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Producción del Conocimiento - Producir conocimiento

(17 opiniones)
Monografía creado por Pedro Gutiérrez Leal. Extraido de: http://www.gestiopolis.com/recursos2/documentos/fulldocs/ger/prodcono.htm
01 de Mayo de 2006
Gestión del conocimiento

1 - Producir conocimiento

Nos creemos dueños de la realidad cuando discutimos sobre temas de economía, política, gerencia, educación, asuntos públicos y hasta de situaciones foráneas. Nos hacemos eco de opiniones, como si fueran nuestras, a partir de noticias y comentarios realizados en los  medios de comunicación, sin darnos cuenta  que formamos parte de lo que se conoce como una matriz de opinión. Defendemos nuestras «verdades» sin considerar, que  la opinión  que tenemos de la realidad, está influenciada por nuestras necesidades personales, vivencias profesionales, intereses y mundo cultural. Por otra parte la falta de una conciencia objetiva sobre la realidad hace que ésta se sitúe por encima de la capacidad de intervenirla, pues se torna distorsionada y subjetiva ante nuestra percepción.

El subjetivar  va mucho más allá de  condicionar la interpretación de la realidad; limita la capacidad de intervenirla para ponerla a servicio personal y colectivo. Consideramos que lo que “conocemos” antecede la existencia del mundo real.  De esta manera, cuando enfrentamos una determinada circunstancia  y ésta  no se encuadra dentro de la concepción que de ella tenemos, limitamos nuestra participación anteponiendo juicios de valor a la misma.

Si los patrones teóricos con los que apreciamos la realidad no cuadran, emitimos juicios sobre ella, la etiquetamos con epítetos que reflejan nuestra propia incapacidad para abordarla. La incomunicación existente entre la realidad y el sujeto, impide la posibilidad para intervenirla. Al no existir un diálogo fluido, se imposibilita demostrar, ante sí mismo, la capacidad personal de alcanzar logros, reduciéndose la autoestima, asumiendo  posiciones conservadoras y una actitud medrosa. Allí radica el problema, nos sentimos temerosos y propensos a seguir patrones conductuales socialmente aceptados, sin evaluar su pertinencia respecto a la seguridad individual que genera.

La limitación para intervenir la realidad, está prácticamente generalizada en el hombre actual. Posee cada día mayor cantidad de información, pero menor capacidad de solventar los retos que le impone su realidad. La concentración  urbana  ha alejado al hombre de la actividad rural, de donde extraía los bienes con los cuales satisfacer sus necesidades; utilizando sus propias capacidades físicas e intelectuales para producir.

El hombre se ha aislado en la ciudad, perdiendo el mecanismo idóneo de autovaloración personal, su habilidad para satisfacer los requerimientos personales y colectivos. En el medio urbano, solventa sus necesidades a través del amiguismo, la adulación, la participación política entre otros, mecanismos éstos, que lo frustran, enajenan, lo hacen agresivo, medroso, individualista, y contribuyen muy poco en su autoestima.

Para conciliar la supervivencia urbana y los métodos empleados para lograrlo, el hombre utiliza subterfugios anímicos y emocionales que le ofrecen soporte a su personalidad. Busca explicación de su situación personal, en antecedentes cognoscitivos adquiridos e inducidos a través de los mecanismos formales e informales de socialización. Si bien el conocimiento adquirido hasta la actualidad ha probado su utilidad, el mismo está montado sobre un marco “filosófico”, que intencional e implícitamente induce en el hombre, una forma constructiva del pensamiento, que lo aferra a aquello que “conoce”, uniformando así su conducta, haciéndolo cada vez más conservador.

Al condicionar la construcción del pensamiento del hombre a valores, principios y normas que son ajenos a la condición humana, su conducta personal entra en contradicción con sus necesidades, sintiéndose ajeno a su entorno, a su realidad y hasta a  sí mismo.

Se puede desenvolver en cualquier área del saber y del desempeño social, siempre y cuando la realidad no entre en contradicción con la información que le ha sido suministrada. Dentro de estos límites, todo marcha bien. Pero al ser retado por necesidades y problemas que se encuentran fuera de los límites y concepciones teóricas preestablecidas, es entonces cuando el hombre encuentra reducida su capacidad para comprender e interpretar la realidad y, por ende, su capacidad para modificarla se ve mermada. No es capaz  de desarrollar una conceptualización propia, ni se atreve a correr el riesgo de ser juzgado por ello.

Es conveniente aclarar que los paradigmas dentro de los cuales evoluciona el hombre le ofrecen seguridad, pero en ocasiones están en contradicción con su propia naturaleza. Al colocar las decisiones personales en fuerzas superiores, el hombre se vuelve un ser manejable, se desdibuja dentro de la masa social pero en ese anonimato se siente seguro. Esto ha permitido construir y consolidar la sociedad que hoy conocemos. El marco ideológico que regula el devenir social e individual del ser humano y condicionar su conducta, permite la constitución y consolidación de la institución social.

