



En el momento de escribir y leer esta conferencia no sabíamos el resultado de la nueva aventura de King con The Plant, y algunas circunstancias económicas del asunto. Hemos preferido mantener el texto y añadir un comentario a lo sucedido por respeto a los presentes al acto y porque, entiendo, que lo dicho sigue teniendo un valor general en el caso de que se hubiera producido así. El autor introdujo una novedad en el sistema. La gratuidad no era tal, sino tan solo desprotección del texto. Sabedor de que no hay mecanismo duradero de protección, King recurrió a la dosificación de su obra bajo amenaza, sistema alternativo, según parece, al bajo demanda tradicional. Iría publicando las sucesivas entregas de la novela mientras se produjera el pago de los lectores; si no se alcanzaba el porcentaje de pago suficiente tras cada entrega, se suspendería la publicación. Dicho y hecho. Los cada vez más pobres resultados le llevaron a la retirada de la obra. Debemos agradecer a Stephen King dos cosas: haber cerrado dos vías de publicación en la Red. Primero se demostró que violar los códigos protectores de los textos era solo cuestión de tiempo; y la industria se preocupó. King pensó que alejando de sí al mundo empresarial se quitaba un lastre y que, solo, podría obtener el tan deseado beneficio económico. La industria también se preocupó. Si King triunfaba por libre, los dejaba en posición crítica respecto al futuro. El fracaso de King como empresario autónomo ha dado un respiro a los demás empresarios editores, ya que ha cerrado también las posibles salidas de ese tipo. Se dice que se aprende de los fracasos; de lo que no se dice nada es de si todos aprenden lo mismo. Si King hubiera realizado la idea inicial, la que comentábamos en el texto, la gratuidad y el pago voluntario, todo lo recibido habría sido ganancia y no habría habido sensación de fracaso. Pero parece que escribir, publicar y después esperar a que alguien pague, reduce al autor a una especie de figura mendicante, algo semejante a los músicos callejeros que, tras exhibir sus capacidades artísticas, pasan el sombrero u otro recipiente a la espera de la voluntad del público. Hay gente que vive de ello. El problema de King es que actuó con mentalidad de empresario convencional y fijó de antemano su nivel de beneficio, es decir, estableció estimaciones demasiado optimistas de cuánto iba a ganar. En estos meses que han pasado tras la lectura del texto, muchas empresas del ámbito de la Red han cerrado, quizá por lo mismo.
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