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Proyección del humanismo tecnológico - Hacia el Humanismo Tecnológico (I)

Monografía creado por Pablo Mora. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/pmora24.html
21 de Septiembre de 2006
Ciencias socialesFilosofía

1 - Hacia el Humanismo Tecnológico (I)

“Recae sobre el hombre la responsabilidad de asignarle a la ciencia metas humanizantes; lo importante es humanizar la ciencia. Tal vez, entonces, se podría hablar de un humanismo tecnológico en proyección.”1
Pablo Mora. “Proyección del humanismo tecnológico”. En: Revista Divulga. U.N.E.T. Marzo, 1979.

 

El futuro del hombre

¿Seremos víctimas de nuestros propios inventos? ¿Será la tierra víctima de sus propios hijos? ¿Habrá desembocadura posible? Ciertamente aquello que es imprevisible encierra siempre una amenaza latente y potencial. En este orden de ideas, se presentan tres alternativas. La primera consiste en creer que el destino del hombre está infaliblemente garantizado por la evolución cósmica o por el progreso tecnológico. Bergson sostenía que el mundo está construido como “una máquina para hacer dioses”. Teilhard de Chardin, que el hombre es como una flecha que indica la dirección inevitable de su desarrollo biológico hacia una Unidad de Pensamiento de Dimensiones Planetarias; es decir, una comunidad espiritual que acoja a todos los hombres de la tierra. Otros científicos creen que las máquinas mismas terminarán por ocuparse atentamente del hombre y harán para él toda clase de proyectos, hasta resolverle sus propios problemas.

La segunda alternativa es aquella de la protesta permanente o endémica, de la denuncia indiscriminada de todas las estructuras del saber y de la sociedad, y de la renuncia a todo proyecto o proyección, porque no se puede confiar en los datos existentes ni utilizar sus posibilidades efectivas a mediano ni largo plazo. La tercera, la de la responsabilidad. Así como el hombre ha creado técnicas instrumentales, mecánicas y organizativas, puede crear las que le permitan la previsión probable de los efectos colaterales o indirectos de todas sus iniciativas o proyecciones logradas en cualquier campo. A través de nuevas técnicas interdisciplinarias el hombre podría controlar su incesante proceso de proyección, pararlo en un momento dado, extenderlo en otro, coordinarlo de manera de poder evitar los peligros que representan para la supervivencia o la dignidad humana. En este caso, sus selecciones -responsables-, en el campo del saber y de la actividad práctica, estarían preventivamente orientadas por el cálculo, al menos aproximado, de las ventajas y desventajas que ellas podrían ocasionar.

Si se lograse disponer de tales técnicas, el futuro del hombre podría ser previsto a corto plazo con una cierta probabilidad, y los peligros más graves e inminentes no nos encontrarían desarmados o impreparados. Es de esperar que esta última postura, la única adaptada a las dimensiones humanas, acabe por prevalecer. Su predominio sobre las demás no puede ser producto de la autoridad o de la violencia, sino de la libre búsqueda y decisión de la gran mayoría de los hombres. Antes que esclavitud, hemos de exigir "un desarrollo ético y moral por encima de la innovación tecnológica" (Davis, Gregory H.). Con Ricardo Fernández Muñoz, Miguel Ángel Davara y tantos otros, compartimos “la esperanza de un humanismo tecnológico donde el hombre acierte a utilizar la técnica y la tecnología al servicio del hombre,” donde no se separe “como día a día se va haciendo, tecnología de humanismo; por el contrario es conveniente unir ambos términos para lograr una interrelación que justifique el progreso de la sociedad junto a su característica básica: el carácter humanitario de la persona”; donde “el desarrollo tecnológico debe ir así avanzando, en paralelo, haciendo siempre referencia al bien del género humano.”2 Donde, definitivamente, se comprenda y acepte que “la especialización mata la inquietud humanística hasta casi producir verdaderos analfabetos funcionales... que la ciencia ejercida al margen de un sentido humano y fuera de su servicio es una ciencia muerta... y que lo que importa es que el centro de la preocupación sea el hombre y su destino.”3 Entonces, se podría hablar de una Democracia Universal a medida de hombre. De un Fondo Humanitario Internacional, retomando el camino del humanismo, ante la desbocada violencia global.

¿Es previsible el futuro del hombre? ¿En qué medida es previsible? Preguntas presentes en toda discusión de futurología, entre científicos, sociólogos, políticos, industriólogos y filósofos, sin que exista para todos una misma respuesta ni una misma significación. A los políticos industriales, a los tecnólogos, interesa obviamente el futuro del hombre a corto plazo, en cuanto responda a sus proyectos inmediatos y específicos. Para otros, en cambio, el futuro del hombre es algo mensurable a largo plazo, indefinido, y se relaciona estrechamente con la suerte misma del hombre, sus transformaciones eventuales, biológicas y mentales, es decir, con los modos de vida, los sistemas sociales, en fin, con la supervivencia o no del hombre mismo en el mundo.

