5 - La sociedad digital y su vertebración

Monografía creado por Joaquín Mª Aguirre Romero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/fron_cul.html
05 de Septiembre de 2006

Si hay algo claro, aunque muchos no lo quieran ver así, en el efecto conjunto de la digitalización y las redes de comunicación es que han cambiado las reglas del juego. La sociedad digitalizada dispone de unos instrumentos potentes que, como suele suceder, pueden ser utilizados con fines diversos e incluso opuestos.

El primer elemento que hay que tener en cuenta es la presencia del ordenador como herramienta. Probablemente no se haya diseñado una máquina más versátil que el ordenador. Nuestro ordenador es una máquina abierta. A diferencia de otras máquinas que se han ido haciendo más específicas en sus funciones, el ordenador es una máquina multifuncional y modular. Permite ser dedicada a muchas y muy distintas tareas. Gracias a la existencia de múltiples programas, nuestra máquina digital es capaz de producir cosas que antes tenían que hacer muchas otras de forma separada. Esto es importante en sí mismo, pero es más importante en su efecto creativo multiplicador. Como dispositivo aglutinador, reúne tareas que habían sido separadas en la Historia por efecto de la especialización.

Pongamos el caso del libro y la edición. Cuando se inventa la imprenta, con la excepción de la figura del autor, todas las funciones posteriores a la escritura estaban reunidas en la figura del impresor. El impresor renacentista era editor, librero y distribuidor. En su taller se componían los textos, se diseñaba la edición, se vendían las obras y se distribuían a otros impresores en el caso de que hubiera acuerdos para sacar conjuntamente alguna obra. Todas estas funciones se separaron por efecto de los procesos de especialización, dando lugar a las figuras de los impresores, los editores, los distribuidores y los libreros.

Hoy existen cientos de miles de páginas en la red que permiten a los autores volver a situaciones similares a las de aquellos pioneros de la edición mecánica. El autor escribe su obra, realiza los procesos de maquetación electrónica gracias a los programas adecuados, puede ilustrarla él mismo y ponerla en un servidor en la red para que sea accesible a lectores de todo el mundo o enviarla a una lista de suscriptores. Todo ello lo realiza desde la misma máquina: su ordenador.

Hace tiempo, quizá por falta de conocimiento o de perspectiva histórica, se cometió el error de despreciar este carácter artesanal de la producción literaria. Las grandes empresas de la edición veían con desprecio este tipo de producciones. Sin embargo, después del fiasco del experimento del e-book, un autor de ventas millonarias, un autor por el que cualquier editorial vendería su alma, ha decido editar el mismo sus obras en la red. El autor es Stephen King. Pero, lo peor del caso, es que mientras todos buscan desesperadamente fórmulas para sacar dinero de la Red, King ha decidido ofrecer gratuitamente su obra. Todavía peor: Stephen King ha tomado la decisión de que todos aquellos lectores que quieran acceder hasta su obra puedan hacerlo libremente y que aquellos que lo deseen le envíen una cierta cantidad de dólares. Si King hubiera decidido regalar su obra habría sido aceptable, pero que se la edite él mismo y deje en libertad a sus lectores del pago o no de la obra atenta contra todos los sagrados valores de la sociedad de consumo.

King afirma que el sistema se le ocurrió cuando un lector, que había obtenido un copia pirata de su novela, le envió un cheque por valor de dos dólares y medio como resultado de una crisis de conciencia. Sin embargo, el acto de King, con lo que tiene de emblemático, no tiene nada de nuevo. De hecho era el sistema normalizado en la red alrededor del año 95. ¿Tenemos que recordar que en esas fechas estaba considerado como una falta muy grave incluir cualquier mensaje comercial en la red? ¿Tenemos que recordar la historia de los dos abogados americanos bombardeados informáticamente por cometer la osadía, hace apenas seis o siete años, de incluir publicidad de sus servicios profesionales en el correo electrónico?5

El caso de King es significativo porque forma parte de algunas situaciones que podemos calificar de claves, situaciones en las que todos los que tratan de deducir hacia dónde se dirige esta masa extraña que es la red. Son casos de cuya resolución depende, en gran medida, si no el futuro, sí las decisiones que algunos tomarán. Otro caso de este tenor es el de la famosa librería Amazon, record simultáneamente en ventas y en pérdidas y que parece intentar imponer el extraño principio empresarial de que lo importante es vender aunque sea con pérdidas, que contradice todas las doctrinas económicas. Son casos, como decimos, de laboratorio, de experimentación de comportamientos y direcciones, y que reservan muchas sorpresas a los gurus del éxito rápido en la Sociedad de la Información.

Lo que mucha gente no parece comprender es que la Red es un fenómeno insólito en la historia de la Humanidad, una situación tan nueva que muchas veces no sirven demasiado las experiencias de fuera de la misma red. El primer efecto de las redes de comunicación es la formación de comunidades. Esto que puede parecer evidente no lo es tanto para muchos que prefieren seguir haciendo sus cálculos con el concepto de audiencia, propio de los medios audiovisuales. La Red no es un conjunto de millones de personas sentadas al otro lado de la pantalla de un ordenador esperando tranquilamente a que le lleguen una serie de programas. Los que trabajan sobre hipótesis de este tipo se equivocan radicalmente.

El valor de la red es un valor potencial; pero no es el valor de consumo potencial, que es el factor que se está barajando de forma continua. Su potencial es, sobre todo, creativo. La capacidad de producir, de crear desde su base misma, desde la sociedad. La Sociedad de la Información no puede acabar siendo la sociedad del entretenimiento, un gigantesco parque de atracciones virtual. Debe ser mucho más.

Desde esa responsabilidad, a la que antes aludíamos, de plantear escenarios posibles de desarrollo, modestamente exponemos aquí las nuestras: nueve proposiciones -amplias, generales-, que nos parecen necesarias para ese futuro digital que es el de todos.

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Monografía de Joaquín Mª Aguirre Romero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/fron_cul.html CopyLeft
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