La institución social y su base ideológica se perpetúan a través de poderosos intereses al llevar adelante la aplicación del mecanismo de socialización, que sumen al individuo y al colectivo, en una relación tácita de perpetuación de la forma tradicional de estructurar el pensar. Las interpretaciones de la realidad han operado dentro de límites determinados, ofreciendo seguridad al hombre, siendo ésta la sobrevivencia del enfoque epistemológico. El halo de seguridad causado por los paradigmas explicativos, dificulta la aceptación de nuevas formas de construcción del pensamiento, dificultándose la aceptación de puntos de vista y concepciones novedosas.
Al perpetuar el mecanismo tradicional fundamentado en la institucionalidad social, el hombre ha perdido su horizonte. El hombre es actor y es fin de sus propias acciones, parafraseando a Protágoras de Abdera (485-410 a.c.) “el hombre es la medida de todas las cosas”.
Independientemente de los juicios de valor que podamos hacer del mecanismo de subordinación del hombre, éste ha servido de base para la consolidación de la sociedad actual. Ella misma ha permitido que el hombre evolucione dentro de los límites de seguridad que impone su supervivencia, hasta alcanzar un alto nivel de conciencia de su realidad y de sí mismo. Ahora, es menester tomar conciencia de que la sociedad no podrá cambiar mientras sus paradigmas e integrantes no acepten su cuota de responsabilidad individual y colectiva.
Para alcanzar este objetivo, se debe reinterpretar al hombre y su realidad. Se hace necesario que el hombre tome conciencia de su rol protagónico en la interpretación y construcción del conocimiento. Es menester devolverle su capacidad de crear, de ser constructor de su propio futuro, haciendo de este deseo una voluntad consciente e intencionada.
En el campo de la aplicación práctica, el hecho de envolver el proceso de interpretación de la realidad en un halo de cientificidad, reduciendo su utilización a un determinado número de personas y con el positivismo científico, por otra parte, se ha limitado la concientización del hombre, como el ser con capacidad para modificar intencionalmente su entorno, a través de su raciocinio.
Este trabajo pretende revalorar el proceso que el hombre utiliza para interpretar y modificar la realidad en su propio beneficio y del colectivo, mediante la participación directa y transformadora. Independientemente de la existencia de ideologías conservadoras para frenar esta corriente, el desarrollo de las comunicaciones está haciendo surgir un nuevo punto de vista con el cual se analiza, interpreta y modifica la realidad.
Este desarrollo teórico pretende impulsar el potencial creativo del individuo, frente al proceso uniformador, con el surgimiento de una nueva forma interpretativa de la realidad y de conceptualizar al hombre mismo como producto relacional. e histórico. Contrariamente al individualismo, esta concepción cognoscitiva, revaloriza holísticamente a la persona, en donde la autoestima juega un papel fundamental.
El desarrollo de nuevos enfoques, concepciones, teorías e instrumentos de medición, potencian el análisis y la creatividad humanas, pretenden hacerlo consciente, no solamente de su potencial creativo, sino del proceso de autoconstrucción el cual se alcanza involucrándose en la interpretación y modificación de la realidad que lo envuelve.
Como manifestación del problema existente al construir la interpretación de la realidad, a partir de conceptualizaciones preexistentes y de lo generalizado en la discusión de este enfoque, citamos de Umberto Eco en su novela El Péndulo de Foucault Allí se da una conversación entre sus personajes Jacopo Belbo y Casaubon, respecto al juicio que el primero hace de los escritores que envían sus textos al comité de redacción de casas editoriales.
“- ... Ya estamos en el umbral en el que sospechamos que algo no funciona. Pero es necesario un esfuerzo para demostrar qué es lo que no cuadra y por qué. ..... Se publican muchos libros escritos por estúpidos, porque a primera vista son muy convincentes. El redactor editorial no está obligado a reconocer al estúpido. No lo hace la academia de ciencias, ¿por qué tendría que hacerlo él?
- Tampoco lo hace la filosofía. El argumento ontológico de San Anselmo es estúpido. Dios tiene que existir porque puedo pensarlo como el ser dotado de todas las perfecciones, incluida la existencia. Confunde la existencia en el pensamiento con la existencia en la realidad.
- Sí, pero también es estúpida la refutación de Gaunilo. Puedo pensar en una isla en el mar aunque esa isla no exista. Confunde el pensamiento de lo contingente con el pensamiento de lo necesario.” (Umberto Eco, 1991:62)
A lo largo de la historia, se ha platonizado a Aristóteles y mediatizado la ciencia, distanciándola del hombre común, haciéndole asumir una orientación interpretativa y recursos metodológicos intencionados, comprometiéndole con la perpetuación del sistema social.
Al colocar la interpretación de la realidad, sujeta a conceptos preexistentes, el “conocimiento” verifica la concepción más que comprender lo real, relegándola a un segundo plano de interés, permitiendo únicamente, una interpretación condicionada a lo previamente teorizado. Coloca la institución académica sobre cualquier interés, por más legítimo que éste sea.