Ciertamente el humano siempre ha deseado conocer su propio destino. Los antiguos creían en la “mántica”, en el arte de predecir el futuro, y todavía los astrólogos, adivinos, quirománticos, hacen su agosto tratando de responder a estos deseos. Pero cuando se discute sobre el futuro del hombre, no nos referimos a este ámbito solamente; sino a aquellas transformaciones que el género humano podrá completar y vivir en un futuro más o menos lejano, si ciertas tendencias, campeantes ya, continúan su empeño y su éxito a un ritmo acelerado.

En efecto, jamás la ciencia había tenido tan vertiginosa avanzada. Es en este sentido en el que el futuro del hombre es todo un problema contemporáneo. Y nos demuestra cómo el hombre es algo todavía -en parte al menos- por hacer. De ahí que esté evolucionando a diario. Su mérito principal lo constituye la cultura: el conjunto de instrumentos que él ha construido para responder a sus responsabilidades. Claro está que tales instrumentos no son sólo las máquinas y útiles para el trabajo o la producción, son también los medios de comunicación, las hipótesis y teorías científicas, las diversas doctrinas filosóficas, las nuevas tendencias morales y religiosas. Instrumentos estos en rápida transformación. Y es esto lo que inquieta, lo que hace presente la pregunta sobre el futuro del hombre.

Frente a un hombre que parece caminar a la extinción o autoextinción, sea que, en orden a las alternativas humanas, preveamos demasiado en forma optimista, dentro de “un destino aparente”; sea que no preveamos nada y nada dejemos al hombre para hacer a modo de nihilismo irracional; hemos de pensar seriamente en la responsabilidad de un auténtico humanismo tecnológico, entendiendo por humanismo “la doctrina que pone al hombre en el centro de la reflexión y la filosofía que asume al hombre como su preocupación fundamental... la doctrina en virtud de la cual se confiere al ser humano un lugar central en el universo.”4

Es indudablemente cierto que toda transformación que se produce en un determinado campo de la actividad humana, tienda a modificar, en alguna medida, la mayoría de los otros. Las nuevas técnicas del trabajo y de la producción influyen en las maneras de vivir, en los usos y costumbres, en los comportamientos morales de los grupos humanos. Toda modificación en un cierto campo del saber no permanece en una sola área, sino que en un determinado lapso es utilizada en otras esferas; y así tiende a turbar o cambiar el equilibrio siempre inestable del ordenamiento general de la vida humana.

Es relativamente fácil para el hombre utilizar sus posibilidades y facultades para proyectar nuevos instrumentos mecánicos, nuevos medios de producción, de distribución y de comunicación, nuevas formas de organización social que respondan a tal o cual objetivo. Se trata en estos casos de servirse de las técnicas adaptadas por sus propias investigaciones científicas. Es decir, todo es producto de la selección adecuada de las combinaciones posibles. Sobre estas bases, el éxito o el fracaso de cualquier proyecto se puede prever con suficiente probabilidad. Lo que no se puede predecir con la misma probabilidad es el feedback, la retroacción o retroalimentación que tendrá el proyecto, no sólo en el campo mismo en el cual se ha realizado, sino en los otros campos más o menos conectados. Porque, en general, las técnicas que han hecho posible un determinado proyecto no están en grado de orientarnos sobre su retroacción. Así sucede que el logro de un nuevo plan influye en menor o mayor cuantía sobre los proyectos ya en acto, y de una manera imprevista o imprevisible sobre la vida del hombre.

Estando así las cosas, mientras pareciera que el futuro del hombre se tornase cada día menos previsible y más abrumador, tremenda es la tarea que le espera al científico hoy ante el futuro de la humanidad. Los avances tecnológicos obligan a reestructurar los pensa de las más calificadas disciplinas o facultades universitarias. Muchos de los problemas contemporáneos pueden hacer del Ingeniero -entre otros profesionales- un responsable inmediato. De donde se precisa una atención a los contenidos programáticos universitarios. En efecto, los más destacados estudiosos del asunto piensan en un nuevo tipo de Ingeniero: el Ingeniero Social, quien a través de una formación intertransdisciplinaria de lo más variada y eficaz logre diseñar mejor el cambiante mundo en que se desenvuelve.