La sociedad tiene intereses y mecanismos de perpetuación que están muy por encima del hombre, los cuales limitan su capacidad para satisfacer la necesidad de supervivencia, en la misma medida que fomenta  la concentración urbana donde las actividades de servicio son privilegiadas a expensas de las actividades productivas. La contradicción interna del ser y la posición social que ocupa entran en conflicto. La seguridad personal y la autoestima carecen de soporte real: al no tener, no valgo, no soy. Los conflictos sociales causados por la apropiación y acumulación de los excedentes de producción, toman también expresión en el conflicto interior del hombre.

Lo normativo e institucional se mantienen por encima de a quien supuestamente sirve.  El Estado, la sociedad, la educación, la empresa, la salud, la seguridad,  el gobierno, la producción, la religión, las normas, las leyes y las creencias, requieren ser servidas, pero no centran su atención real en el hombre. Por ejemplo, la educación se sirve así misma, difundiendo “verdades”, sin prestar principal atención en fomentar la capacidad analítica, ni la creatividad. Es una institución conservadora y perpetuadora de la sociedad que la concibe.

Como mencionamos anteriormente, la sociedad ha prestado un gran servicio al hombre en cuanto a la seguridad que le ofrece en lo que se refiere al bienestar material, pero el desarrollo trascendental del hombre, no ha estado entre sus prioridades.

Siendo el hombre actor, creador y artífice de la institución social, ha caído en su propia trampa. El sistema se ha encargado de mantener su dinámica y coherencia, situándolo por debajo de su propia creación. Si bien históricamente el hombre buscó explicaciones a sus inquietudes, en mitos y mistificaciones de la realidad, esta dinámica lo envolvió de una manera tal, que muy a pesar del desarrollo tecnológico alcanzado, el hombre se ha convertido en el vehículo para preservar lo tradicional. A pesar de esta relación entre la sociedad y el individuo, el intelecto humano promedio se diversifica e incrementa continuamente en complejidad y riqueza; surgen así, una epistémia centrada en el objeto, en la realidad.

Para perpetuarse, la sociedad mantiene paradigmas filosóficos transmitidos de generación en generación, independientemente de las formas que tomen las teorías explicativas de la realidad. El punto de vista epistemológico que impera desde las primeras agrupaciones sociales, prevalece prácticamente inalterable. Las concepciones míticas y místicas que han venido explicando el mundo real y el rol humano, anteponen intencionalmente conceptos que se han comportado más  como ideologías dominadoras, que como interpretación de la estructura del pensamiento, comúnmente se conocen como filosofía.

La relación entre el hombre y su realidad es un hecho material y concreto. Se origina para solventar sus necesidades básicas de sobrevivencia y está condicionada por el desarrollo alcanzado en los medios cognoscitivos y técnicos para un determinado momento histórico.  Por otra parte está afectada por las características ecológicas y culturales en las que está inmerso.  Las concepciones del hombre sobre sí mismo y de sus relaciones con el mundo, constituyen también hechos reales y objetivos, aún cuando los mismos le sean intangibles e inconscientes.  Podemos entenderla como una relación epistémica, de tal manera que va más allá del mero estudio de los elementos de mediación teórica.

Para ilustrar la epistemia que ha venido guiando la relación hombre-realidad, desde la antigüedad citamos el Mito de la Caverna. Platón concibió que todo ser humano, desde que nace, trae el conocimiento desde el “mundo de las ideas”, dictado por los espíritus que allí habitan. En el transcurrir terrenal, el hombre irá recordando los conceptos preestablecidos; la sabiduría alcanzada en el transcurso de su vida, le determinará su ascenso a la cima de Urano. Para Platón el conocimiento o los conceptos preceden a la realidad, evidenciando así, la necesaria guía que el hombre de la época requería para comportarse en sociedad. Preceptos,  normas, leyes y verdades de todo tipo, se han mostrado como razones válidas para explicar el mundo real, la conducta del hombre y su conciencia. Se ha validado, desde entonces, una estructura del pensamiento, aplicable en todas las épocas y situaciones. Está concepción reduce y limita la creatividad humana, aún cuando ha facilitando la vida en sociedad, y superpuesto la intencionalidad sobre las necesidades humanas.

De esta manera, se han desdeñado otras formas constructivas del pensar. La praxis  aristotélica, puesta a un lado por varios siglos, reconoce que el conocimiento está en las cosas y su relación se hace de manera directa con ellas. Cuando las evidencias materiales pusieron en discusión las aseveraciones tradicionales, se concibieron formas interpretativas que fueron mediatizadas, al concebir que el conocimiento develado por la ciencia era también obra divina... De está manera, la ciencia fue mediatizada prácticamente desde su inicio, y platonizaron a Aristóteles.

“Tomás de Aquino y Alberto Magno fueron los principales ideólogos de esa concepción y lograron combinar el sistema comprensivo de la naturaleza con la teología y la ética cristiana” (Ginés, 1993:24)

“Muy poco fue el aporte de la edad media para enriquecer el campo de las ciencias naturales, si exceptuamos a Alberto Magno), pues la “autoridad de los “maestros” fue siempre esgrimida como argumento de verdad y certeza.” (Ginés, 1993:52)
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Autor y licencia de 'Producción del Conocimiento - Producir conocimiento'
Pedro Gutiérrez Leal Extraído de: http://www.gestiopolis.com/recursos2/documentos/fulldocs/ger/prodcono.htm

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