procesos de cambio y transformación laboral en empresas de servicios públicos privatizadas - Un desafío pendiente: la educación para el trabajo
05 de Agosto de 2006
Gestión del cambio
Ya no se dictan órdenes cerradas, ya no hay jefes ni títulos. La autoridad, está dada por el conocimiento.
Nos encontramos frente a un proceso de reformulación de los viejos dogmas. De tal modo, es preciso asumir que todo lo que conocemos, puede estar equivocado.
En este contexto, debemos recalcar una vez más la función principal de las organizaciones: hacer que los conocimientos poseídos por sus recursos humanos se tornen productivos.
De tal modo, será necesario rediseñar el sistema educativo, para que los establecimientos de enseñanza brinden a las organizaciones, individuos altamente capacitados que puedan incorporarse sin más al sistema productivo.
Sin embargo, esto no debe ser tomado como una función exclusiva del estado, como responsable de la educación pública.
Decíamos en el capítulo tercero, que la problemática de los recursos humanos no solo afecta la productividad de la empresa, sino que además produce efectos perjudiciales en la sociedad en donde ésta interactúa.
Por ende, la falta de capacitación de los trabajadores, no solo daña el mejoramiento contínuo de los procesos desarrollados por las organizaciones, sino que termina por perjudicar la competitividad global del país.
En tal sentido, es preciso que las empresas se integren al proceso educativo. Años de aislacionismo, han provocado la obsolescencia de los programas de estudio desarrollados en los establecimientos de enseñanza media y universitaria. Esto, requiere que las organizaciones actúen de guía y apoyo, contribuyendo a la formación de los jóvenes que luego habrán de incorporarse al mercado de trabajo.
De tal manera, a través de la firma de convenios de cooperación, las empresas deberán posibilitar el acceso de alumnos y docentes al contacto con los procesos de gestión y tecnologías de punta, aplicados por estas.
Esto no implica que las empresas deban reemplazar al estado en el rol de educador, ni que el estado como ya vimos, deba suplir a la iniciativa privada.
Por el contrario, significa que ambas partes, colaboren de manera responsable, transformando los problemas sociales en oportunidades para generar el crecimiento.
En este camino, las organizaciones deberán servirse de las universidades, solicitándoles la investigación y el desarrollo de ciertos temas de ciencia pura o aplicada. A tal fin, será conveniente el aprovechamiento de los laboratorios de investigación existentes, los cuales muchas veces se encuentras inactivos por falta de presupuesto.
Por su parte, las empresas deberán colaborar con la universidad en el diseño de los planes de estudios, indicando cuales son las especialidades más requeridas y hasta definiendo nuevas carreras de grado, acordes con las nuevas realidades.
Consecuentemente, deberán interactuar con el sector educativo, a fin de que éste provea a través de sus universidades, no solo individuos informados, sino que a la vez sean capaces de resolver problemas.
De tal manera, se requiere un importante esfuerzo destinado a reconvertir los recursos humanos recibidos y proporcionarles las herramientas de gestión necesarias, para que sean realmente capaces de contribuir a la consolidación del cambio.
Nos encontramos frente a un proceso de reformulación de los viejos dogmas. De tal modo, es preciso asumir que todo lo que conocemos, puede estar equivocado.
En este contexto, debemos recalcar una vez más la función principal de las organizaciones: hacer que los conocimientos poseídos por sus recursos humanos se tornen productivos.
De tal modo, será necesario rediseñar el sistema educativo, para que los establecimientos de enseñanza brinden a las organizaciones, individuos altamente capacitados que puedan incorporarse sin más al sistema productivo.
Sin embargo, esto no debe ser tomado como una función exclusiva del estado, como responsable de la educación pública.
Decíamos en el capítulo tercero, que la problemática de los recursos humanos no solo afecta la productividad de la empresa, sino que además produce efectos perjudiciales en la sociedad en donde ésta interactúa.
Por ende, la falta de capacitación de los trabajadores, no solo daña el mejoramiento contínuo de los procesos desarrollados por las organizaciones, sino que termina por perjudicar la competitividad global del país.
En tal sentido, es preciso que las empresas se integren al proceso educativo. Años de aislacionismo, han provocado la obsolescencia de los programas de estudio desarrollados en los establecimientos de enseñanza media y universitaria. Esto, requiere que las organizaciones actúen de guía y apoyo, contribuyendo a la formación de los jóvenes que luego habrán de incorporarse al mercado de trabajo.
De tal manera, a través de la firma de convenios de cooperación, las empresas deberán posibilitar el acceso de alumnos y docentes al contacto con los procesos de gestión y tecnologías de punta, aplicados por estas.
Esto no implica que las empresas deban reemplazar al estado en el rol de educador, ni que el estado como ya vimos, deba suplir a la iniciativa privada.
Por el contrario, significa que ambas partes, colaboren de manera responsable, transformando los problemas sociales en oportunidades para generar el crecimiento.
En este camino, las organizaciones deberán servirse de las universidades, solicitándoles la investigación y el desarrollo de ciertos temas de ciencia pura o aplicada. A tal fin, será conveniente el aprovechamiento de los laboratorios de investigación existentes, los cuales muchas veces se encuentras inactivos por falta de presupuesto.
Por su parte, las empresas deberán colaborar con la universidad en el diseño de los planes de estudios, indicando cuales son las especialidades más requeridas y hasta definiendo nuevas carreras de grado, acordes con las nuevas realidades.
Consecuentemente, deberán interactuar con el sector educativo, a fin de que éste provea a través de sus universidades, no solo individuos informados, sino que a la vez sean capaces de resolver problemas.
De tal manera, se requiere un importante esfuerzo destinado a reconvertir los recursos humanos recibidos y proporcionarles las herramientas de gestión necesarias, para que sean realmente capaces de contribuir a la consolidación del cambio.
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