El presente trabajo es resultado de la investigación, la observación directa y la reflexión socio-política de uno de los movimientos sociales emergentes más importantes de finales del siglo XX. No sólo por su duración excepcional, sino por su significado político, consistente en haber enfrentado, directamente, las políticas neoliberales del Estado en materia educativa en la UNAM, es que el movimiento estudiantil, articulado en el Consejo General de Huelga (CGH), asume una importancia capital.
La huelga de la UNAM necesariamente nos coloca en el centro de la reflexión sobre la íntima relación entre el Estado, el neoliberalismo y los movimientos sociales en México, como una unidad dialéctica para repensar críticamente "lo político" desde una perspectiva global. No importa que el movimiento, antes de su ruptura por la intervención de la fuerza militar, haya estado en posición de huelga (guerra de posiciones contra la Rectoría) por nueve meses, sino que, como aquí suponemos, marcó un punto de inflexión en el trato que el Estado le venía dando a los movimientos populares y sociales que erigían su dignidad y sus principios, para luchar contra un modo capitalista dependiente neoliberal que se había impuesto en el país en el curso de la década de los ochenta, con el arribo al poder de los gobiernos tecnocráticos. Así lo muestra el material recogido en el presente libro, (hemerográfico y bibliográfico) y los múltiples testimonios de quienes, mujeres y hombres, vivieron las luchas, tensiones, temores, satisfacciones e incertidumbres de la huelga.
La huelga estudiantil transformó el mapa político del país al desnudar y desplazar a las principales fuerzas que se autoproclamaban de "izquierda" hacia posiciones cada vez más circunscritas en el espectro de las derechas; cuestión que va a quedar cristalizada con la transición pactada después del 2 de julio de 2000 donde, en contraposición de quienes afirman que triunfó la "democracia" in abstracto (o "sin adjetivos", para usar la fórmula del Enrique Krauze), lo hicieron las fuerzas conservadoras del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Verde Ecologista (PVE), con el beneplácito de la "oposición": el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y su Alianza por México.
Los resultados del 2 de julio de 2000 favorecieron la llegada al poder de los representantes del gran capital en México y de la burguesía transnacional que, dentro de los gobiernos priístas, implementaron las políticas económicas dictadas por los organismos financieros y monetarios internacionales, con el fin de consolidar los cambios macroeconómicos y sociopolíticos favorables al desarrollo de la economía de mercado, a la apertura externa y a la privatización de las empresas públicas del país.
Si se quiere hablar de "transición, el cambio fundamental radica verdaderamente en el arribo directamente de la clase burguesa y su empresariado al poder del Estado mexicano, para completar el conjunto de reformas – ("Reforma del Estado" le llaman los neoliberales) -, que terminen de armar el edificio neoliberal en México. En este contexto, creemos que en materia de política económica, no habrá cambio, ni marcha atrás con el nuevo gobierno conservador, sino continuidad y disciplina. Lo que significa que el pueblo mexicano, en los próximos seis años, tendrá que soportar todos los efectos degradantes en sus condiciones de vida y de trabajo, en sus salarios, en el incremento de todas las formas del desempleo y subempleo, así como en la pobreza y la pobreza extrema.
Lejos de resolverse, los grandes y graves problemas estructurales y sociopolíticos heredados por el priísmo (inestabilidad social, dependencia en todas sus formas, déficit en la balanza de pagos e incremento del endeudamiento global con el exterior, crisis políticas, narcotráfico, engendros como el FOBAPROA-IPAB y el RENAVE, etcétera), en ese gobierno, ellos se profundizarán, al poner en marcha las políticas emanadas del evangelio neoliberal del FMI, del BM, de la OCDE y del gobierno de los Estados Unidos.
Estas características socio-políticas de la coyuntura de finales del siglo XX en México, tienen graves consecuencias en la educación, que se expresan en las intenciones de privatización, desmembramiento de las universidades como un todo, elitización, exclusión social de estudiantes de bajos ingresos, etcétera. Esta es la coyuntura que enmarca el análisis contemporáneo del movimiento estudiantil en la UNAM.
