



1. Morfológicamente, privacidad es un calco del inglés privacy y del francés privacité. Es posible que el término en español no sea un ejemplo de «pureza» morfológica, pero se encuentra dentro de los límites del sistema de la lengua, es decir, dentro de las posibilidades expresivas que ofrece el sistema. Sincrónicamente existen numerosas palabras análogas en su morfología que no ofrecen dudas sobre su aceptabilidad, como multiplicidad, mendicidad, sagacidad, toxicidad, complicidad, etc.
2. Semánticamente, el concepto de privacidad no es sinónimo de intimidad y confidencialidad. La confidencialidad implica el hecho de no dar publicidad o transmitir a terceros datos e informaciones reservadas; la intimidad es lo más interno del sujeto, sus sentimientos y pensamientos profundos; la privacidad está constituida por las facetas que forman nuestra vida personal, frente a nuestra dimensión pública o profesional. Los asuntos íntimos son privados, pero no todos los aspectos privados son íntimos. La residencia personal, las aficiones, las reuniones familiares o la práctica no profesional de un deporte son facetas privadas de un individuo, que forman parte de su privacidad, pero no de su intimidad. Nuestros sentimientos, nuestros miedos, nuestros complejos o nuestras convicciones más profundas constituyen nuestra intimidad, que dado su carácter enteramente personal y particular, son también parte de nuestra privacidad. Por tanto, la privacidad es un concepto más amplio que la intimidad, como reconocen la mayor parte de los juristas. A menudo se emplea incorrectamente privacidad en lugar de intimidad y confidencialidad.
3. El término privacidad puede ser sustituido directamente por vida privada en muchos casos, y, en otros en que no es tan factible este cambio, sería necesaria una modificación de la construcción para evitar el uso del galoanglicismo. Junto a esto, conviene tener presente que en algunos contextos privacidad se emplea con el matiz de ‘propiedad’ más que de ‘ámbito o esfera de la vida’, lo que hace que resulte forzada su sustitución por vida privada.
4. Por todo ello, no creemos que privacidad sea estrictamente un barbarismo, sino más bien un neologismo tolerable, que está disponible para los hablantes que deseen emplearlo, y que puede ser evitado y sustituido por otras opciones por quienes lo rechazan.
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