[1] Juan Gelman, de palabra, Madrid, Visor, 1994. En adelante anotaremos el título del poema y el número de página en el texto principal.
[2] Este mismo motivo se repite a lo largo de su producción; sirva como ejemplo el poema “Confianzas” de su libro Relaciones:
“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice
se sienta a la mesa y escribe
(p. 25)
[3] Saúl Yurkievich, “La violencia estremecedora de lo real”, La movediza modernidad, Madrid, Taurus, 1996, p. 312.
[4] Saúl Yurkievich nos explica el significado de este símbolo: “El símbolo del pájaro abunda en la poesía de Gelman. Aporta su rica carga imaginativa. En cuanto pájaro cantor, encarna al poeta. En tanto ave volátil, representa todo lo que puede asociarse con ser alado: el vuelo espacioso que amplía y libera, lo que levanta, lo que promueve, la soltura, el despliegue, el despeje, la elevación, la belleza, todo lo que se opone a clausura, abatimiento y bajeza. El pájaro simboliza el ideal revolucionario, el combatiente altruista, el mártir por la causa, el héroe aguerrido y tierno, el niño angelical. Todo lo que suscita la adhesión cariñosa de Gelman redunda metafóricamente en pájaro” (Ibíd., p. 317).
[5] Esta misma actitud la encontramos en otros escritores latinoamericanos al principio de su exilio, así Mario Benedetti afirmaba: “Los movimientos de lucha armada, al igual que los de transformación pacífica, salvo algunas excepciones, han sido derrotados en América Latina, pero todos esperamos que la derrota sea transitoria” (América Latina, “Mario Benedetti: Es imposible matar a la cultura”, América Latina, 2, 1978, p. 176).
[6] Se trata de Francisco Urondo, poeta y compañero en el grupo guerrillero “Montoneros”, muerto en enfrentamiento armado contra las fuerzas de la dictadura. Junto a él evoca también en sus poemarios a otros escritores como Miguel Ángel Bustos, Haroldo Conti, y Rodolfo Walsh. Por lo que respecta a sus familiares serán su hijo Marcelo Ariel, la mujer de éste, Claudia, y la hija o hijo que ambos esperaban cuando fueron secuestrados y desaparecidos, a los que con más frecuencia haga referencia. Juan Gelman los recordará de nuevo en su Discurso de Agradecimiento al recibir el Premio Nacional de Poesía 1994-1997: “Me conmueve la presencia de tantos amigos en este acto y me hubiera gustado ver entre ellos a esos grandes escritores y poetas que fueron, pero son, Rodolfo Walsh y Paco Urondo, Haroldo Conti y Miguel Angel Bustos, caídos en combate contra la dictadura militar o torturados a muerte en alguno de los 356 campos de concentración de la dictadura militar. Y a mi hijo y a mi nuera, y a la hija o hijo de ambos” (Recogido en la página de Internet dedicada al poeta
http://www.literatura.org/Gelman/Gelman.html)
[7] Esta misma imagen para referirse a sus compañeros asesinados se repite con frecuencia a lo largo de su producción; buen ejemplo de ello es su “Nota XII”.
[8] Nuestro autor manifestará al respecto varios años después: “Querría aclarar algo, mi hijo no es un desaparecido. Sus restos aparecieron a comienzos de 1990. Las pericias forenses que se hicieron sobre sus restos prueban que fue asesinado de un tiro en la nuca a 15 centímetros de distancia, lo que prueba que estaba inerme. No es un desaparecido por la dictadura militar; es un asesinado por la dictadura militar” (Entrevista concedida a Edgardo Krawiecki en su programa de radio Imagina, “Juan Gelman: Cantando Pío Pío”, Reshet en la Red. 1992; recogido de la página de Internet http://www.vr.co.il/ent_6.htm). En 1997 Juan Gelman publicó junto a su mujer, Mara La Madrid, el libro Ni el flaco perdón de Dios, en el que reúnen más de cincuenta testimonios de hijos de desaparecidos y militantes de derechos humanos, y con los que intentará, como en su poesía, que el olvido y la desmemoria no se impongan sobre la justicia y la verdad (Miguel Russo, "Contra el olvido", Página/12, edición El Radar, 1 de junio de 1997).
