Nuevas fronteras y escenarios culturales en la Sociedad de la Información - Nueve propuestas culturales para la sociedad digital
6 - Nueve propuestas culturales para la sociedad digital
1ª) Las fronteras de la lengua: el español como lengua de todos.
Las fronteras naturales en la Red son las que determinan las lenguas. En la Red están todos las lenguas, incluso algunas lenguas muertas. El espacio natural de la Cultura está determinado por la pertenencia de los sujetos a sus comunidades lingüísticas. Aunque puedan ser muchas las diferencias culturales entre comunidades, la lengua permite una forma natural de intercambio y de mutua influencia.
Hasta ahora se está hablando del español en la Red en términos cuantitativos y, lo que es peor, en términos de competencia y expansión. Los hablantes del español son objeto de cálculo comercial, más que cultural. Se ha reprochado a España -y creo que con razón- hablar solo de mercados potenciales del español y practicar un neocolonialismo cultural agresivo. Las redes se convierten entonces en un instrumento más de penetración económica y no en lugar de encuentro.
La lengua española es una propiedad de todos y cada uno de los países en los que se habla. Nos tienen que recordar -y hacen bien- que son más de trescientos millones de hablantes en Hispanoamérica frente a los cuarenta millones de pasaporte español. Hay que abandonar de una vez esa retórica de los liderazgos y hacer una política más del hombro con hombro, de la igualdad. Abandonar también esa retórica de la competencia con el inglés o con cualquier otra lengua que no busca más que financiación para sus propios intereses de industria cultural.
España se encuentra escindida entre sus intereses europeos y su integración natural con el resto de los pueblos de habla hispana. La red es el mejor instrumento para lograr puntos de encuentro. De hecho, en estos pocos años de funcionamiento, ha servido como foro de un rico intercambio, lejos de las retóricas oficialistas. Hay que intensificar nuestra participación en la construcción de la comunidad virtual hispana. Una comunidad no contra los que hablan otras lenguas, sino a favor de la nuestra; no por rivalidades, sino por necesidad cultural.
Estoy en contra de los intentos, reclamados periódicamente por algunos sectores, de crear una red en español. Creo que encubren el deseo de convertirse en líderes de algo, el deseo de ser directores de un proceso que será tanto más efectivo cuanto más abierto y menos dirigido esté. La Red no necesita ni directores ni líderes; la red crece naturalmente, por incorporación de sujetos. Los que no comprendan esto lo único que harán será gastar dinero y esfuerzo inútilmente y, además, algo peor: sembrar dudas sobre sus intenciones ocultas.
2ª) Es necesaria la presencia de espacios de convergencia de la intelectualidad hispana.
En los últimos años se habla mucho de la crisis de los intelectuales. Se nos dice por parte de filósofos, sociólogos y demás intérpretes de la sociedad que han sido sustituidos por los especialistas y que éstos ya solo saben hablar de lo suyo, de su campo. Esta interpretación oculta otra más evidente: la falta de espacios, la falta de escenarios para el debate intelectual. Hoy solo se puede llegar a la sociedad a través de los medios de masas y estos, como hemos visto, se han convertido en su mayoría en escaparates del consumo.
La Red es un lugar privilegiado de encuentro cultural e intelectual. Permite el mantenimiento de espacios de debate, de crítica del sistema y está más libre de los condicionamientos que lastran las posibilidades de los medios convencionales. La Red permite el establecimiento de foros y debates, de movimientos de respuesta a problemas, propios y comunes. En la medida en que es un espacio informativo, es un espacio de ideas, una gran tribuna mundial, superior a cualquier otro foro creado hasta el momento. Además, es público, es decir, tiene trascendencia inmediata y su velocidad de respuesta es inmensamente superior a cualquier otro.
La intelectualidad de casi todos los países permanece en gran medida en un estado de semisomnolencia o, quizá sea más justo decir, de palabra con sordina, mitigada su voz por el constante ruido de la trivialidad con la que otros ocupan los espacios mediáticos, únicas tribunas posibles hasta el momento. Son ya muchos los intelectuales de diferentes campos que se van introduciendo en la red a través de espacios diversos. Los casos más evidentes son los de aquellos países en los que existen restricciones a la libertad de expresión o se encuentran en situaciones de información vigilada.
Creo que esta sociedad que estamos construyendo entre todos, el mundo en que vivimos, necesita de más opiniones, de más ideas. Hoy por hoy, esas ideas se encuentran, en gran medida, sepultadas por toneladas de informaciones, filtradas o reducidas. La Red es el espacio adecuado para llegar más lejos, más rápidamente y a más gente.
