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Platón - Apología de Socrates: 20 c / 21a / 21b / 24 b

 ***-- (1 opiniones)
Creative Commons Monografía de Idoneos - 05 de Mayo de 2006
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5. Apología de Socrates: 20 c / 21a / 21b / 24 b
20 c

Puede que ante eso, alguno de vosotros me interpele:

-Pero entonces, Sócrates, ¿cuál es tu auténtica profesión? ¿De dónde han surgido estas habladurías sobre tí? Porque ni no te dedicas a nada que se salga de lo corriente,sin meterte en lo que no te concierne,no se habría originado esta pésima reputación y tan contradictorias versiones sobre tu conducta. Explícate de una vez, para que no tengamos que darnos nuestra propia versión.

Esto sí que me parece razonable y sensato, y por ser cuerdo, quiero pasar a contestarlo para dejar bien claro de dónde han surgido estas imposturas que me han hecho acreedor de esta notoriedad tan molesta.

Escuchadlo. Quizá alguno se crea que me lo tomo a guasa, sin embargo, estad seguros de que sólo os voy a decir la verdad.

Yo he alcanzado este popular renombre por una cierta clase de sabiduría que poseo.¿De qué sabiduría se trata? Ciertamente que es una sabiduría propia de los humanos. Y en ella es posible que yo sea sabio, mientras que por el contrario, aquellos a los que acabo de aludir, quizá también sean sabios, pero lo serán en relación a una sabiduría que quizá sea extrahumana, o no se con qué nombre calificarla. Habo así, porque, yo, desde luego, que ésa no la poseo ni sé nada de ella y el que propale lo contrario o miente, o lo dice para denigrarme.

Atenienses, no arméis barullo porque parezca que me estoy dando autobombo.

Lo que os voy a contar no serán valoraciones sobre mí mismo, sino que os voy a remitir a las palabras de alguien que merece vuestra total confianza y que versan precisamente sobre mi sabiduria, si es que poseo alguna, y cual sea su índole. Os voy a presentar el testimonio del propio dios de Delfos.

21 a

Conocéis sin duda a Querefonte, amigo mio desde la juventud, compañero de muchos de los presentes, hombre democrático.

Con vosotros compartió el destierro y con vosotros regresó. Bien conocéis con qué entusiasmo y tozudez emprendía sus empresas.

Pues bien, en una ocasión, mirad a lo que se atrevió: fue a Delfos a hacer una especial consulta al oráculo, y os vuelvo a pcdir calma,¡oh,atenienses! y que no me alborotéis. Le preguntó al oráculo si había en el mundo alguien más sabio que yo.Y la pitonisa respondió que no había otro superior.

Toda esta historia la puede avalar el hermano de Querofonte, aquí presente, pues sabeis que él ya murió.

Veamos con qué propósitos os traigo a relación estos hechos; mostraros de dónde arrancan las calumnias que han caido sobre mí.

Cuando fui conoccdor de esta opinión del oráculo sobre mí, empecé a reflexionar:

¿Qué quiere decir realmente el dios? ¿Qué signifíca este enigma? Porque yo sé muy bien que sabio no lo soy, ¿a qué viene, pues, el proclamar el que lo soy? Y que él no miente, no sólo es cierto, sino que incluso ni las leyes del cielo se lo permitirían.

21b

Durante mucho ticmpo me preocupe por saber cuáles eran sus intenciones y qué era lo que en verdad queria decir. Más tarde y muy a desagrado, me dediqué a descifrarlo de la siguiente manera. Anduve mucho tiempo pensativo y al fin entré en casa de uno de nuestros conciudadanos que todos tenemos por sabio, convencido dc que éste era el mejor lugar para dejar esclarecido el vaticinio, pues pensé: «Este es más sabio que yo y tú decías que yo lo era más que todos.»

No me exijaís que diga su nombre; haya hastante con decir que se trataha de un renombrado político.

Y al examinarlo, ved ahí lo que experimenté: tuve la primera impresión de que parecía mucho más sabio quc muchas otros que, sobre todo, el se lo tenía creído, pero que en realidad no lo era.Intenté hacerle ver que no poseia la sabiduria que él presumía tener. Con ello, no sólo me gané su inquina, sino también la de sus amigos.

Y partí, diciéndome para mis cabales: ninguno de los dos sabemos nada, pero yo soy el más sabio, porque yo, por lo menos, lo reconozco. Asi que pienso que en este pequeño punto, justamente si que soy mucho más sabio que él:que lo que no sé, tampoco presumo de saberlo.

