Nagualismo entre los Quiches, Cakchiqueles y Pokonchis de Guatemala - Modernas Reinas del Nagualismo
De una joven profetisa de similares características supo E.G.Squier durante sus viajes por Centroamérica, una "mujer sukia", como le decian los indios de la costa a cierta mujer que vivía sola en medio de las ruinas de un viejo templo maya, una bruja de veinte años, amada y temida, con la muerte y la vida en sus manos. *
* Squier, ubi sup& passim.
Tal vez su relato resulta un tanto fantástico; y lo es, por cierto, pero está basado en las inconmovibles creencias y antiguas tradiciones de los nativos de estos climas, y sobre costumbres bien conocidas a quienes allí residen.
El distinguido americanista, el Abate Brasseur de Bourbourg, durante sus largos viajes por Mexico y Centroamérica, tuvo ocasión más de una vez de entrar en contacto con las características de la antigua fe de los Nagualistas, aún viva en sus descendientes.
Entre los Zapotecas del Istmo de Tehuantepec él vio a una de las reinas de esta fraternidad mística, y la describe con una calidez que prueba que no había perdido su ojo para la belleza.
"Vestía una pieza de tela color verde claro enrollada alrededor de las caderas que caía hasta encima del tobillo. Una chaqueta de mangas cortas de gasa de seda roja bordada con oro cubría la parte superior de su cuerpo velando su pecho, sobre el cual lucía una cadena de pesadas piezas de oro, engarzadas a un cordel. Su rica cabellera negra se dividía en la frente cayendo en dos espléndidas trenzas sujetas con cintas azules, y llevaba un pañuelo de muselina blanco alrededor de su cabeza, a la manera de las calantica del Antiguo Egipto. Nunca en mi vida habia visto yo una figura más atractiva de una Isis o una Cleopatra.”
"Habia algo extraño en su expresión. Sus ojos eran los más negros y brillantes del mundo, pero había momentos en que repentinamente vacilaba, se apoyaba contra la pared y sus ojos quedaban fijos y muertos como los de un cadáver. Luego una fiera mirada disparaba de bajo sus oscuras pestañas, helando el corazón de aquel al que la dirigía. ¿Era locura, o era, como creían los que la rodeaban, una momentánea ausencia del alma, una absorción de su espíritu dentro de su nagual, una transportación a un mundo desconocido? Quien podría decidirlo?" *
* Voyage del ’lsthmus de Tehuantepec, p, 161. Agrega una serie de detalles sobre el poder que supuestamente ejercía ella.
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