""Definir los posibles tipos de trabajos de investigación o las posibles variaciones en el proceso de producción de conocimientos y tecnologías no es simplemente un ejercicio taxonómico, típico de las clases de metodología. Justamente, donde resulta urgente e imprescindible definir variaciones o modalidades tanto del producto como del proceso es en el área organizacional. No podríamos organizarnos como investigadores si no tuviéramos la posibilidad de reconocer las diferencias y semejanzas de unas tareas con respecto a otras, de unos trabajos con respecto a otros. Pero no basta con que cada quien tenga en mente algún criterio personal para esto. En toda organización o en todo proceso de producción organizado se requieren ciertas ‘normalizaciones’, sin que ello implique caer en los extremos de las prescripciones rituales. Es fundamental, cuando menos, un lenguaje común para referirse al propio trabajo y a sus distintas manifestaciones.
En un trabajo anterior (Padrón, 1994b) se propuso un cierto sistema de conceptos, de base epistemológica, para analizar y controlar las posibles modalidades o variaciones de la investigación, siempre en función de necesidades organizacionales. Los aspectos centrales de ese sistema de criterios se exponen a continuación, comenzando por una consideración acerca de las condiciones de adecuación de todo sistema de este tipo y por las bases teóricas que sustentan el sistema propuesto.
i) Las condiciones mínimas que debe cumplir cualquier sistema conceptual para discriminar variaciones típicas de los procesos de investigación están dadas por las mismas condiciones lógicas de las clasificaciones, en general. Se ha demostrado lógicamente que el incumplimiento de alguna de estas condiciones torna ineficaz el sistema conceptual utilizado para discriminar.
Una de ellas es la ‘potencia’ o capacidad de cobertura, en el sentido de que el sistema debe dar cuenta de todos los elementos pertenecientes al universo que se pretende someter a discriminación (el sistema será menos potente en la medida de la cantidad de elementos que queden fuera del sistema o que el sistema no considere). Un ejemplo de poca capacidad de cobertura es, por ejemplo, la clasificación que sólo discrimina entre investigaciones ‘cuantitativas’ y ‘cualitativas’, ya que históricamente ha habido (y suele haber) muchas investigaciones que no pertenecen a ninguno de esos dos tipos (por ejemplo, casi todas la investigaciones teóricas en lingüística desde los 60’, como el modelo de la gramática transformacional de Chomsky, las investigaciones en lógica de la acción, las teorías del discurso de base lógica, etc.).
Otra condición es la ‘independencia de las clases’, según la cual ninguno de los elementos del universo discriminable puede pertenecer a más de una de las clases del sistema. La distinción ‘cualitativo/cuantitativo’ incumple también esta condición, desde el momento en que se admiten investigaciones “cualicuantitativas”. También incumple esta condición la clasificación típica de los libros de metodología: exploratoria, descriptiva, documental, de campo, etc., tal como lo demuestran muchas tesis de grado que, a la hora de definir el propio tipo de investigación, indican que el trabajo es descriptivo, por ejemplo, porque sistematiza observaciones y que también es documental porque se apoya en documentos y que además es de campo porque lleva a cabo entrevistas, etc. En fin, si un sistema cualquiera establece n clases discriminadas pero luego los elementos del universo pertenecen a todas las clases o a la mayoría de ellas, entonces el sistema se hace inútil, ya que, precisamente, no permite discriminar.
Una tercera condición es la relevancia (adecuación pragmática), que se refiere a la utilidad o significatividad del sistema para los efectos prácticos de la situación en la que se requiere de discriminaciones, es decir, para los fines de la discriminación. Por ejemplo, si requerimos discriminar los trabajos de investigación para poder saber qué trabajo antecede a otro o cuáles tienen que esperar hasta que se terminen otros, entonces un sistema que los discrimine de acuerdo al lenguaje o sistema simbólico que usan (por ejemplo, cuantitativo vs. cualitativo) no resulta relevante, ya que no nos dice nada acerca de lo que queremos. Tampoco nos serviría la clasificación que suelen ofrecer los libros de metodología, antes mencionada.
