Organizar la investigación - OPCIONES DE SOLUCIÓN
En esta sección se ofrecen algunas posibles soluciones al problema de la organización de la IU. En general, los conceptos de ‘Redes de Problemas’, ‘Líneas’, y ‘Programas’ o ‘Agendas’, concebidos de una cierta manera, aglutinan la solución aquí formulada.
El que la IU sea hasta ahora un hecho individualizado, en el que cada cual investiga según sus propios intereses y según su libre iniciativa, nos lleva al concepto de organización de la investigación. Esta idea de organización se basa en dos premisas importantes:
i) Los procesos de investigación se definen sustantivamente, entre otras cosas, por su carácter de ‘socialización’, igual que el arte o la lengua (en los que nada es ‘mío’ sino de ‘todos nosotros’), es decir, se definen por su compromiso con los demás, por su referencia intersubjetiva (en el sentido de Kant y Popper, no en el sentido de Habermas). Se definen por la medida en que respondan a circunstancias, aspiraciones y necesidades de las grandes colectividades.
Cuando decimos que la Investigación implica un compromiso con ‘los demás’, podemos preguntarnos algo así como ¿quiénes son ‘los demás’? La respuesta que demos a esa pregunta es muy significativa, porque de allí deriva el problema que antes se mencionó: al contrario del “coronel” de García Má rquez, que no tenía quien le escribiera, el investigador de la IU, en cambio, no tiene a quién escribirle (sobre todo si es un tesista de nuestras universidades).
La idea es que ‘los demás’ no puede estar constituido por el propio investigador ni por su propia conciencia íntima, ya que ello significaría apropiarse indebidamente (y absurdamente) de algo que es de todos, igual que el arte o la lengua. Pero tampoco puede estar constituido por una comunidad académica cerrada, por un círculo científico que sólo vive a través de su propia jerga y que, en general, está supeditado a liderazgos científicos circunstanciales (tal vez demasiado inestables por ser demasiado personalizados y, por tanto, muy poco confiables, aun si se trata de Einstein, Chomsky, Mendeleiev o cualquiera de ellos, tal como observó acertadamente Thomas Kuhn). Si asumimos el hecho de que la investigación científica se debe a las grandes colectividades, entonces deberíamos ubicarnos mucho más allá de la conciencia íntima y de los grupos científicos para mirar primero hacia nuestra propia gente y, luego, hacia la gente que aparece más allá de nuestras fronteras socioculturales. Al fin y al cabo, la Ciencia no es de los científicos sino de nuestros pueblos y de nuestras propias necesidades, siempre por consideración a las prioridades entre lo que está más cerca y lo que está más lejos.
Según esto, la IU debería orientarse primero a nuestras propias necesidades en cuanto colectividad, a progresivos niveles: local, regional, nacional, continental e Intercontinental.
Por otra parte, no debe olvidarse que los procesos de investigación pueden ser vistos a dos niveles: en cuanto trabajo realizado por un individuo (el investigador) y en cuanto programa llevado a cabo por grupos de individuos, a veces a lo largo de varias generaciones (agenda). En realidad, el trabajo individual carece de todo sentido cuando no se inserta en un programa.
Un examen a la experiencia nos revela el caso ejemplar de ciertos grupos de investigación que han tenido lugar en nuestro país (por ejemplo, los analizados por Picón, 1994; la misma Línea de Picón, por cierto, forma parte de este caso), los cuales se han caracterizado por su orientación socializada, por sus planteamientos investigativos de tipo colectivo, articulado, y gestionados al modo de las agendas. Estas líneas suelen tener su origen en torno a un académico interesado en alguna temática, el cual no sólo promueve ante los grupos de estudiantes las diferentes ramificaciones y posibilidades de desarrollo de dicha temática, sino que además racionaliza sus tutorías de investigación en torno a esas posibilidades, diseñando ofertas de trabajo y concentrando sus esfuerzos en coordinar la búsqueda progresiva en torno a los problemas previstos en el área. Así, casi como los procesos de generación espontánea, van naciendo y consolidándose esos grupos. Claro, se trata de iniciativas personales con respecto a las cuales la institución a menudo se comporta indiferentemente. Pero, en todo caso, nos podría revelar cómo los procesos de investigación se orientan, por su propia naturaleza, hacia las gestiones grupales y los objetivos programáticos. Adicionalmente, este caso ejemplar también podría revelarnos que los grupos de investigación no nacen por decreto, de modo que todo rediseño organizacional de la IU debería comenzar no por resoluciones de los diferentes consejos de la universidad, sino por un trabajo de convencimiento e inducción realizado desde la base profesoral y estudiantil, mientras paralelamente la universidad facilite los mecanismos de reorganización.
ii) Complementariedad y secuencia: las posibilidades de articular entre sí dos o más trabajos individuales de investigación se fundamentan en dos relaciones estructurales: la complementariedad y la secuencia (estas dos relaciones fueron planteadas por Hernández, 1996, para su teoría de la Interacción y luego fueron también planteadas por Ojeda de López, 1998, y Quintero, 2001).
En virtud de la relación de complementariedad, dos o más trabajos individuales se articulan entre sí por el hecho de que, sumados todos en un mismo momento, vienen a constituir un solo trabajo compacto en un nivel superior de análisis. Evidentemente, esta relación de complementariedad supone diferentes niveles jerárquicos de generalidad (inclusiones sucesivas). Es la misma estructura representada en general por los diagramas arbóreos, tal como se muestra en el gráfico 2, donde los puntos terminales (inferiores) de las aristas representan trabajos individuales y los que aparecen por encima de ellos representan uniones de dichos trabajos en niveles cada vez más amplios, hasta formar, en conjunto, una red de complementariedad (un solo programa articulado).
En virtud de la relación de secuencia, dos o más trabajos individuales se articulan entre sí en una trayectoria de tiempo, donde unos preceden a otros, es decir, donde un trabajo sucesor requiere de un trabajo precedente, a modo de insumo, y donde el trabajo precedente se orienta a proveer bases de entrada para el trabajo sucesor. Identificamos una relación secuencial entre dos trabajos de investigación ii, ij, cuando la expresión ii -> ij no puede ser sustituida por la expresión ij -> ii. En general, los conocidos diagramas Gantt representan esta relación (ver Gráfico 3).
Aplicando estas dos relaciones al caso de la IU, vemos que, precisamente, lo que define su situación actual es, hablando en general, la imposibilidad de definir alguna de estas dos relaciones sobre el conjunto de los trabajos de investigación producidos dentro de una universidad. Y, a la inversa, si las universidades replantearan su actividad investigativa sobre la base de estas dos relaciones, ya la IU dejaría de ser un hecho individualizado.
Por supuesto, no se trata simplemente de una implantación de relaciones estructurales para conseguir una articulación. Hay implícito todo un complejo de factores organizacionales que deberían irse aclarando poco a poco, desde cambios actitudinales hasta funciones administrativas, pasando por problemas de clima y cultura organizacionales. Pero, al menos, lo dicho en i y ii permite tener una visión más clara de las posibilidades de solución.
Partiendo de esas dos premisas pasaremos ahora a revisar algunas opciones de solución.
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