Algunos pensadores pueden continuar aduciendo que potenciar el desarrollo individual frente a lo institucional hacen del hombre un ser anárquico. Esto es una falacia: un hombre que se valore como individuo tiende a reconocer el valor de su congénere por sí mismo. Tiende a vencer el individualismo agresivo por una empatía sinérgica, donde se comprenda que el todo es más que la suma de sus partes.
Otro objetivo de este trabajo consiste en favorecer la elaboración de una concepción teórica orientada a estimular el análisis de la realidad, con fines claramente prácticos y utilitarios.
El enfoque propuesto condiciona, entonces, nuestras respuestas a la interpretación objetiva de lo real, abandonando los juicios de valor y reduciendo la peligrosa tendencia a la impulsividad, al darnos cuenta que lo que percibimos no es necesariamente lo sustancial de lo real, sino aquello de percibimos filtrado por el esquema mental y cultural.. Ante una situación que nos reta, se responde impulsivamente sin pensar que de esta manera perdemos la posibilidad de ser efectivos, así como de perder valiosas oportunidades de éxito.
Aunque suponemos que éste actuar es "instintivo", respondemos bajo los lineamientos del enfoque “epistémico y cultural” aprendido. La realidad no es la que percibimos, ni lo que percibimos es la realidad; respondemos ante lo fenomenológico, pero no ante lo causal.
Con la intención de facilitar la comprensión del proceso de interpretación de la realidad, el hombre ha formulado, a lo largo de su trayectoria histórica, constructos teóricos con los cuales comprende el mundo real que lo rodea, obteniendo una progresiva conciencia de sí mismo. Ha sido un largo camino interpretativo, entre el momento en que el hombre aparece sobre la tierra hasta el día de hoy. Desde el primer momento interpretativo, el proceso de abstraer el mundo real no se ha detenido, ni se detendrá jamás.
Inicialmente, la preocupación real del hombre primitivo fue sobrevivir, alimentarse y protegerse, pero el hecho interpretativo ocurría sin proponérselo. Durante la actividad misma de intervenir la naturaleza se ponía en comunicación con un mundo real al cual, en un principio, no podía comprender, pues carecía de un elemento de mediación que se lo permitiera. Al empezarse a desarrollar el lenguaje, la actividad intervencionista de la naturaleza, es cada día más intencionada y consciente.
Con el transcurrir del tiempo, la necesidad de intervenir y modificar más radicalmente el mundo real, demandó que la simple praxis exigiera un nivel explicativo de mayor complejidad. El discurso explicativo sobre el por qué y el cómo, fundamentó teorías de mayor objetividad sobre el funcionamiento, la razón y la causa de las cosas. Es allí cuando un nuevo desarrollo mediador toma paulatinamente relevancia entre el hombre y su realidad: se construyen las teorías. En la misma medida, el hombre comienza a conocer su capacidades y poder de intervención de la realidad, toma conciencia de su propia capacidad intelectual. Igualmente, emprende la distinción entre él mismo y las cosas de la realidad en la que participa. Empieza a abstraerse a sí mismo y a analizar su propio proceso mental.
En la misma medida que el hombre invierte tiempo y esfuerzo en la búsqueda de explicaciones, va tomando conciencia de sí, en un proceso dialéctico de autocomprensión, mientras interviene su realidad recibe respuestas a sus concepciones teóricas y de sí mismo. Surge la concepción epistemológica, en otras palabras, el concepto que describe el proceso relacional comprensivo, entre el hombre y su mundo real. Este proceso se construye, sobre la base de la experiencia, a lo vivencial, sobre una explicación de la relación entre el mundo real y el hombre, con incidencias cruciales sobre el conocimiento.
El conocimiento, primero fue el resultado de un aprendizaje pragmático, dando paso al razonamiento discursivo, para posteriormente tomar la conciencia de sí, y de las cosas: primum vivere, deinde philosophare.
Este discurso no es más que otro constructo teórico; una explicación en la que concurren, experiencias vivénciales y todo el poderoso sistema filosófico imperante, subyacente en la cultura educativa actual que es histórica, social y ecológica. El mismo constructo se desarrolla como expresión y necesidad personal de manifestar la relación entre el hombre y su propia realidad, obtenida como producto de una sostenida actividad investigativa. La intención de subrayar que esta formulación epistémica es un producto de reflexiones personales radica en que la conciencia de sí, surge de la relación concreta entre el individuo y mundo real, y que la explicación del proceso epistemológico, no es una “verdad” sino su punto de vista. Al divulgarlo, se trata de someterla a la discusión pública, con el objeto de nutrirla. De haber coincidencias con otras posiciones, las mismas son originadas en la condición misma de ser la investigación una expresión humana, histórica, social y espacial.