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Platón - Apología a Socrates: 30e / 31 d/ 33c / 34c/

(6 opiniones)
Monografía creado por Idoneos. Extraido de: http://platon.idoneos.com/
05 de Mayo de 2006
Filosofía

7 - Apología a Socrates: 30e / 31 d/ 33c / 34c/

30e

Si me matáis por ser lo que soy, no es a mí a quien castigáis ni infringís el más mínimo daño, sino que es a vosotros mismos. Pues a mi, ni Meletos ni Anitos pueden ocasionarme ningún mal, aunque se lo propusieran.¿Cómo pueden hacerlo si estoy plenamente convencido de que un hombre malvado jamás puede perjudicar a un hombre justo?No niego que puedan lograr mi condena a muerte, el destierro, o la pérdida de derechos ciudadanos; penas que para muchos de ellos puedan tratarse de grandes males, pero yo pienso que no lo son en modo alguno. Más bien creo mucho peor hacer lo que él hace ahora: intentar condenar a un hombre inocente. Por eso estov muy lejos de lo que alguno quizá se haya creido: de que estoy intentando hacer mi propia defensa. Muy al contrario, lo que hago es defenderos a vosotros para que al condenarme no cometais un error desafiándo el don del dios. Porque si me matáis dificilmente encontráreis otro hombre como yo, a quien el dios ha puesto sobre la ciudad, aunque el símil parezca ridículo, como el tábano que se posa sobre el caballo,remolón, pero noble y fuerte y que necesita que un aguijón le encorajine. Así, creo que he sido colocado sobre esta ciudad por orden del dios para teneros alerta y corregiros, sin dejar de encoraginar a nadie, deambulando todo el día por calles y plazas.

Un hombre como yo, no lo volvereis a encontrar, atenienses, por lo que si mi hiciérais caso me conservaríais. Pero, en el caso de quc vosotros, enojados como los que sobresaltados por el aguijón de un molesto tábano,de una fuerte palmada y dóciles a las insinuacioncs de Anitos, me matarais impulsivamente, creyendo quc os pasaréis el resto de vuestra vida tranquilos sin que nadie moleste ya vuestros sueños, a no ser que el dios, preocupado por vosotros, os mande a algún otro como yo.

Que yo sea un don del dios para esta ciudad, vais a convenceros con lo que voy a añadir: no parece muy humano el que haya vivido descuidado de todos mis asuntos e intereses y que durante tantos años dejé abandonados mis bienes, y en cambio esté siempre ocupándome de lo vuestro, llegando a interesarme para que cada uno se ocupe del bien y de la virtud, como si yo fuese su padre o hermano mayor. Y si de estas actividades sacara alguna ganancia o hiciera estas exhortaciones mediante paga, aún tendría algún sentido que justificaría lo que hago.Pero vosotros mismos podéis comprobar que a pesar de tantos reproches acumulados contra mí por esa caterva de acusadores, no han tenido el atrevimiento ni de insinuar de que yo haya cobrado alguna vez renumeración alguna. Y de que estoy diciendo la verdad presento al mejor y al más fidedigno de los testigos: mi pobreza y la de los míos.

31d

Quizá encontréis que sea un contrasentido el que yo me he pasado la vida exhortando a los ciudadanos en privado y que me he metido en tantos líos,que no me haya atrevido a intervenir en la vida pública, participando en vuestras Asambleas y aconsejando a la ciudad.

La explicación está en lo que me habéis oído decir tantas veces y en tan diversos sitios,y es que se da en mí una voz, manifestación divina o de cierto genio, y que me sobreviene muchas veces. Incluso se habla de ella en la acusación de Meletos, aunque sea en tono despectivo. Es una voz que me acompaña desde la infancia y se hace sentir para desaconsejarme algunas acciones pero que jamás me ha impulsado a emprender de nuevas. Esta es la causa que me ha impedido intervenir en la política.Y me lo ha desaconsejado, creo yo, muy razonablemente. Porque lo sabéis muy bien: si hace tiempo me hubiera metido en pólítica, hace tiempo que ya estuviera muerto y por ello no habría sido útil, ni a vosotros, ni a mí mismo.

Y no os irritéis contra mí porque os diga la verdad, una vez más. No hay nadie que pueda salvar su vida, si valientemente se opone a vosotros o a cualquier otra Asamblea y se empeña en impedir las múltiples injusticias e irregularidades que se cometen en cualquier ciudad. En consecuencia,a quien quiera luchar por la justicia, debe tener muy presente si es que quiere vivir muchos años que se confòrme con una vida retirada y que no se ocupe de los asuntos públicos.

Y voy a daros pruebas contundentes de ello, no con palabras, sino con lo que tiene mayor fuerza ante cualquier auditorio: los hechos.

Escuchad lo que me ha ocurrido para que comprobéis que yo no cedo ante nadie. El temor a la muerte es impotente para hacerme desistir de algo que sea contrario a la justicia.

0s vov a relatar cosas cargantes, a la manera de los abogádos, pero todas ciertas.

