Otras ceremonias conectadas con la adoración del fuego tenían lugar en conexión con la manufactura del pulque u octli, el licor fermentado que se obtenía del tallo del magüey. El citado escritor, Vetancurt, declara que los nativos en su día, cuando el pulque nuevo ya habia sido preparado y estaba listo para ser bebido, primero hacian un fuego, caminaban en procesión alrededor de él y arrojaban algo del licor nuevo a las llamas, mientras cantaban invocando al Dios de la Ebriedad, Tezcatzoncatl, que descendiera y estuviera presente entre ellos.
Claramente esto era una supervivencia de la antigua doctrina que conectaba al Dios del Fuego con los Dioses de la Ebriedad, como podemos deducir del siguiente párrafo extraído de la historia compuesta por el Padre Diego Duran:
"El octli era la ofrenda favorita a los dioses, especialmente al Dios del Fuego. A veces la colocaban en vasos ante el fuego, a veces era desparramado sobre las llamas con un cepillo, y otras veces era vertido alrededor de la hoguera.*
| * Duran, Historia de Los Indios de la Nueva España, Tom. ii, p. 240. Sahagun agrega que el octli era vertido en el centro de la hoguera entre cuatro puntos separados que sin duda señalaban los puntos cardinales Historia de Nueva España, Lib. i, cap. 13. De la Serna describe la misma ceremonia, corriente en sus dias, en el Manual de Ministros, p.35. La invocación era así: "Rosa Brillante, Rosa Dadora de Vida, recibe y regocija mi corazón ante el Dios"
|