La duración de la huelga universitaria se explica por la persistencia en mantener las políticas neoliberales en la UNAM, sin dar marcha atrás en la imposición de la reforma universitaria: aumento en el costo de las colegiaturas y de los servicios que se proporcionan a los estudiantes, limitación en el acceso a través del pase reglamentado y la anulación del pase automático, introducción de mecanismos externos de evaluación, como el CENEVAL, adecuación de los planes y programas de estudio a la dinámica del mercado, lo que se expresa en un proceso de racionalización de las licenciaturas en el sentido de disminuirlas y reformularlas, para forjar al "estudiante flexible", impulso al proceso de descentralización-segmentación de la UNAM, mediante su conversión en sistemas de "campus" independientes y autónomos, etcétera. En esencia, la lucha estudiantil se circunscribió en el principio constitucional que estipula que "toda la educación que imparta el Estado será gratuita", de donde se derivó la formulación de su Pliego Petitorio, enmarcado en la defensa de ese principio constitucional.
Desde el punto de vista de la dinámica del movimiento, otro elemento que incidió en la prolongación de la huelga, fue el hecho de que nunca se presentó al CGH, por parte de las fuerzas externas (partidos políticos, colegios de profesores, investigadores y entidades sindicales), y de la Rectoría, una propuesta de solución; sino, como analizamos más adelante, simplemente "propuesta de salida" que no satisfacían las demandas estudiantiles.
El carácter horizontal, la rotación de los delegados, la ausencia de liderazgos personales, la discusión colectiva, la existencia de la Asamblea democrática como la espacio central de la toma de decisiones, "el mandar obedeciendo", etcétera, explican, tanto la vitalidad del movimiento estudiantil y de su organización, como el hecho de que el CGH no haya sido hegemonizado por ningún partido, fuerza política o corriente, en el transcurso de 288 días de huelga y, aún después, en la poshuelga.
En este sentido, si bien hubo momentos en que parecía que algunas fuerzas interactuantes habían logrado hegemonizar al movimiento, con el claro fin de convertirse en interlocutores frente a las autoridades en los distintos momentos del diálogo y la negociación con ellas, las anteriores características impidieron que lo hicieran, sin tener el aval de las asambleas de las escuela y facultades, así como de la plenaria del CGH. Cuando esto ocurrió, las corrientes, grupos o individuos, quedaron evidenciados y, como exponemos, marginados hasta provocar, incluso, su salida del movimiento, como ejemplarmente ocurrió con los grupos estudiantiles ligados al PRD.
Estas características se combinan con otra que hace a la radicalidad del movimiento, calificado de "ultra" por las fuerzas adversarias: el ser un movimiento que, a diferencia del ocurrido 12 años antes (1986-1987), se enfrentó al Estado y a sus órganos de seguridad, que culminó con la intervención de la Policía Federal Preventiva (PFP) en el campus universitario, el 6 de febrero de 2000.
En el presente libro realizamos dos esfuerzos: uno, encaminado a presentar el "marco global" que involucra la crisis y reestructuración del capitalismo mundial y, el segundo, de carácter metodológico, que integra dos columnas. La primera, para escribir una cronología de los principales hechos y acontecimientos del movimiento estudiantil de 1999-2000 y, la segunda, relativa al análisis de periodización y de coyuntura.
En la primera columna, se consignan los acontecimientos más relevantes que ocurrieron desde el inicio del movimiento estudiantil. Por ejemplo, la formación de la Asamblea Estudiantil Universitaria que discute, examina y protesta organizadamente en contra de las modificaciones al Reglamento General de Pagos (RGP) que se intentan imponer desde los primeros meses de 1999; las múltiples represiones a los integrantes del movimiento a lo largo de su lucha, las "diversas" "propuestas de solución al conflicto", que presentan fuerzas políticas externas al movimiento estudiantil, entre las que destaca la de los "profesores eméritos"; la lucha interna de las corrientes políticas y sus distintas concepciones, objetivos, tácticas y estrategias (entre ellas, la de los perredistas hasta su "auto-exclusión" del movimiento estudiantil); la irrupción de la Policía Federal Preventiva (PFP) en la UNAM para romper violentamente la huelga y el surgimiento de corrientes "neo-moderadas" en la poshuelga.