Y de allí pase a saludar a otro de los que gozaban aún de mayor fama que el anterior y llegué a la misma conclusión. Y también me malquisté con él y con sus conocidos.

Pero no desistí. Fui entrevistando uno tras otro, consciente que sólo me acarrearía nuevas enemistades, pero me sentía obligado a llegar hasta el fondo para no dejar sin esclarecer el mensaje del dios. Debía llamar a todas las puertas de los que se llamaban sabios con tal de descifrar todas las incógnitas del oráculo.

Y ¡voto al perro! - y juro porque estoy empezando a sacar a la luz la verdad- que ésta fue la única conclusión: los que eran reputados o se consideraban a sí mismos como los más sabios, fue a los encontré más carentes de sabiduría, mientras que otros que pasaban por inferiores, los superaban.

Permitid que os relate cómo fue aquella mi peregrinación,que cual emulación de los trabajos de Hércules llevé a cabo para asegurarme de que el oráculo era irrefutable.

Trás los políticos, acosé a los poetas: me entrevisté con todos: con lo que escriben poemas, con los que componen ditirambos o practican cualquier género literario, con la persuasión de que aquí sí me encontraría totalmente superado por ser yo muchísimo más ignorante que uno cualquiera de ellos. Asi pues, escogiendo las que me parecieron sus mejores obras,les iba preguntando qué es lo que querían decir. Intentaba descifrar el oráculo y, al mismo tiempo, ir aprendiendo algo de ellos.

Pues sí, ciudadanos, me da vergüenza deciros la verdad,pero hay que decirla: cualquiera de los alli presentes se hubiera explicado mucho mejor sobre ellos, que sus mismos autores. Pues pronto descubri que la obra de los poetas no es fruto de la sabiduría, sino de ciertas dotes naturales y que escriben bajo inspiración, como les pasa a los profetas, adivinos, que pronuncian frases inteligentes y bellas, pero nada es fruto de su inteligencia y muchas veces lanzan mensajcs sin darse cuenta de lo que están diciendo. Algo parecido opino que ocurre en el espiritu de los poetas. Sin embargo, me percaté de que los poetas, a causa de este don de las musas, se creen los más sabios de los hombres y no sólo en estas cosas, sino en todas las demás, pero que, en realidad, no lo eran.

Y me alejé de allí, convencido de que también estaba por encima de ellos, lo mismo que ya antes había superado a los políticos.

Para terminar, me fui en busca de los artesanos,plenamente convencido de que yo no sabía nada y que en estos encontraría muchos y útiles conocimientos.Y ciertamente que no me equivoqué: ellos entendían en cosas que yo desconocía, por tanto, en este aspecto eran mucho más expertos que yo, sin duda.

Pero pronto descubrí que los artesanos adolecían del mismo defecto que los poetas: por el hecho de que dominaban bien una técnica y realizaban bien un oficio, cada uno de ellos se creia entendido no sólo en esto, sino en el resto de las profcsiones, aunque se tratara de cosas muy complicadas.Y esta petulancia, en mi opinión, echaba a perder todo lo que sabían.

Estaba hecho un lío, porque intentando interpretar el oráculo,me preguntaba a a mi mismo si debía juzgarme tal como me veía -ni sabio de su sabiduría, ni ignorante de su ignorancia- o tener las dos cosas que ellos poseían.

Y me respondí a mí mismo y al oráculo, que me salia mucho más a cuenta permanecer tal cual soy.

En fín, oh atenienses, que como resultado de esta encuesta, me encuentro, que por un lado me he granjeado muchos enemigos y odios profundos y enconados como los haya, que han sido causa de esta aureola de sabio con quc me han adornado y que han encendido tantas calumnias. En efècto, quienes asisten accidentalmente a alguna de mis tertulias se imaginan quizá de que yo presumo de ser sabio en aquellas cuestiones en que yo someto a examen a los otros, pero en realidad, sólo el dios es sabio,y lo que quiere decir el oráculo es simplemente que la sabiduría humana poco o nada vale ante su sabiduría. Y si me ha puesto a mí como modelo, es que simplementc se ha servido de mi nombre como para poner un ejemplo,como si dijera: Entre vosotros es el más sabio, ¡oh hombres!, aquél que como Sócrates ha caido en la cuenta de que en verdad su sabiduría no es nada.