3ª) Son necesarios proyectos culturales comunes.
Como hemos señalado, la Red, a la vez que un escenario de visualización, es también un lugar de producción. Desde sus orígenes, antes de que el mundo comercial la usara como prolongación de los otros medios, se caracterizó por la creación de "Proyectos", es decir, de propuestas de trabajo de gran envergadura que se ofrecían para la colaboración en ellos a través de la misma red. Estos proyectos se constituyeron como las auténticas ONGs de la cultura. Integradas por voluntarios repartidos por todo el mundo, han tejido una malla cultural importante que sigue creciendo. Liderados por instituciones públicas y privadas garantizan que la Red sea depositaria de información cultural importante y no un mero ciber-anuncio.
Existen proyectos de todo tipo: desde los que rescatan la producción de algún autor olvidado hasta los que utilizan miles de ordenadores repartidos por todo el mundo para hacer cálculos que se tardarían años en hacer; están los que buscan crear gigantescas bibliotecas de textos accesibles a todos o los que analizan señales de los radiotelescopios.
Millones de personas esperan oportunidades de participar en nuevos proyectos en los que volcar el deseo de colaboración. Si hay algo que se aprende de la Red -la lección más importante- es que existe el altruismo y la generosidad, que el mundo es algo mejor que la jungla competitiva que vemos cada día.
4º) La gratuidad es un valor cultural.
En mundo sobrecomercializado, la gratuidad es un bien necesario; casi el único acto revolucionario posible. La Red fue una demostración de la generosidad y el altruismo desde sus orígenes. No ha decrecido este valor, solo parece menor por el contraste con la parte comercial. La gratuidad puede garantizar, en muchos casos, la independencia cultural. Apostar por la gratuidad de los servicios y la información no es sencillo cuando prácticamente todo se vuelve objeto de transacciones y cálculos comerciales. Sin embargo, entendemos que debe existir, como fuerza de equilibrio, una tendencia a ofrecer para compartir.
5º) Cooperación para el desarrollo cultural.
Hagamos una globalización cultural positiva. Por "positiva" entiendo la que rechaza el uso de la Red para el colonialismo cultural. Una globalización cultural positiva es la que ofrece su cultura, pero también la que ayuda a que los otros desarrollen las suyas. La globalización debe ser la del acceso generalizado y no la presencia que barre a los demás. Hoy se entiende la globalización como un proceso de unificación de mercados y, como hemos visto, esto nos lleva a una uniformidad progresiva. No se trata solo de volcar información en las redes; también hay que ayudar al desarrollo tecnológico para que los demás puedan desarrollarse en todos los sentidos, en el cultural y en el económico.
Los proyectos de cooperación a través de la Red permiten la formación de grupos de trabajo en los países más desarrollados conectados con otros grupos de trabajo en aquellos lugares donde sea necesario ponerlos en marcha. La ayuda a distancia es una posibilidad que se está desarrollando poco todavía y requiere no solo que se abran vías de comunicación, sino la creación de infraestructuras en los lugares de aplicación. Por esto es importante no abrir grandes brechas en el desarrollo de infraestructuras. En la medida en que desarrollamos nuestras infraestructuras de comunicaciones y no ayudamos a que los demás desarrollen las suyas nos estamos alejando de ellos y cerrando posibilidades de trabajo conjunto.
6º) Por un pensamiento diverso.
Frente a los movimientos reductores, anuladores de la creatividad y de la variedad cultural en beneficio de los productos homogéneos, hay que apostar por la Red como el escenario de la diversidad. Cuanto más rica sea su textura, cuanto más diverso sea su tejido, más alto será su valor. Se dice habitualmente que la aparición de todos los grandes medios fue siempre saludada como la posibilidad de llevar adelante grandes proyectos ilustrados y que esta ilusión pronto se vio frustrada en cada caso.
El doble carácter, profundamente individual y, a la vez, profundamente colectivo de la red nos hace tener esperanzas de que pueda ser el medio ideal para el crecimiento cultural diversificado. Frente a los grandes medios masivos, a los que necesitan grandes audiencias uniformes, la Red tiene el gran valor de las escalas. La diversidad de los tamaños que acoge es ilimitada. En la Red no se necesitan grandes públicos para existir y esto es un factor determinante para la supervivencia de la diversidad.
Cuando se dan las cifras de los millones de personas conectadas en todo el mundo, se tiende equívocamente a considerarlos en los mismos términos que los públicos de los medios convencionales. Este error de percepción pueden pagarlo caro muchos proyectos y empresas en los próximos años. En la Red conviven en igualdad de condiciones, con el mismo público potencial -cualquiera que esté conectado- los grandes y los pequeños, y es el que se conecta quien elige conforme a sus preferencias.
