín serían los "ideologemas"' o en términos de Barthes sería la "escriture" y que, en términos generales, son los modos de relacionar texto y sociedad en los cuales... "toda concepción del mundo, y cada una de las ideologías que se conjuran para instituir nuevas concepciones del mundo, implican determinados usos lingüísticos, y marcas estilísticas" (Segre 1985, 83).

En esta etapa clásica, la que dicho sea de paso es la más conocida de la textualidad antropológica, cuyo período de auge y constitución se encuentra en la primera mitad del siglo XX (aunque existan autores que aún lo reivindican), se nos presenta un tipo discursivo a nivel filosófico de corte empirista, transparente y claro como un cristal, oscurecido a veces por oscuros tecnicismos, pero que consciente de la necesidad de comunicar, hace suyo el llamado de la escuela analítica, y particularmente de Russell a superar la oscuridad del lenguaje, diseñando conceptos simples en su formulación, enraizados en la analogía organicista, que por lo general conciben a la sociedad como un cuerpo vivo, con órganos, miembros, articulaciones, un tejido social y por supuesto, al estilo de Durkheim, el discurso reconoce la patología, tal como la patología de un cuerpo que se enferma y debe ser sanado. La textualidad se concentra en describir el modo en que la sociedad se mantiene estable dentro de ciertos rasgos generales. Ejemplo de ella es esta afirmación canónica de Durkheim sobre la función social de la religión... "bajo todas las formas, tiene por objeto elevar al hombre por encima de sí mismo y hacerle vivir una vida superior... las creencias expresan esta vida en términos de representación; los ritos organizan y regulan su funcionamiento" (Durkheim 1968, 423).

En este tipo de textualidad es ante todo el hecho empírico el que se destaca, y su descripción desapasionada es el parámetro para evaluar un texto científico... "Hay que atenerse a los hechos y ejercitar la imaginación, pero jamas dejarse envolver personalmente por la situación hasta el punto de no ser capaces de distinguir entre los hechos empíricos y los propios conceptos analíticos" (Leach 1971, 50), de manera tal que en la labor antropológica debiese primar un criterio inductivo que integre categorías teóricas sobre la base de un trabajo de campo intensivo, de forma tal que sean los hechos los que señalen los conceptos que permitan la interpretación científica en antropología. Definido este discurso desde el estructural funcionalismo que conlleva implícitamente valores en pro de la racionalización moderna de las relaciones sociales, y en pos de la modernización industralizadora en los países periféricos, este discurso enarbola la bandera de la objetividad y se resiste a todo cuestionamiento ontológico de los sistemas observadores. No obstante, su suposición respeto de la existencia de identidad entre estructura y valor, es decir entre sociedad y cultura, lo unen, al menos en el plano estilístico, al marxismo más estructural, al modo de un Luis Althusser en su relectura del capital, donde la "penetración del tejido social" o "la orgánica del proletariado" son tipos de figuras recurrentes.

Si a nivel teórico estructural, funcionalismo y marxismo estructural se bifurcan, en el plano discursivo se encuentran. Su lectura mecanicista los hacen recurrir al recurso retórico definido desde la analogía organicista, curiosamente, o más bien lógicamente, el estructuralismo marxista, aunque historicismo, también entiende a la sociedad como un cuerpo vivo, con las partes de este tipo de fenómenos y por ello con su inevitable decadencia. Esta dimensión teórica guarda para nosotros una estrecha relación con el estilo discursivo, recurriéndose constantemente a la analogía organicista y configurando un tipo de texto centrado discursivamente en el funcionamiento de la estructura. Discursivamente la única diferencia entre estructural funcionalismo y marxismo tiende ser el papel que este último le da al conflicto, papel que el funcionalismo le niega. Ello no sólo define el argumento, sino el estilo del texto antropológico desde estas escuelas. Poco importa la distinción teórica al momento de enunciar un discurso, los recursos narrativos tienden a ser los mismos. ¿Qué unifica al positivismo estructural funcionalista y al marxismo estructural en términos discursivos? Su desesperada necesidad de analogizar orgánicamente, lo cual los convierte en un tipo de corriente distintos a nivel epistemológico y teórico, pero hermanas en su sistemático rechazo del recurso estético. Este se presenta más bien como una digresión, producto de la desesperación del autor frente a la no existencia de neologismos para explicar la realidad.

Es el caso de la retórica de autores como Malinowski, quien recurre al concepto estético cuando no puede, desde la analogización organicista o mecánica, explicar su emoción o idea. Recurre a él como quien asume un pecado de manera consciente y solapada. Conocida es la historia del diario íntimo de Malinowski, pariente pobre de su diario de campo durante su estancia en las Islas Trobriand, el que se tituló acertadamente, al momento de ser publicado luego de la muerte de su autor, como "confesiones de ignorancia y fracaso". Allí el florido lenguaje del naturalismo de Zola y la retórica imaginativa de Joseph Conrad deambulan libremente. Los tiempos no estaban maduros para fusionar ambos diarios, y sus contradicciones revelan la debilidad para representar isomórficamente lenguaje, pensamiento y realidad. El más clásico de los autores estructural funcionalista, el más científico de los autores, tambalea en la imposibilidad de comunicar y expresar desde la analogía orgánica. Su analogización estética es un feliz pecado, cuidadosamente encubierto.

El estilo epopéyico se entroniza, definiendo un discurso preocupado de la dinámica de la sociedad y de la cultura, al estilo de la narración de un mito escatológico que cuenta del cosmos y le da sentido.

2 opiniones

tonta

tonta por eso le doy 5 igual a nada
epopeya clasica

que esta bien esta epopeya

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