[9] A propósito de las preguntas en la poesía de Juan Gelman, Julio Cortázar explicará en su prólogo “Contra las telarañas de la costumbre” en de palabra: “Por eso tampoco debería desconcertar que aquí se sucedan interminablemente las interrogaciones frente al gran silencio en que se han sumido esas voces queridas. Juan pregunta, una pregunta sigue a la otra, hay poemas que son solamente preguntas. Siento que ahí, por encima del amor y la rebeldía que no se resignan al silencio, hay también una razón de ser que nos abarca a todos los que hoy empezamos también a interrogarnos sobre el destino que nos ha cercado, diezmado y dispersado en estos años. Cuando Juan se pregunta se diría que nos está incitando a volvernos más lúcidamente hacia el pasado para después ser más lúcidos frente al futuro. No hemos sabido hacer las preguntas a tiempo, ésas que desnudan, que violan, que rasgan de arriba abajo las telas del conformismo y de la buena conciencia. No hemos sabido mirarnos en el espejo de nuestra verdadera realidad argentina; y si algo nos traen hoy los poemas de Juan Gelman es una actitud, una manera a la vez reflexiva e instintiva de buscar lo que de veras somos sin las simplificaciones a veces suicidas que nos han arrojado tan lejos de lo nuestro” (Op. cit., p. 8).
[10] Ibíd., p. 7.
[11] De nada sirvieron todas las trabas interpuestas por el presidente uruyuayo Julio María Sanguinetti, finalmente, y con el apoyo, ahora sí, del presidente Jorge Battle, el 31 de marzo de 2000, tras más de 22 años de búsqueda, Juan Gelman logró conocer en Montevideo a su nieta, arrebatada por el ejército de sus auténticos padres y concedida a la que sería su familia de crianza. Como nos explica Martín Granovsky: “La nieta de Gelman nació hace 23 años en cautiverio en un hospital uruguayo, donde fue trasladada la nuera del poeta, María Claudia Irureta Goyena, secuestrada en Buenos Aires junto a Marcelo Gelman por una patota que llevó a la pareja al campo de concentración de Automotores Orletti. Orletti fue el centro de operaciones de la pata argentino-uruguaya del Plan Cóndor, el mecanismo de coordinación represiva del Cono Sur en los años de plomo” (“La persona que busco ha nacido en Uruguay”, Página/12, 1 de abril de 2000).
[12] María Rosa Olivera Williams opinaba sobre estas peculiaridades estilísticas de la lírica de Juan Gelman: “El poeta necesita expresar su dolor, sus muertos, sus tragedias, sus pérdidas (...) Para ello, como Vallejo, va a tener que alterar el signo lingüístico: los significados y los significantes, la representación gráfica (la ortografía), las formas verbales; conjugará verbos imitando el lenguaje de los niños (“morido”, “andó”, “enmuerta”) y quebrará la sintaxis tradicional” (“Poesía del Exilio: El Cono Sur”, Revista Hispánica Moderna, XLI, 1988, pp. 137-138). El propio Gelman declarará al respecto: “Empezaba a reconocer los límites del lenguaje para expresar ciertas cosas. Empezaba a chocar con ellos porque lo que quiero expresar tengo que hacerlo con la mayor precisión. Así que luché con el lenguaje y cambié algunos sustantivos en verbos o cambié el género a determinadas palabras” (José Andrés Rojo, “Todo mi dolor ha pasado a la literatura”, El País, 2 de diciembre de 2001, p. 38).
[13] “Contra las telarañas de la costumbre”, de palabra, op. cit., p. 5.
[14] Nuestro escritor ha declarado en múltiples ocasiones su admiración por este autor: “Para mí, el poeta más alto de la lengua castellana es San Juan de la Cruz (...)” (Enrique Portilla F., “Entrevista con Juan Gelman: Las circunstancias del corazón”, La Jornada, Semanal de México, 4 de agosto de 1996).
[15] El propio Gelman ha explicado las razones de su inclinación por tales autores en este periodo: “Los místicos hablan de Dios y su ausencia, y los releí en el exilio, porque eran como la presencia ausente de lo amado. Entonces para los místicos la ausencia es Dios, para mí mi país, los compañeros que habían caído, una mujer amada, mis hijos, es decir, todo lo que es pérdida presente” (Claudia Posadas de Arena, “Entrevista con el poeta argentino Juan Gelman”, Agencia Internacional de Noticias Literarias. Librusa Corp., 2001; recogido de la página de Internet Internet http://www.librusa.com/entrevista8.htm).
[16] Julio Cortázar, “América Latina: exilio y literatura”, Argentina, años de alambrados culturales, Barcelona, Mario Muchnik, 1984, p. 20.
[17] Eduardo Galeano, “Sobre verdugos, sordomudos, enterrados y desterrados”, Nueva Sociedad, 35, marzo-abril, 1978, p. 47.
[18] D. Waksman Schinca, “Mario Benedetti: el escritor ante el exilio”, Cuadernos del Tercer Mundo, octubre, 1978, pp. 118-119.