Yo no ejercido cargos públicos más que en dos ocasiones: cuando siendo miembro del Consejo coincidió que nuestra tribú de Antióquida, ejercía su turno de Presidencia y vosotros estabais deliberando qué hacer con aquellos diez estrategas que no habían recogido los cuerpos de los soldados caídos en la la batalla naval y se intentó juzgarlos a todos juntos. Esto estaba en contra de nuestras leyes como después se demostró.

Entonces yo sólo, y en contra de todos los Prítanos, me opuse a que vosotros hicierais algo en contra de la ley y voté en contra de todos. Y a pesar de que los oradores, alentados por vuestras protestas y vuestro apasionamiento, exigían abrirme un proceso para llevarme ante los tribunales, creí que era mucho mejor estar de parte de la ley y de la Justicia, aunque me supusiera graves peligros, que ponerme de vuestra parte en busca de seguridades, si por ello debía ir en contra de la justicia o era movido por el temor de la muerte o del encarcelamiento. Y esto ocurrió cuando Atenas era gobernada por la democracia.

Pero también, bajo el régimen oligárquico de los Treinta fuí requerido, juntamente con otros, para que me presentara ante el Tolos, y nos ordenaron que nos trasladáramos a Salamina para buscar al estratega León y colaborar en su muerte.

Misiones de este tipo enconmendaban a muchos otros para comprometer a cuantos más pudieran en su criminal gestión de gobierno.Y entonccs,volví a demostrar, no con palahras, sino con los hechos, que la muerte lo digo sin ambages, no me importa lo más mínimo, mientras que intentar no cometer acciones injustas es para mí lo más importante. E incluso aquel régimen que presumía de duro, y en verdad lo era , no pudo doblegarme para hacer un acto injusto.Y cuando salimos del Tolos,los otros cuatro se dirigieron a Salamina para cumplir tan injusta orden y traerse a León, pero yo me fui tranquilamente a mi casa. Por este motivo es muy posible que ya hubiera encontrado entonces la muerte, pero aquel régimen cayó poco después. De todo esto muchos de vosotros podéis ser testigos.

Y bien: ¿acaso creéis que yo hubiera vivido muchos años si me hubiera dedicado a la política, si, portándome como es propio de quien antepone su honradez a sus intereses, hubiera hecho de la defensa de la justicia mi compromiso, anteponiéndole, como debe ser, por encima de todo? Ni mucho menos, atenienses, como tampoco ningún otro que lo intente de esta manera.

Pero yo, durante toda mi vida, ya sea en las cuestiones de interés público en que he intervenido o en las privadas, he sido siempre el mismo y jamás he actuado contra la justicia, ni he permitido hacerlo a aquéllos que mis acusadores denominan mis discipulos, ni a los demás.

Pero, aunque jamás he sido maestro de nadie, si alguien, joven o mayor, ha sentido deseos de oírme u observarme, nunca lo he rehusado. No soy hombre que hable por dinero o que me calle si me lo dan. Estoy a total disposición tanto del rico como del pobre para que me pregunten cuanto deseen y todos podéis contrastar lo que digo. Jamás me he negado a dialogar. Y si alguno, por todo ello, se convierte en un hombre mejor o peor, no se me eche a mí el mérito ni el castigo, ya que jamás prometí a nadie ningún tipo de enseñanza ni de hecho la enseñé. Por ello, si sale alguien que dice que ha aprendido algo porque ha recibido lecciones mías, sean particulares o públicas, podéis estar seguros que os está mintiendo.

33c

Ya lo habeis oido,atenienses,os he dicho sólo la verdad:les resulta intrigante ver cómo interrogo a los que presumen de sabios,pero que de hecho no lo son.

Sostengo que ese es el mandato que he recibido del genio, ya sea en sueños, oráculos o por cualquiera de los medios normales con que un dios acostumbra a servirse para asignar a un hombre una misión. Esa es la verdad y no es nada dificil probarla. Pues si yo hubiera dejado una estela de jóvenes corrompidos,y aun ahora los fuera corrompiendo, es natural que alguno, o todos, estarian aqui presentes para acusarme y exigir el castigo y si ellos no se atreviesen, sus padres o hermanos vendrían en su lugar por considerar que se ha causado daño a alguien de su familia.

Por el contrario veo a muchos de ellos sentados entre vosotros:primero a Critón, de mi misma edad y del mismo demos, padre dc Critóbulo, tambien aquí prcscnte: después a Lisanias, del distrito de Esfeto, padre de Esquines, quien tenéis aqui también, y ved a Antifonte, del distrito de Cefisia,padre de Epigenes, y a esos otros cuyos hermanos han estado presentes en las conversaciones aludidas: Nicóstrato, hijo de Teozótides,y hermano de Teódoto -Teódoto murió y, por tanto, no puede testimoniar-;Paralio,hijo de Demódoco, cuyo hermano era Téages; Adimanto, hijo de Aristón, del cual es hermano Platón, ahí presente, y Ayantodoro, del cual es hermano Apolodoro, ahi presente. Y podría citaros a muchos más, que incluso al propio Meletos hubiera podido presentar como testigos de su pleito, y si no lo hizo por descuido o por olvido, que lo haga ahora, a ver si encuentra a alguien que corrobore alguno de sus puntos. Pero comprobaréis todo lo contrario, atenienses: todos están dispuestos a declarar a favor del que ha sido su corruptor, el que ha destrozado sus familias, según Anitos y Meletos aseguran.

