Las metodologías de Diseño Centrado en el Usuario incluyen entre sus técnicas la “observación de campo” que consiste en observar a los usuarios en su entorno. Utilizo la observación casi desde el inicio de mi actividad en el campo de la usabilidad y no llego a comprender por qué en la mayor parte de los proyectos se obvia esta técnica siendo tan sencilla y barata.
Observar al usuario en su entorno no precisa de ninguna infraestructura, nos basta con un bloc, un bolígrafo y un poco de metodología. Se puede utilizar también una cámara fotográfica o de vídeo, aunque no son indispensables. Dado que todo el mundo dispone de un bloc y de un bolígrafo, en este artículo aportaré la metodología. ¿Cuál? La mía, la que he ido adaptando a mi estilo y me ha resultado más efectiva en mi entorno de trabajo.
Empecé en 1991 observando a mi hija cuando, con tres años, se dedicaba a tirar a la papelera todos los documentos que yo tenía en mi Apple Macintosh SE. Con esa acción mi hija me mostró el mejor camino que existe para entender el modelo mental del usuario: la observación. Así que empecé a observar. ¿Cómo? Al principio por intuición. Fue más tarde cuando en la literatura sobre usabilidad encontré nombres como “observación de campo”, “observación contextual” y “análisis etnográfico”.
Ante todo, debo precisar lo que entiendo por “mi” metodología. Quiero dejar claro que “mi” metodología parte de los métodos que utilizan los investigadores sociales. Pero dado que mi trabajo no requiere de la rigurosidad exigida en la investigación científica, me acojo a esa especie de quinta enmienda de la usabilidad que es el concepto de “discount usability” proclamado por Jakob Nielsen en su libro “Usability Engineering”.
Debo también agradecer a Sal Atxondo algunas buenas prácticas que aprendí de él cuando, hace aproximadamente unos tres años, abordamos conjuntamente unas sesiones de observación que fueron claves para el éxito del proyecto.