Neoliberalismo y educación - TERCERA PARTE: El conflicto en la UNAM y el CGH
Monografía creado por Adrián Sotelo Valencia. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
18 de Enero de 2006
Pedagogía, Pensamiento y política
12 - TERCERA PARTE: El conflicto en la UNAM y el CGH
De "Generación X" a Generación de Lucha
Las profundas mutaciones sociales producidas por la crisis estructural de la década de los años ochenta, las políticas de ajuste y privatización de la década de los noventa y los efectos perversos de las políticas neoliberales en el gasto social, son los elementos que explican que la "generación X" se convirtiera "... en un mito cuando los jóvenes setenteros y ochenteros se unieron a la causa y lucharon por convicción".92
Una generación de la que sólo se esperaba conformismo y egoísmo y que, al revés de lo que calculaban los tecnócratas, nos dio grandes sorpresas a todos, particularmente cuando se suponía "amoldada al sistema" y que no iba a reaccionar frente a la reforma universitaria; sin embargo, lo sorprendente fue que sí lo hizo y desencadenó uno de los movimientos sociales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.
El movimiento estudiantil "Marca, sobre todo, el nacimiento de una nueva generación, la generación de la ruptura, formada por jóvenes inconformes, poseedores de una mentalidad profundamente rebelde, que aún cuando no está claramente estructurada, revela una clara actitud de ruptura y oposición con la nueva dictadura que hoy por hoy domina a todo el planeta..."93 Además de que generó un "pensamiento rebelde, rupturista e incontrolable de los estudiantes huelguistas", escribe Carlos Fazio, fue capaz de contrarrestar los dogmas que venía planteando el "pensamiento único" articulado en el neoliberalismo. Como dice Enrique González Ruiz: "Pocos entendieron la naturaleza del movimiento que tiene en la huelga a la UNAM por más de siete meses: Se trata de una generación de jóvenes a la que el sistema neoliberal y corrupto, manejado por el PRI con la complicidad del PAN, ha quitado toda expectativa de superación y los tiene en medio de la total incertidumbre".94
¿A qué causas e intereses va a responder el ataque sistemático a un movimiento estudiantil cuyo único "delito" fue haber proclamado, como bandera de lucha, la defensa constitucional de la educación pública y gratuita para garantizar el libre acceso a la misma para las amplias capas populares de la población?
La suposición que se hacía frente a un estudiantado inerme y una planta de profesores apática, mediatizada y agobiada por el "sistema de estímulos", como complemento importante de su salario mermado por la crisis y las políticas públicas en la materia, no permitía advertir que pronto irrumpiría en la escena nacional y universitaria un conflicto de larga duración. El hecho de haber despertado de ese aletargamiento neoliberal y cotidiano e iniciado la organización para luchar contra las reformas aprobadas por el Consejo Universitario, fue lo que terminó por convencer a todas las fuerzas sociales de que, en esencia, sí existía un problema y era éste el que emanaba de formas autoritarias de gobierno que no permitían participar activamente en la toma de decisiones que transcienden y afectan al conjunto de la comunidad universitaria y no solamente a unos cuántos.
Es fácil comprender que las causas del conflicto de la universidad y de la huelga estudiantil se derivaron tanto de la forma como se impusieron las reformas, sin el consenso de la comunidad universitaria, como de sus efectos en los bolsillos de los estudiantes y de sus familias en un marco crítico caracterizado, como vimos, por la imposición de políticas de ajuste y austeridad macro y micro económicas que han deteriorando, desde hace dos décadas, las condiciones de vida y de trabajo de la mayor parte de la población mexicana: caída de los salarios reales; incremento de la miseria y de la pobreza extrema, privatización de empresas pública, desempleo, transnacionalización de la economía en beneficio de las grandes empresas multinacionales, como automotrices, microsoft, el capital financiero, etcétera.
Otros autores esgrimen un argumento similar en cuánto a las causas del estallamiento de la huelga universitaria: "El estallamiento de la huelga, por parte del CGH, se debió más a una decisión arbitraria y autoritaria de parte del entonces rector Francisco Barnés, de su equipo de trabajo, respaldada por la mayoría del Consejo Universitario y el Colegio de Directores, que por la modificación per se del Reglamento General de Pagos. Como se sabía antes de la huelga, un importante sector de estudiantes creían que un aumento ligero o diferenciado de las cuotas podía ser justo, pero la maniobra realizada por la rectoría, su falta de cálculo político y su empecinamiento en romper con una tradición, acrecentó el motivo de agravio y despertó a un apagado movimiento estudiantil".95
El problema es que no había otra forma de imponer las cuotas dentro de una estructura autoritaria, por lo que no cabe la posibilidad, como plantea el autor, de que porque un "importante sector de estudiantes" las aceptara - (¿cuántos?, nos preguntamos) -, entonces "no hubiera estallado la huelga". Estalló, a pesar de que hubo, como ocurrió, importantes sectores estudiantiles, sobre todo de los grupos de derecha, que las apoyaron.
Si el movimiento estudiantil de 1986-1987, que culminó en un Congreso Universitario tres años después, en 1990, se enmarca en el contexto de la implementación de la primera generación de reformas neoliberales impuestas por el Complejo Wall Street-Tesoro-FMI-Banco Mundial-OCDE, la prolongada huelga de 1999-2000 fue más compleja y cubre el período actual de la segunda generación de reformas neoliberales96 que tienen por objeto, entre otros sectores, la privatización de la educación tanto en México como en América Latina, como constatamos en el capítulo I.