En la Red no existe la invisibilidad a la que son sometidos muchos bienes culturales o ideas en los mercantilizados espacios de la información. La visibilidad en la Red no está en función de los esfuerzos publicitarios, sino en función del número de enlaces que nos dirigen hacia un punto y estos se establecen conforme a muchos criterios, no exclusivamente económicos. Lo que tiene interés es apoyado por muchos otros a través de los enlaces.
Son precisamente estas dos características, la expansión a través del interés de otros y la escalabilidad de las audiencias las que confirman la Red como un escenario de diversidad, un espacio capaz de acoger la riqueza que queda marginada por los reductores sistemas basados en el consumo.
7ª) Respetar la libertad de la Red.
Para que todo esto se pueda desarrollar es fundamental que se respete la libertad de la Red. Los intentos de controlarla hasta ahora han sido repelidos por la comunidad del ciberespacio o han perecido por su propia megalomanía. Ni los intentos políticos, ni los jurídicos, ni los comerciales han conseguido poner puertas a algo que de por sí no puede tenerlas. Los poderes públicos de cada país, los organismos internacionales deben garantizar la libertad del ciberespacio, con las lógicas restricciones y persecuciones de los comportamientos delictivos, así como el derecho de acceso de todos.
La libertad de la Red es el gran reto jurídico y político de las próximas décadas. Nos enfrenta a nuevos problemas o a nuevas perspectivas de otros antiguos. Un espacio virtual mundial en el que se produce la convergencia de informaciones que provienen de países con diversas normativas legales, con distintos criterios éticos y morales, con diversos grados de libertad o conceptos muy distintos de esa libertad, forzosamente, tiene que ser un quebradero de cabeza jurídico para cada uno de los países. Pero lo que nos enseña la Red es precisamente, como unas nuevas Cartas persas o un cuento volteriano, es el relativismo de los planteamientos que se juzgan como absolutos: Lo que aquí está mal, allí está bien.
La libertad de la Red es un bien de incalculable valor en la medida en que es escaparate de los valores de los demás y tendrá su efecto sobre las mentalidades individuales y sobre el tejido social en su conjunto. En este sentido, será un agente dinamizador de las libertades allí donde sea más necesario.
Es muy significativo que en algunos países con ausencia de libertades, la Red sea una preocupación política de primer orden. Saben que Internet es el medio menos controlable, el medio capaz de burlar las censuras y restricciones que imponen a sus pueblos, el más difícil de parar en su avance. Los libros, los periódicos prohibidos ya no tienen que pasar las fronteras clandestinamente.
Este grado de libertad es muy molesto para mucha gente, para muchos regímenes, que ven debilitarse su poder de imponer el silencio o de cambiar las palabras. Controlar la información en una Sociedad de la Información no es una empresa sencilla. La facilidad para crear medios al margen de los convencionales -algo que asusta a algunos empresarios y profesionales- es también una forma de liberarse de los condicionamientos económicos que los medios y los profesionales tienen.
La libertad de expresión se materializa socialmente cuando se dispone de un medio a través del cual expresarse. La libertad de prensa que, como su propio nombre indica, es la libertad de imprimir, de materializar en papel las ideas propias o ajenas para hacerlas llegar a otros, adquiere otra dimensión en la sociedad digital, en la que los usuarios de las redes son potenciales medios de comunicación. Disponer de medios al alcance de todos no es, como algunos han señalado, convertir la sociedad en un caos informativo. Es la posibilidad del ejercer un derecho que queda limitado, en gran medida, por la dificultad del acceso a los medios tradicionales.
8º) Favorecer la creación de comunidades virtuales.
La red es un elemento de sociabilidad de primer orden. Favorece el contacto entre los seres humanos, por encima de sexo, raza o religión, y nos acostumbra a la diversidad. Permite establecer una relación mediada que se aleja del puro consumo. La red permite mitigar el aislamiento en que se encuentran las sociedades modernas. Se ha dicho que no hay soledad mayor que la de las sociedades masificadas. La incomunicación que generan, en medio de sus hacinamientos, se ve compensada por la posibilidad de participar en otros grupos humanos con intereses comunes. Como en todo, hay comunidades banales y comunidades con fines importantes. Pero ya el hecho mismo de sentirse miembro de un grupo es un arropamiento psicológico importante. Si la comunidad tiene, además -como ya existen muchas- un fin productivo social o cultural, el beneficio es para todos.
