



Como hemos visto, los sentimientos de los amantes triunfan por encima de la razón, de los sentidos y de la ley de Dios. Ahora, el Duque encontrará en los sentidos y en la razón las claves para obtener la verdad de los hechos que para él - sí en este caso- tendrán total explicación (no como en el caso de los amantes).
Planeará su castigo, pero bajo el temor a Dios porque sabe que actúa mal ante su ley divina, ya que él debería haber sido castigado también por sus anteriores formas de actuar en el pasado, que el propio Duque reconoce:
DUQUE: El vicioso proceder
de las mocedades mías
trujo el castigo... 2518
Si antes los amantes buscaban una razón que explicara su amor, ahora, el Duque busca descubrir la verdad de los hechos. Para ello, no utilizará el poder del raciocinio, sino las pruebas que le ofrecen los sentidos, lo oído y lo visto.
Tras recibir la carta anónima que le avisa de la deslealtad de su mujer e hijo, decide vengarse sin más comprobación:
DUQUE: ni esto a información me obliga,
que mal que el honor estraga,
no es menester que se haga, 2550
porque basta que se diga.
Luego duda y cree que puede ser una trampa de algún enemigo4 del Conde:
DUQUE: ¿No puede algún enemigo 2630
del Conde haber tan gran traición forjado?
Pero necesita comprobarlo todo para salir de dudas. Nada mejor que un experimento que le dé la certidumbre total. Acechando escondido, escucha y ve el amor declarado y consumado de los dos amantes. Ya no necesita más comprobaciones, los sentidos no le engañan:
DUQUE: No es menester más testigo;
confesaron de una vez; 2746
Se dispone a dar el castigo de tal forma que "no se infame mi nombre", que no se haga pública ni su venganza (privada), ni su castigo (público).
El Duque ha conseguido la certidumbre total gracias a los sentidos. Ahora utilizará la razón, entendida como "la potencia intelectiva, en cuanto discurre y raciocina" (Dicc. de Autor.) y como esa razón que les faltó a los dos amantes. Mediante este acto de raciocinio va a "fabricar","inventar"5 el final de la obra.
Es el Duque el que dispone y maquina los acontecimientos finales de la obra; parece como si la mano de Lope desapareciera y fuera el Duque el que escribiera el final.
También aparece el temor a Dios, como presintiendo que actúa mal. En un principio, el Duque se justifica legando su castigo en el poder divino, siendo él mismo un mero ejecutor de la ley de Dios:
DUQUE: Cielos (...)
Alzad la divina vara.
No es venganza de mi agravio,
(...)
Este ha de ser un castigo
vuestro no más... 2843
Pero posteriormente vendrá el temor a la ejecución de la ley de Dios porque se siente culpable por planear un castigo que él debió recibir:
DUQUE: La ley de Dios cuando menos, 2910
es quien la culpa relata,
su conciencia quien la escribe.
Pues ¿para qué me acobardas?
Él viene ¡Ay cielos, favor!
La ley de Dios le sirve de excusa para su castigo, pero esa misma ley le atemoriza porque él (un pecador también) no es quién para tomarse la justicia por su mano, y menos poniendo a Dios por testigo. La conciencia de su error es lo que le hace dudar. De hecho, su primera intención es castigar únicamente a su esposa:
DUQUE: Seré padre y no marido 2846
porque la muerte de su hijo, sangre de su sangre, le produciría una profunda tristeza:
DUQUE: pero dar la muerte a un hijo,
¿qué corazón no desmaya? 2869
Sin embargo, la ley de Dios manda y hay que dejar fuera los sentimientos paternales:
DUQUE: ¿Qué quieres, amor? ¿No ves
que Dios a los hijos manda
manda honrar los padres, y el Conde
su mandamiento quebranta? 2885
Y se decide a castigar también al hijo porque en un futuro puede llegar a matarle:
DUQUE: Déjame, amor, que castigue
a quien las leyes sagradas
contra su padre desprecia,
pues tengo por cosa clara
que si hoy me quita la honra, 2890
la vida podrá mañana.
Como si en la sala de un juzgado nos encontráramos, el Duque se dispone a administrar justicia, dentro de un juicio en el que no falta nada:
DUQUE: cuando el honor, en la sala
de la razón presidiendo, 2900
quiere sentenciar la causa.
La razón preside el tribunal, es el juez que dictará justicia porque es el que posee la capacidad de discernir la verdad.
DUQUE: El fiscal verdad le ha puesto
la acusación, y está clara
la culpa; que los ojos y oídos
juraron en la probanza. 2905
El fiscal, el Duque, le ha puesto verdad al caso gracias a los sentidos, que son los testigos que aportan las pruebas irrefutables.
DUQUE: Amor y sangre, abogados
le defienden; mas no basta,
que la infamia y la vergüenza 2908
son de la parte contraria.
Los abogados, los sentimientos humanos de unión familiar, no pueden hacer frente a la infamia y a la vergüenza.
La unión de los sentidos y de la razón dan el triunfo a el Duque, un triunfo que se produce frente a los sentimientos, aquéllos que sí triunfan con los amantes.
El castigo será perfecto: no se verá agraviado su honor públicamente y él no tendrá ni que manchar su espada en ninguno de los dos cuerpos; realmente es un gran acierto de Lope el hecho de que consiga, sin dañar el criterio de verosimilitud, que el "inventor" de la "invención" haga justicia pública sin que mate directamente a los amantes. Consigue preservar su honor6. El castigo no es venganza pública porque la causa del castigo es la rebelión de un hijo que quiere romper el orden social:
DUQUE: pagó la maldad que hizo
por heredarme. 3017
Pero privadamente, sí existe venganza. El Duque no hace más que justificar sus actos, esto es lo que le delata, sobre todo cuando se justifica con Dios, pero temiéndole. A partir de aquí, la proyección social que dan los hechos es fruto de la "genial invención", ésta le permite salvar su honor públicamente, haciendo que el castigo no sea venganza ante los ojos del público. El análisis hecho demuestra que sí hay venganza tanto privada como pública; la original forma de disponer los hechos es lo que evita la sensación de venganza y sí la presencia de la idea de justicia. Hay venganza privada y pública porque su honor es agraviado desde ambos planos. La idea de administrar justicia ante la autoridad divina y ante la sociedad no son más que fruto del gran plan ideado por el Duque.
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