Es por eso, sencillamente, por lo que voy de acá para allá, investigando en todos los que me parecen sabios, siguiendo la indicación del dios, para ver si encucntro una satisfacción a su enigma, ya sean ciudadanos atenienses o extranjeros. Y cuando descubro que no lo son, contribuyo con ello a ser instrumenro del dios.

Ocupado en tal mencster, da la impresión de que me he dedicado a vagar y que he dilapidado mi tiempo, descuidando los asuntos de la ciudad,e incluso los de mi familia, viviendo en la más absoluta pobreza por preferir ocuparme del dios.

Por otra parte, ha surgido un grupo de jovenes que espontáneamente me siguen y que son los que disponen de mayor tiempo libre, por preceder de familias acomodadas, disfrutando al ver cómo someto a interrogatorios a mis interlocutores y en en más de una ocasión se ponen ellos mismos a imitarme examinando a las gentes. Y es cierto que han encontrado a un buen grupo de personas que se pavonean de saber mucho pero que en realidad poco o nada saben. Y en consecuencia,los ciudadanos examinados y desembaucados por estos, se encoraginan contra mí -y no contra sí mismos que sería lo más lógico-,y de aquí nace el rumor de que corre por ahí un cierto personaje llamado Sócrates, de lo más siniestro y malvado, corruptor de la juventud de nuestra ciudad. Pero cuando alguien les pregunta qué es lo que en realidad enseño, no saben qué responder, pero para no hacer el ridículo, echan mano de los tópicos sobre los nuevos filósofos: «que investigan lo que hay sobre el cielo y bajo la tierra, que no crern en los dioses y de saber hostigar para hacer más fuerte los argumentos más débiles».Todo ello,antes que decir la verdad, que es una y muy clara: que tienen un barniz de saber, pero que en realidad no saben nada de nada.Y como,en mi opinión,son gente susceptible y quisquillosa, amén de numerosa, y que cuando hablan de mí, se apasionan y acaloran, os tienen los oídos llenos de calumnias graves - durante largo tiempo alimentadas.

Y de entre éstos es de donde ha surgido Meletos y sus cómplices, Anitos y Licón.Meletos en representación de los resentidos poetas; Anitos, en defensa de los artesanos y políticos, y Licón, en pro de los oradores.

Asi pues, me maravillaría -como ya dije anteriormente- de que en el poco tiempo que se me otorga para mi defensa,fuera capaz de desvanecer calumnias tan bien arraigadas.

Esta es, oh atenienses, la pura verdad de lo sucedido y os he hablado sin ocultar ni disimular nada, sea importante o no. Sin embargo, estoy seguro que con ello me estoy granjeando nuevas enemistades; la calumnia me persigue y éstas son sus causas. Y si ahora, o en otra ocasión, quereis indagarlo, los hechos os confirmarán que es así.

Por lo que hace referencia a las acusaciones aducidas por mis primeros detractores, con lo dicho basta, para mi defensa ante vosotros.

24b

Por lo que, ahora, toca defenderme contra Meletos, el honrado y entusiasta patriota Meletos, según el mismo se confiesa y con él, al resto de mis recientes acusadores.

Veamos cuál es la acusación jurada de éstos -y ya es la segunda vez que nos la encontramos- y démosle un texto como a la primera. El acta diría así:

Sócrates es culpable de corromper a la juventud, de no reconocer a los dioses de la ciudad, y por el contrario, sostiene extrañas creencias y nuevas divinidades.

La acusacion es ésta. Pasemos, pues, a examinar cada uno de los cargos.

Se me acusa, primeramente, de que corrompo la juventud.

Yo afirmo, por el contrario, que el que delinque es el propio Meletos al actuar tan a la ligera en asuntos tan graves como es el convertir en reos a ciudadados honrados;abriendo un proceso so capa de hombre de pro y simulando estar preocupado por problemas que jamás le han preocupado. Y de que esto sea así, voy a intentar hacéroslo ver.

Acércate, Melétos, y respóndeme:

-¿No es verdad que es de suma importancia para ti el que los jóvenes lleguen a ser lo mejor posible?

Ciertamente.