Cabría la posihilidad de que los ya corrompidos tuvieran alguna secreta razón para auxiliarme y compartir mi responsabilidad,pero los no corrompidos y que son mayores de edad que ellos, sus parientes,¿qué motivos pueden tener para ayudarme, si no es la que Anitos y Meletos están mintiendo y de que yo estoy en la verdad?

Ya he dicho bastante, atenienses.Todo lo que pucda añadir en defensa propia, queda suficiente aclarado con lo expuesto y aunque podría ir añadiendo nuevos aspectos, más o menos, serian del mismo estilo.

34c

Y quiza alguno se indigne al recordar que en otros casos de menos monta, se rogó y suplicó a los jueces con lágrimas, haciendo comparecer ante el Tribunal a sus hijos para despertar compasión, y si se terciaba, a sus parientes y familiares, y yo, en camhio, no hago ninguna de estas cosas a pesar de que estoy corriendo, como se ve, el mayor de los peligros. Puede ser que alguno echándose esas cuentas, tome hacia mí una actitud de despecho, y que irritado por mi forma de actuar,deposite su voto con cólera.

Pues bien: si en alguno de vosotros se da esta situación, aunque ni afirmo de que se dé, sino que analizo esta posibilidad, ya tengo preparada la respuesta que le daría:

Amigo mío, tambien yo tengo una familia y también puedo aplicarme aquello de Homero: "No he nacido ni de una encina ni de las rocas», sino de hombres. Tengo familiares, e incluso tres hijos, uno adolescente, por cierto, y dos de corta edad. Y, sin embargo, a ninguno de ellos permitiré que suba a este estrado para suplicar vuestro voto absolutorio.

¿Por qué no quiero hacer nada de todo esto? No es ni por fanfarronería ni mucho menos por falta de consideración hacia vosotros. Que después afronte la muerte con firmeza o con flaqueza,esa es otra cuestión. Pero, por mi buen nombre y por el vuestro, que es el de nuestra ciudad,a mi edad no me parece honrado echar mano de ninguno de estos recursos, y mucho menos, con la opinión que se ha formado de que Sócrates se diferencia de la mayoría de los hombres. Si de entre vosotros, los que destacan por su valentía o por su inteligencia o por cualquier otra virtud, se comportasen de este modo, cosa fea sería. Alguna vez he visto a algunos de esos que son considerados importantes, cuando se les está juzgando y temen sufrir alguna pena o la misma muerte, su conducta me parece inexplicable, pues, parece que están convencidos de que si logran de que no se les condene a muerte, después ya serán por siempre inmortales. Estos son la deshonra y el oprobio de nuestra ciudad, porque pueden hacer creer a los extranjeros que aquellos ciudadanos que distinguimos con honores y que eligimos para que ocupen las magistraturas, no se diferencian en nada de las mujeres. Esas son escenas, atenienses, que los que rozamos de cierto prestigio no debemos hacer, y si lo hacemos, vosotros no debéis permitirlo, sino que más bien debeis estar dispuestos a demostrar que condenareis a quien ofrezca el triste espectáculo de suplicar la compasión de sus jueces, dejando en ridículo a la ciudad.

Pero, aparte de la cuestión de mi buen nombre, tampoco me parece digno el ir suplicando a los jueces y salir absuelto por la compasión comprada, sino que hay que limitarse a exponer los hechos y tratar de persuadir, no de suplicar. Pues el jurado no está puesto para repartir la justicia como si de favores se tratara, sino para decidir lo que es justo en cada caso; y lo que ha jurado es interpretar rectamente las leyes, no a favorecer a los que le caigan bien.

Por tanto, no podemos permitirnos el perjurio a nosotros mismos, ni a los demás, pues ambos nos haríamos reos de impiedad. No espereis, pues, de mí, que recurra a artimañas ni acciones que no sean rectas ni justas, y menos ahora, ¡oh por Zeus!, que estoy aqui acusado de impiedad por Meletos. Pues es evidente que si con súplicas llegara a convenceros o bien os forzara a faltar a vuestro juramento, os enseñaría a pensar de que no hay dioses y, así, con mi defensa, de hecho, lo que haría sería condenarme a mí mismo por no creer en los dioses.

Pero no es así, ni mucho menos: yo creo en los dioses, como cualquiera de mis acusadores. Por eso, atenienses, dejo en vuestras manos y en las de los dioses el decidir lo que va a ser mejor para mi y para vosotros.

II. Parte: Sobre la pena.
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