Una última condición es la uniformidad de criterios de discriminación. Por ejemplo, la diferencia entre investigaciones descriptivas y explicativas obedece a un criterio de intención o de fines investigativos, pero la distinción entre trabajos de campo y trabajos documentales se refiere a la fuente de los datos que se manejan. Al mezclar esos cuatro tipos en un solo sistema discriminatorio, se están confundiendo criterios de diferente orden (algo así como si dividiéramos a las personas en flacos, altos, inteligentes y generosos).
ii) La base teórica del sistema aquí propuesto parte de la hipótesis de los estilos de pensamiento, como patrones estables de resolución de problemas en todas las personas, más la hipótesis de que los llamados Enfoques Epistemológicos, en el plano de la filosofía de la ciencia, se corresponden unívocamente con esos mismos estilos de pensamiento, en el plano de la psicología ordinaria (Rivero, 2000, ofrece abundante argumentación a favor de esas dos hipótesis). Se supone que tanto los Enfoques Epistemológicos como los Estilos de pensamiento son configuraciones estables y universales (siempre han existido y siempre existirán).
El hecho de que de tanto en tanto cada uno de los enfoques epistemológicos haya prevalecido socialmente en el control de la ciencia para un determinado momento histórico, habiendo ocurrido esto de un modo más o menos cíclico (racionalismo1 -> introspectivismo1 -> empirismo1 -> racionalismo2 -> empirismo2 -> racionalismo3 -> introspectivismo2...), es lo que ha generado escuelas, “círculos” o “paradigmas” al modo de Kuhn. Esto significa que, mientras los Enfoques Epistemológicos, correlativos a los estilos de Pensamiento, son atemporales y universales, los paradigmas, en cambio, son las manifestaciones históricas y episódicas de esos enfoques y de esos estilos. Es decir, los paradigmas reflejan los enfoques epistemológicos y van apareciendo eventual y sucesivamente en la línea histórica como dominantes en el control social de la ciencia (para más detalles y argumentos véase Rivero, 2000).
Ahora bien podría ser también un mecanismo social lo que explica, al menos parcialmente, que en un cierto momento sociocultural domine un cierto enfoque epistemológico a través de algún ‘paradigma’: dado un cierto paradigma, éste tiende a mantener su dominio hasta que un investigador ‘líder’ logre un éxito científico importante mediante un enfoque epistemológico diferente al que sustenta al paradigma tradicional. En este caso, el investigador líder, caracterizado por un cierto estilo de pensamiento, logra imponer socialmente el enfoque epistemológico asociado a ese estilo (Galilei y Einstein son ejemplos clásicos). Aparentemente, la capacidad de liderazgo y de éxito de los investigadores en el seno de una comunidad científica podría ser un mecanismo clave en las llamadas “revoluciones científicas”, no sólo en el nivel mundial sino también en el nivel local y aun institucional.
Si estas hipótesis son acertadas, entonces son también acertadas las siguientes derivaciones: primero, no existe un enfoque epistemológico que sea mejor que los demás, o sea, no hay tal cosa como “el enfoque epistemológico a seguir”. Segundo, no podemos aceptar imposiciones ni proselitismos en torno a ninguno de los enfoques epistemológicos para la investigación, ya que no se trata de convencer a nadie ni de definir parcelas al modo de los partidos políticos o las religiones. Tercero, todos los enfoques epistemológicos pueden coexistir (la célebre “tolerancia epistemológica” de Rudolph Carnap) y, aun más, podrían asociarse en el sentido de comparar los resultados que se obtienen por una y otras vías en desarrollos paralelos. Cuarto, cada investigador debe trabajar en correspondencia con su propio estilo de pensamiento (correlativo a un enfoque epistemológico) y no según pretendan los profesores, tutores y epistemólogos (para otras implicaciones de este tipo y, en general para las relaciones entre epistemología y operaciones de investigación, véase dentro de nuestra Línea a Camacho, 2000). Finalmente, un sistema que discrimine los tipos de investigación de acuerdo al enfoque epistemológico parece cumplir todas las condiciones arriba señaladas para efectos de organización de la IU.
Un último componente de esta base teórica es el concepto de “estructura diacrónica” de la investigación, concepto que se aplica a la evolución o progreso de los programas de investigación (en el sentido de Lakatos) y que, según las evidencias aportadas por Rivero (2000), se aplica también al desarrollo cognitivo individual, a partir de la infancia. Hernández (2000), por su parte, considera estas fases diacrónicas como “macro-intenciones” discursivas que explican la pragmática de la investigación. En el siguiente punto detallaremos este concepto.
iii) Tipos de investigación según el Enfoque Epistemológico. La importancia del sistema de convicciones epistemológicas que subyace a los trabajos de investigación es de tal magnitud que parece imposible organizar la IU sin atender a este criterio. Existen muchas clasificaciones de estos enfoques. Las que utilizamos en nuestra Línea de investigación nos han dado resultados aceptables, no sólo para administrar las tesis doctorales y los trabajos libres, sino también para orientar los seminarios de Epistemología.
