En esta etapa iniciada a mediados de siglo, el texto se pone netamente al servicio del contexto. Así, el discurso antropológico, primero en América Latina, y luego en Norteamérica, pasa a constituirse a nivel semántico en una antropología comprometida, asociada a teorías críticas de la sociedad, cuyo interés es generar cambio social con fines o bien promocionales o bien francamente revolucionarios. Este discurso tiende a no diferenciar el proceso de generación de conocimiento con el proceso de transformación de la realidad, unificando estos niveles en propuestas como la de la investigación acción o la evaluación iluminativa. Su valuarte son los métodos cualitativos y su discurso se define desde un nudo argumental de corte dialéctico e histórico.
Citemos a dos representantes, aún actuales, de este compromiso: Para Lourdes Arispe el término indio sirve para denominar... "a todo aquel susceptible de convertirse en sujeto de explotación" (Arispe 1988). En el caso del actor indígena el paso desde... "el indio tribal al indio genérico define la radicalidad de la dominación" (Ribeiro 1981, 34).
Desde aquella discursividad definida desde el empirismo cientificista, crítico de los relatos de segunda o tercera mano se desarrolla, tanto en los países centrales como en los del tercer mundo, un discurso que se define desde un eje valórico angular, esto es, la premisa de que es la modernización el modo más adecuado de mejorar substantivamente las condiciones de vida de gran parte de la humanidad. Sobre la plataforma de un discurso fuertemente enraizado en el relativismo axiológico, se define una posición centrada en la generación de cambio social en pos del primero, del desarrollo, y luego del "etnodesarrollo". No obstante, esta enunciación se centra en el "cambio socio-cultural" desde un tipo de argumentación implícita, la que no sólo define la reflexión conceptual sino el modo mismo de escribir la antropología.
Se trata de una ciencia al servicio del cambio desde la suposición de identidad entre estructura y valor. La retórica del cambio inunda la discursividad. Es una textualidad que se ha realizado a partir de una dicotomización entre los conceptos de sociedad y cultura, a partir de comprender a la sociedad, desde el racional iluminismo, como la estructura u orden acordado, y a la cultura como el conjunto de valores que articulan el orden social, manteniéndose dentro de las claves del racional iluminismo el pensar... "que existe una necesaria identidad entre estructura y valores"... tendiéndose a ... "sustituir el análisis de los valores por el análisis de la maximización del equilibrio... lo cual estaba inscrito en las mismas ideologías modernas nacidas de la Ilustración" (Morandé 1987, 67), teniendo lo anterior profundas repercusiones en el tratamiento discursivo del sujeto popular, en tanto permite independizar su estudio del estudio exclusivo de la estructura social. Se define una textualidad en la cual la epopeya define los arquetipos con que se enuncia el "actor popular".
Este discurso antropológico, a partir de concebir esta supuesta identidad entre estructura y valor, definió un tipo de concepción ideológica que tiñó su discurso de héroes y villanos y en la cual... "se estableció como punto de partida un concepto central donde convergen el análisis funcional de la sociedad y el análisis de los valores. Tanto el pensamiento liberal iluminista como el pensamiento marxista parten de la idea de la convergencia de ambos planos y tratan la diferencia entre las relaciones estructurales - funcionales y los valores como una apariencia detrás de la cual existe una identidad de los dos planos" (Hinkelammert 1970, 169). Al fusionarse la enunciación de los valores con la enunciación de la lectura de la estructura social, el sello distintivo de este discurso crítico se define desde su caracterización dialéctica de la realidad, lo que repercute en la narración realizada. Aún se habla en el plano de la epopeya, y aquí es la instancia donde la epopeya se radicaliza, más villanos y más héroes pueblan el texto, el cual expresa movimiento en tanto él mismo se mueve en el espiral de la radicalidad de la propuesta. Cuesta pensar un momento donde la antropología tenga un discurso más propio de la epopeya.