En cuánto a la periodización, de entrada, se pueden constatar dos grandes períodos: a) el primero comprende desde la formación del CGH, hasta la ruptura de la huelga por la PFP el 6 de febrero de 2000 y la detención y encarcelamiento de cientos de universitarios; b) el segundo, corre desde este último momento hasta la actualidad. En ambos surgen "fases" que "desagregan" el contenido de cada uno de esos grandes periodos, como el que se abre luego de la renuncia de Barnés el 12 de noviembre, la designación del nuevo rector por el presidente Zedillo y el papel que van a desempeñar las distintas fuerzas en el diálogo, hasta su ruptura en diciembre y el plebiscito de enero encaminado a legitimar la entrada de la PFP en la UNAM.
Una vez creadas ambas columnas, es procedente cruzarlas para, en la tercera, proceder al análisis sociopolítico del movimiento estudiantil.
Por último, consideramos que uno de los requisitos de todo análisis social consiste en desprenderse de prejuicios y mirar el movimiento en frío, sin apasionamientos ideológicos que empañen el conocimiento objetivo y propositivo por comprender su naturaleza y especificidad. Fue justamente lo que no hicieron los llamados intelectuales que, más bien, se empeñaron en atacar al movimiento, al mismo tiempo que se pusieron al servicio del establishment.
El presente libro pretende contribuir a reforzar con elementos testimoniales, teóricos y metodológicos, el análisis necesario de este movimiento social, que no se ha hecho de manera seria hasta la fecha. Otros análisis, como veremos, están guiados por prejuicios políticos, porque de inmediato lo satanizan y condenan, sin el menor intento de caracterización y de ubicación en el concierto de las luchas de clases en el país y del surgimiento de lo que podemos llamar "movimientos sociales emergentes", frente a la pérdida de identidad y crisis de los partidos políticos oficiales y tolerados por el sistema.
En el primer capítulo, "Crisis, Neoliberalismo y Educación", analizamos el contexto general de la crisis y reestructuración del capitalismo global, para vislumbrar sus efectos en la educación media y superior.
En el segundo capítulo, "Crisis del modelo educativo posrevolucionario y el advenimiento de la universidad neoliberal", vislumbramos el tipo de universidad que fue vigente desde el periodo posbélico hasta la crisis estructural de la década de los ochenta y el advenimiento de la Universidad neoliberal.
El tercer capítulo, "El conflicto en la UNAM y el CGH", analiza las políticas neoliberales en general y sus repercusiones en la educación, tanto en América Latina como en México, en el contexto de la "primera y segunda generación de reformas neoliberales." Asimismo, reparamos en la especificidad de las causas del conflicto estudiantil, centrándonos en su origen y desarrollo (las modificaciones al Reglamento General de Pagos, el autoritarismo y la verticalidad en la toma de decisiones, la existencia de una estructura represiva, la privatización de segmentos importantes del quehacer universitario, etcétera); en el análisis del pliego petitorio; en las corrientes políticas, en el papel de la intelectualidad y la capacidad de convocatoria del CGH.
En el cuarto capítulo, "El diálogo-negociación", nos detenemos en las implicaciones del diálogo con las autoridades para el movimiento, las contradicciones internas que desata, el significado de la renuncia del rector Barnés, el problema de la represión como estrategia de desgaste, los intentos de fractura del movimiento, las propuestas desde adentro y las características de las corrientes moderadas y neo-moderadas.
Por último, el quinto capítulo, "El Congreso Universitario", discute las distintas "propuestas de congreso" que emanaron en la huelga, así como las perspectivas que se abren en esta materia en el turbulento conflicto universitario dentro de la coyuntura mexicana, caracterizada por el surgimiento del régimen de transición pactada.
Esta reorganización del capitalismo mexicano en el curso de la década de los ochenta, a la luz de los cambios en la división internacional del trabajo, no solamente incide en la educación, sino que también presiona modificaciones en la estructura académica, institucional y política de los sistemas educativos de las universidades públicas y gratuitas existentes hasta entonces.