Las profundas mutaciones sociales producidas por la crisis estructural de la década de los años ochenta, las políticas de ajuste y privatización de la década de los noventa y los efectos perversos de las políticas neoliberales en el gasto social, son los elementos que explican que la "generación X" se convirtiera "... en un mito cuando los jóvenes setenteros y ochenteros se unieron a la causa y lucharon por convicción".92
Una generación de la que sólo se esperaba conformismo y egoísmo y que, al revés de lo que calculaban los tecnócratas, nos dio grandes sorpresas a todos, particularmente cuando se suponía "amoldada al sistema" y que no iba a reaccionar frente a la reforma universitaria; sin embargo, lo sorprendente fue que sí lo hizo y desencadenó uno de los movimientos sociales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.
El movimiento estudiantil "Marca, sobre todo, el nacimiento de una nueva generación, la generación de la ruptura, formada por jóvenes inconformes, poseedores de una mentalidad profundamente rebelde, que aún cuando no está claramente estructurada, revela una clara actitud de ruptura y oposición con la nueva dictadura que hoy por hoy domina a todo el planeta..."93 Además de que generó un "pensamiento rebelde, rupturista e incontrolable de los estudiantes huelguistas", escribe Carlos Fazio, fue capaz de contrarrestar los dogmas que venía planteando el "pensamiento único" articulado en el neoliberalismo. Como dice Enrique González Ruiz: "Pocos entendieron la naturaleza del movimiento que tiene en la huelga a la UNAM por más de siete meses: Se trata de una generación de jóvenes a la que el sistema neoliberal y corrupto, manejado por el PRI con la complicidad del PAN, ha quitado toda expectativa de superación y los tiene en medio de la total incertidumbre".94
¿A qué causas e intereses va a responder el ataque sistemático a un movimiento estudiantil cuyo único "delito" fue haber proclamado, como bandera de lucha, la defensa constitucional de la educación pública y gratuita para garantizar el libre acceso a la misma para las amplias capas populares de la población?
La suposición que se hacía frente a un estudiantado inerme y una planta de profesores apática, mediatizada y agobiada por el "sistema de estímulos", como complemento importante de su salario mermado por la crisis y las políticas públicas en la materia, no permitía advertir que pronto irrumpiría en la escena nacional y universitaria un conflicto de larga duración. El hecho de haber despertado de ese aletargamiento neoliberal y cotidiano e iniciado la organización para luchar contra las reformas aprobadas por el Consejo Universitario, fue lo que terminó por convencer a todas las fuerzas sociales de que, en esencia, sí existía un problema y era éste el que emanaba de formas autoritarias de gobierno que no permitían participar activamente en la toma de decisiones que transcienden y afectan al conjunto de la comunidad universitaria y no solamente a unos cuántos.
Es fácil comprender que las causas del conflicto de la universidad y de la huelga estudiantil se derivaron tanto de la forma como se impusieron las reformas, sin el consenso de la comunidad universitaria, como de sus efectos en los bolsillos de los estudiantes y de sus familias en un marco crítico caracterizado, como vimos, por la imposición de políticas de ajuste y austeridad macro y micro económicas que han deteriorando, desde hace dos décadas, las condiciones de vida y de trabajo de la mayor parte de la población mexicana: caída de los salarios reales; incremento de la miseria y de la pobreza extrema, privatización de empresas pública, desempleo, transnacionalización de la economía en beneficio de las grandes empresas multinacionales, como automotrices, microsoft, el capital financiero, etcétera.
Otros autores esgrimen un argumento similar en cuánto a las causas del estallamiento de la huelga universitaria: "El estallamiento de la huelga, por parte del CGH, se debió más a una decisión arbitraria y autoritaria de parte del entonces rector Francisco Barnés, de su equipo de trabajo, respaldada por la mayoría del Consejo Universitario y el Colegio de Directores, que por la modificación per se del Reglamento General de Pagos. Como se sabía antes de la huelga, un importante sector de estudiantes creían que un aumento ligero o diferenciado de las cuotas podía ser justo, pero la maniobra realizada por la rectoría, su falta de cálculo político y su empecinamiento en romper con una tradición, acrecentó el motivo de agravio y despertó a un apagado movimiento estudiantil".95
El problema es que no había otra forma de imponer las cuotas dentro de una estructura autoritaria, por lo que no cabe la posibilidad, como plantea el autor, de que porque un "importante sector de estudiantes" las aceptara - (¿cuántos?, nos preguntamos) -, entonces "no hubiera estallado la huelga". Estalló, a pesar de que hubo, como ocurrió, importantes sectores estudiantiles, sobre todo de los grupos de derecha, que las apoyaron.
Si el movimiento estudiantil de 1986-1987, que culminó en un Congreso Universitario tres años después, en 1990, se enmarca en el contexto de la implementación de la primera generación de reformas neoliberales impuestas por el Complejo Wall Street-Tesoro-FMI-Banco Mundial-OCDE, la prolongada huelga de 1999-2000 fue más compleja y cubre el período actual de la segunda generación de reformas neoliberales96 que tienen por objeto, entre otros sectores, la privatización de la educación tanto en México como en América Latina, como constatamos en el capítulo I.
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