Importante, entonces, en aras de un humanismo tecnológico, humanizar la ciencia. Recae sobre el hombre la clara responsabilidad de asignarle a la ciencia definidas metas humanizantes. “Un saber comprometido con lo humano, en el que también deberíamos incluir una nueva manera de entender la ciencia, una ciencia comprometida con lo humano.”5

Hacia el humanismo tecnológico

Ante la “era del conocimiento” y los nuevos lenguajes de la modernidad tecnológica, delante del “saber tecnológico” o nueva manera de pensar, estamos de acuerdo con Inés Aguerrondo en que no queda sino redefinir la cultura humanística, teniendo en cuenta las exigencias de la nueva sociedad, del pensamiento tecnológico, que supone modos específicos de operar la mente y cuyas disposiciones, según Tishman, son: la disposición a ser amplio y aventurero, a tener capacidad de asombro, a la búsqueda de problemas y a la investigación, a construir explicaciones y comprensiones, a hacer planes y a ser estratégico; a ser intelectualmente cuidadoso, a buscar y evaluar razones, a ser metacognitivo. Lo que implica, entre otros propósitos: ir más allá de lo obvio, encontrar y definir enigmas, misterios e irregularidades; estimular la capacidad de inquisición, construir comprensiones profundas de tópicos, ideas, objetos y eventos a través del uso activo del conocimiento; establecer estándares y metas y perseguirlas estratégicamente, ser responsable de la gestión y de la evaluación del propio pensamiento.6

“Este estilo de pensamiento -en decir de Aguerrondo- supone modos específicos de operar la mente, y también modos de aprender. Es la base que redefine la manera de entender el aprendizaje en el paradigma clásico y también la base que hace posible el desarrollo de las competencias. Requiere, también, el desarrollo de adecuadas propuestas de enseñanza y de organización de la tarea de aprendizaje dentro y fuera de la escuela.”7

Por todo ello, es necesario plantearse un nuevo paradigma educativo. Toda la sociedad en cuanto atañe a la educación se ha de proponer una mirada a largo plazo, de cambio de paradigma, en cuanto supervivencia del modelo de nueva sociedad que se está gestando. Paradigma que en mucho ha de fincar los saberes, las competencias, el nivel político-ideológico, el nivel técnico-pedagógico, el nivel organizacional, el servicio educativo en general, la responsabilidad profesional, y toda otra transformación posible, integral y consensuada, en el humanismo tecnológico, en cuanto línea maestra capaz de estructurar el porvenir de una sociedad volcada hacia el futuro, hacia las fronteras del posible con miras a una reconstrucción o edificación histórica, donde verdad y praxis liberadora sean razón del tiempo y tiempo de la razón.

Ciencia y humanismo

Antes que seguir confiando en el desarrollo tecnológico y en las reformulaciones meramente políticas o económicas como geniales panaceas, se ha de pensar en el proyecto de un hombre que quiere salvarse a sí mismo, reconocerse a sí mismo, en función de una convivialidad creadora. “La medida humana es una regla de vida con la que cada quien debe contar en el momento en que “proyecta” para realizarse en el concreto de la comunidad a la que pertenece”.8

La “finitud” humana hace que caigamos en cuenta de los otros, con quienes debemos establecer una relación que al tiempo que corrobora nuestra existencia, nos obliga a buscar un modus vivendi con el prójimo, con el otro, antes que límite y confín, dilatación y propuesta de infinito. Se trata de “meterse de frente con la realidad, analizarla, interrogarla, de encontrar en ella elementos que puedan constituir la plataforma sobre la cual construir la alternativa concreta”9 de nuestra realización personal, colectiva, generacional.

En decir de Abbagnano, “frente a la amenaza de una alineación de masa de la cual nadie se salva, el hombre ha redescubierto aquella que yo llamaría su vocación existencial, es decir, la necesidad de proyectarse en una medida individual, autónoma, que obviamente considere todos los factores constitutivos de la propia existencia”.10 En el encuentro del hombre consigo mismo, con su propia medida, con el sentido del propio existir en el mundo, comienza lo que Abbagnano llama la “tercera vía”: “el reconocimiento del hombre en la dramática y exaltante ambigüedad de su destino finito”.11

Se trata de que cada hombre enmarque su proyecto personal dentro de un real proyecto colectivo donde, encontrándose a sí mismo, se encuentre con el aliento histórico proveniente del hormigón humano, el cual le permita conquistar el Nuevo Tiempo inserto dentro de un genuino Humanismo Científico Creador.

En este orden de ideas, hoy por hoy, dentro de la mejor weltanschauung, hemos de proponernos una visión del mundo enmarcada en el Humanismo Científico Creador adscrito a la naturaleza humana, dentro de las óptimas posibilidades y proyecciones del hombre; que implique la plena consideración de sus capacidades para perfeccionarse a través de sus propios esfuerzos, perspectivas y proyectos. Humanismo que a su vez requiere que el hombre desarrolle sus virtualidades y que trabaje para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumentos de su libertad.

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Pablo Mora Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/pmora24.html CopyLeft
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