Una clasificación detallada es la que considera dos variables de convicciones cognitivas (y filosóficas): lo que privilegian como fuente del conocimiento (con dos valores: empirismo y racionalismo) y lo que privilegian dentro de la relación entre el sujeto y el objeto del conocimiento (con dos valores: idealismo y realismo). El cruce de ambas variables (2X2) genera cuatro tipos de enfoques epistemológicos, tal como se ve en la Tabla 1.
Pero, para efectos prácticos, redujimos esa clasificación sólo a tres clases, basándonos en el criterio de lo que conciben como naturaleza del conocimiento y lo que conciben como método válido de producción y justificación. Esta clasificación puede verse en la Tabla 2, donde la segunda y tercera columnas reflejan los criterios de clasificación, mientras que las columnas subsiguientes son criterios asociados a los dos anteriores (consecuencias o implicaciones filosóficas).
Esta última tipología resulta estrictamente coincidente con una de las clasificaciones de los estilos de pensamiento elaboradas en el campo de la psicología. La hipótesis de las equivalencias entre Enfoques Epistemológicos y Estilos de pensamiento ha sido desarrollada, como ya se dijo, por Rivero (2000) sobre la base de esta última clasificación.
iv) Tipos de investigación según las Fases Diacrónicas. Según el concepto de la ‘Estructura diacrónica’ de la investigación, los programas de investigación comienzan haciendo ‘descripciones’ del área bajo estudio, como modo de organizar la realidad que seleccionan como objeto de trabajo. Una vez que esta fase descriptiva se halla relativamente saturada, el programa pasa a elaborar ‘explicaciones’ o teorías que revelen por qué la realidad bajo estudio funciona del modo en que aparece descrita previamente. Aparentemente, tal como se ve en la historia universal de las investigaciones, es esta fase la que centra todo el ideal de la ciencia occidental. La construcción de teorías, de ese modo, se convierte en la meta más alta del trabajo investigativo (tal como lo pregonan los escritos de Popper, Kuhn y Lakatos). Seguidamente, el programa avanza a una fase de ‘contrastaciones’, de chequeos o comprobaciones de las teorías elaboradas en la fase anterior, como modo de asegurar su progreso y como trabajo donde interviene la crítica y la evaluación, más que la creación. Finalmente, los programas de investigación avanzan hacia las ‘aplicaciones’ de las teorías ya contrastadas, es decir, hacia propuestas que definan ‘tecnologías’, entendidas éstas como maneras de actuar, como sistemas de acción y como diseños de transformación, control o intervención sobre el mundo real. El Gráfico 5 ilustra este concepto de progreso diacrónico de los Programas de Investigación.
Con este otro concepto podemos establecer una tipología adicional de los procesos y productos investigativos para efectos de organización de la IU. En particular, con esta discriminación podemos controlar las relaciones de anterioridad y posterioridad de los trabajos de investigación dentro de un programa, es decir, sabremos cuáles trabajos resultan insumos con respecto a otros.
Aunque un solo trabajo de investigación individual podría cubrir todas estas fases (como de hecho solía ocurrir hace no muchos años, con la idea de los “trabajos ambiciosos” en el nivel de estudios doctorales), lo ideal es que se distribuya el esfuerzo entre varios investigadores ubicados en una misma Línea. Un mismo trabajo individual podría cubrir una, dos, tres o cuatro de esas fases, y las Agendas de Investigación dentro de la Línea decidirían previamente a qué fase(s) ha de atender cada investigador. Pero, en definitiva, la idea de estas cuatro fases se aplica, propiamente hablando, a los Programas y no a los individuos. Más adelante, cuando hablemos de las relaciones entre la investigación y el curriculum, consideraremos nuevamente las posibilidades de distribución de estas fases con respecto a los diferentes niveles de la educación superior (pregrado, maestrías y doctorados).
Por otra parte a cada una de estas fases corresponden tipos de investigación diferentes, que se discriminan por su estructura de planificación y ejecución y aun por la forma documental del reporte final (como se muestra en la Tabla 3, en las columnas).
Finalmente, si cruzamos los tipos de enfoques epistemológicos con los tipos diacrónicos de investigación obtendríamos 12 patrones básicos de trabajos individuales de investigación. Por supuesto, estos patrones no deben verse como encasillamientos rígidos ni los límites entre esos patrones son tampoco discretos o radicales. Más bien, hay mucho de relaciones de frontera entre ellos (la idea de los conjuntos difusos se aplica perfectamente aquí). En la Tabla 3 se caracterizan esos patrones derivados de un cruce entre los dos criterios que se han explicado.
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