[19] Curiosamente, tras el fin de la dictadura militar, Gelman no pudo regresar a su país, ya que la justicia argentina lo perseguía por haber colaborado durante la década de los setenta con el movimiento guerrillero Montoneros. Así se lo explica a Edgardo Krawiecki: “(...) había un juez, Pons, que hizo carrera bajo la dictadura militar, y que les abrió un juicio a personas entre las que yo me encontraba. Luego, fue a través de una resolución de la Cámara Federal que se logró la posibilidad de mi regreso al país” (Op. cit.). Una vez que todo ello se solucionó, prefirió autoexiliarse en México antes de tener que soportar cómo aquéllos que asesinaron y torturaron durante la dictadura permanecían impunes: “Lo mío fue un autoexilio (...) En este sentido creo que hay actitudes, reacciones o posiciones absolutamente personales, lo que yo no pude hacer es: o vivir furioso todo el día, conviviendo o cruzándome con esta gente por la calle; o achancharme y vivir acostumbrado al roce con esta gente; o a tener reacciones violentas. Yo creo que las tres alternativas para mí no son alternativas de vida. De modo que necesito este alejamiento. Y supongo que cuando la sangre amaine, y cuando otras cosas tal vez ocurran, pueda regresar y volver a convivir con la gente que quiero. No confundo a estos señores y quienes fueron sus cómplices con la gente que además los padeció” (Ibíd.). En su Discurso de Agradecimiento al recibir el Premio Nacional de Poesía 1994-1997, Gelman volverá a denunciar esta situación: “Hoy los esbirros de la dictadura militar prolongan sus terrores paseando impunemente por las calles del país y por los cargos públicos, perdonados por dos presidentes civiles a quienes, que se sepa, ninguna víctima les dio el mandato de perdonar a los asesinos en su nombre” (Op. cit.).
[20] Ibíd.
[21] Edgardo Krawiecki, op. cit. Nuestro autor ha denunciado esta actitud en múltiples ocasiones: “Una parte importante de la sociedad argentina pretende automutilarse la memoria como remedio para su miedo y su dolor. Así se mutila a sí misma” (Miguel Russo, op. cit.).
[22] S.R. Wilson, “El Cono Sur: The Tradition of Exile, The Language of Poetry”, Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, Vol. VIII, 2, Invierno 1984, p. 251.
[23] María Rosa Olivera Williams, op. cit., p. 134.
[24] S.R. Wilson, op. cit., p. 247.
[25] Hugo Achucar, “El Exilio Uruguayo y la Producción de Conocimientos sobre el Fenómeno Literario”, Ideologies and Literature, Vol. IV, 16, 1983, p. 235.
[26] La misma imagen del hombre visto como un árbol separado de sus raíces es empleada por otros autores para explicarnos cuáles son sus sensaciones ante la experiencia del destierro, es el caso del chileno Gonzalo Millán:
Nos descabezaron.
Talaron el árbol.
Nos descuartizaron.
Tronzaron el tronco.
Cortaron las ramas.
El raigón siguió vivo.
Las raíces creciendo bajo la tierra.
Hoy el tronco talado brota.
(Texto obtenido de María Rosa Olivera Williams, op. cit., p. 135)
[27] Juan Gelman, Los poemas de Sidney West. Traducciones III. Barcelona, Libros de Sinera, 1972.
[28] Mario Benedetti, Los poetas comunicantes, México, Marcha Editores, 1981 (1ª ed. 1972), p. 192.
[29] Verónica Chiaravalli, “Entrevista con Juan Gelman: Heridas y medallas de un poeta”, La Nación, 10 de diciembre de 1997.
[30] El propio poeta ha señalado: “Carta a mi madre tal vez sea mi libro más autobiográfico” (Ibíd.).
[31] Juan Gelman, Salarios del impío y otros poemas, Madrid, Visor, 1998. Este volumen reúne Los salarios del impío, Dibaxu, Incompletamente.
[32] Gloria da Cunha-Giabbai señala que anclarse en los recuerdos del pasado y obsesionarse por el regreso impiden la adaptación a la nueva patria (El exilio, realidad y ficción, Montevideo, Arca, 1992, pp. 17, 20, 21). Juan Carlos Plá recoge en su artículo “Sobre la condición del exilio” una opinión de N. Yampey incidiendo sobre esta misma idea: “Es correlativo al primer período de adaptación superficial, de euforia incluso, el sentimiento de estar de paso, de vivir sólo a medias en el nuevo país. Nada estable y duradero puede ser emprendido (...) Este grupo no puede integrarse sino cuando puede abandonar el sueño de pronto retorno” (Cuadernos de Marcha, mayo-junio, 1979, p. 89).
[33] Juan Carlos Plá coincide con esta opinión al afirmar que en el exiliado aparecen unos “deseos de saber (...) acerca de su origen (...)” (Ibíd, p. 91).