-Ea, pues, y de una vez: explica a los jueces, aqui presentes, quién es el que los hace mejores. Porque es evidente que tú lo sabes ya que dices tratarse de un asunto que te preocupa. Y además, presumes de haber descubierto al hombre que los ha corrompido, que según dices soy yo, haciéndome comparecer ante un tribunal para acusarme. Vamos, pues, diles de una vez quien es el que los hace mejores. Veo, Meletos, que sigues callado y no sabes qué decir. No es esto vergonzoso y una prueba suficiente de que a ti jamás te han inquietado estos problemas? Pero vamos hombre,dinos de una vez quien los hace mejores o peores.

Las leyes.

Pero, si no es eso lo que te pregunto, amigo mío, sino cuál es el hombre, sea quien sea, pues se da por supuesto que las leyes ya se conocen.

Ah sí, Sócrates, ya lo tengo. Esos son los jueces.

¿He oído bien, Meletos? ¿Que quieres decir? ¿Qué estos hombres son capaces de educar a los jovenes y hacerlos mejores?

-Ni más ni menos.

-Y, ¿cómo? ¿Todos?, o, ¿unos si y otros no?

-Todos sin excepción.

¡Por Hera!, que te expresas dc maravilla.

¡Qué grande es el número de los benefactores, que según tú sirven para este menester...! Y, ¿el público aquí asistente, también hace mejores o peores a a nuestros jóvenes?

También.

-¿Y los miembros del Consejo?

Esos también.

Veamos, aclárame una cosa: ¿serán entonces, Meletos, los que se reúnen en Asamblea, los asambleistas, los que corrompen a los Jovenes? O, ¿también ellos, en su totalidad los hacen mejores?

-Es evidente que si.

Parece, pues, evidente que todos los atenienses contribuyen a hacer mejores a nuestros jóvenes.

Bueno;todos,menos uno, que soy yo,el único que corrompe a nuestra juventud. Es eso lo que quieres decir?

Sin lugar a dudas.

-Grave es mi desdicha, si esa es la verdad. ¿Crees que seria lo mismo si se tratara de domar caballos y que todo el mundo, menos uno, seria capaz de domesticarlos y que uno sólo fuera capaz de echarlos a perder? 0, más bien, ¿no es todo lo contrario?,¿que uno sólo es capaz de mejorarlos, o muy pocos, y que la mayoría, en cuanto los montan, pronto los envician? ¿No funciona así, Meletos, en los caballos y en el resto de los animales? Sin ninguna duda, estéis o no estéis de acuerdo, Anitos y tú. ¿QUé buena suerte la de los jóvenes si sólo uno pudiera corromperles y el resto ayudarles a ser mejores. Pero la realidad es muy otra. Y se te ve demasiado el que jamás te hayan preocupado tales cuestiones y que han motivado el que me hicieras comparecer ante este Tribunal.

Pero, ¡por Zeus!, dines todavía: que vale más, ¿vivir entre ciudadanos honrados o entre malvados? Ea, hombre, responde, que tampoco te pregunto nada dcl otro mundo. ¿Verdad que los malvados son una amenaza y que pueden acarrear algún mal, hoy o mañana, a los que conviven con ellos?

-Sin lugar a duda.

-¿Existe algún hombre que prefiera ser perjudicado por sus vecinos, o todos prefieren ser favorecidos? Sigue respondiendo, honrado Meletos, porque además la ley te exige que contestes,¿hay alguien que prefiera ser dañado?

No, desde luego.

-Veamos pues: me has traído hasta aqui con la acusación de que corrompo a los Jovenes y de que los hago peores. Y esto, lo hago, ¿voluntaria o involuntariamente?

-Muy a sabiendas de lo que haces, sin lugar a duda.

Y tú, Meletos, que aún eres tan joven, ¿me superas en experiencia y sabiduría hasta tal punto de haberte dado cuenta de que los malvados producen siempre algún perjuicio a las personas que tratan y los buenos algún bien, y considerarme a mí en tan grado de ignorancia, que ni sepa si convierto en malvado a alguien de los que trato diariamente, corriendo el riesgo de recibir a la par algún mal de su parte,y que este daño tan grande, lo hago incluso intencionadamente?

Esto, Mele~os, a mí no me lo haces creer y no creo que encuentres quien se lo trague:yo no soy el que corrompe a los jóvenes y en caso de serlo, sería involuntariamente y, por tanto, en ambos casos, te equivocas o mientes.
Autor y licencia de 'Platón - Apología de Socrates: 20 c / 21a / 21b / 24 b'
Idoneos Extraído de: http://platon.idoneos.com/

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