9ª) Reconocer el valor cultural de lo producido en la Red.
El celo -y, por qué no, los celos- de las instituciones que controlan el mundo cultural en todas sus manifestaciones resta importancia a algo que no controlan en la misma medida que los escenarios tradicionales. Aunque sea ya una realidad que envuelve a millones de personas por todo el planeta, la Red sigue siendo mirada con recelo por las instituciones que controlan el mundo cultural y académico. Quien controla las instituciones tiene poder y quien tiene poder se resiste a verlo debilitado.
Puede que la apertura de la Red debilite el poder de determinadas instituciones, pero esto no tiene que ser necesariamente malo. Quizá sea hasta enriquecedora la posibilidad de que capas de la sociedad participen en procesos culturales de forma activa y no como meros receptores. La Cultura, insistimos, es un proceso dinámico, un proceso que busca la participación más amplia posible. La cultura de masas existente, regida por las reglas del mercado, ha preferido establecer sus propios bienes y convertirlos en objetos de consumo. La cultura de masas nos ofrece las obras maestras de la música clásica con arreglos de Luis Cobos, a Victor Hugo convertido en musical de dibujos animados -con final feliz, por supuesto- y mutila Moby Dick, para convertirla en una novela de aventuras.
La Red es una alternativa social a la difusión de lo complejo, de lo profundo, de lo que trae conocimiento, de lo que se aventura en el riesgo creativo. Son ya muchos los que van cruzando la barrera para experimentar qué nuevas posibilidades permite este mundo virtual. Cada vez son más los intelectuales, artistas, académicos que participan en este espacio. Algunos lo hacen en busca del beneficio, pero otros se incorporan a las redes con la intención de experimentar nuevas posibilidades, algo que el rutinario mundo material no les permite con frecuencia.
En la Red hay muchas páginas estúpidas, pero en la misma medida en que existen libros estúpidos, revistas estúpidas, programas de televisión estúpidos o películas estúpidas.
Por todo ello, es importante que no se meta en el mismo saco todo lo que existe en la Red, que se valore lo valioso, independientemente del soporte en el que se presenta. Solo así podrá aumentarse el flujo de lo culturalmente importante hacia la Red.
No existe, por más que muchos lo afirmen, una lucha entre soportes o entre medios; una lucha de libros contra ordenadores o de televisores contra periódicos. Lo que existe es la lucha de los buenos libros por ocupar algún espacio en los estantes de las librerías; lo que existe es la lucha de las buenas películas por no ser ofrecidas a altas horas de la madrugada; lo que existe es la lucha de los buenos músicos por no tener que componer canciones facilonas para cantantes hijos de cantantes, que no tienen voz, pero sí un físico agraciado; lo que existe es el drama de cientos de profesionales de la información que se ven obligados a entrevistar a personas que no tienen nada que decir; lo que sí existe es el drama de esos otros profesionales de la información que se ven obligados a recorrer aeropuertos, terrazas veraniegas o lugares similares para ver si cazan con sus cámaras algún beso furtivo entre dos famosos de un día; lo que existe es el drama de profesionales que tienen que escribir guiones, partituras, artículos, entrevistas, etc. que les revuelven el estómago para que se vendan unos miles de ejemplares más cada día o aumenten unos cientos de miles de espectadores. Lo más triste de esto es que funciona, al menos según la regla de medir de algunos; y mientras funcione seguirá así.
Ante este panorama, que no creo que nadie entienda como catastrofista, no es de extrañar que muchos decidan probar suerte en este nuevo medio o llevar una doble vida y alternar lo que otros les exigen que hagan con lo que les apetece hacer realmente.
Para concluir, quizá alguien pueda pensar que soy muy optimista. Efectivamente, lo soy. Pero creo que es lo único que se puede ser con cierto grado de cordura. Lo soy, además, porque tengo motivos para serlo y durante más de cinco años -y espero poder hacerlo durante mucho más- he disfrutado de una libertad e independencia grande en la Red que me ha permitido hacer cosas que no hubiera podido hacer de otro modo. La Red me ha permitido traspasar, precisamente, esas fronteras de las que hemos venido a hablar aquí. Me ha permitido ver también que existe mucha gente dispuesta a hacerlo, quizá por que no les guste la situación en que se encuentra la cultura en sus países; gentes que tienen cosas que decir y gentes deseosas de escuchar, leer o intercambiar ideas y experiencias. Del trato hemos salido todos crecidos, porque si la cultura no es crecimiento personal, si no es honestidad intelectual, se queda solo en entretenimiento. Y de eso ya tenemos bastante.
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