Ciencia del hombre
Existen dos tipos de ciencias: Las ciencias naturales o naturwissenschaften y las ciencias del espíritu o geistwissenschaften. La palabra alemana geist, que no es traducible a otros idiomas adecuadamente, significa “espíritu”, “cultura”, “civilización”, pero todo ello a la vez. Las ciencias naturales se ocupan de los fenómenos repetitivos de la naturaleza. Aquí se somete a un número finito de variables, a un análisis cuantitativo -caso de la física. La mente, en cambio, no es lo mismo que la naturaleza. De aquí que el estudio de la misma no puede abordarse con la metodología propia de las ciencias naturales. El mejor ejemplo de una ciencia mental o espiritual quizás sea la historia. A diferencia de la física que se ocupa del estudio de las partes de aquellos fenómenos repetitivos, la historia estudia el fenómeno en su totalidad, es decir, estudia de una vez por todas el geist. Las ciencias naturales son un estudio de las partes, mientras que el estudio del geist consiste en la contemplación o abordaje del todo. Cuando se hace un estudio experimental o estadístico del geist se está revelando una incomprensión básica del tema abordado. En psicología, por ejemplo, cuando se insiste en aplicar sólo técnicas de las ciencias naturales, lo que se está haciendo es limitarse a los fenómenos periféricos de la neurofisiología y de la anatomía. Para estudiar la mente, el espíritu, etc. se requiere de cierta capacidad para ver el significado, la estructura -la gestalt- y la configuración del mundo de los fenómenos, lo que no deja de exigir una habilidad para aprehender las cosas y los fenómenos simbólicamente.
De lo anterior, se colige que tanto las ciencias naturales como las del espíritu son ciencias del hombre; de donde mal se puede hablar de “ciencias del hombre” sólo para aludir a las ciencias del espíritu.
Investigar en ciencias sociales o del espíritu es más difícil que investigar en las ciencias naturales, porque mientras en éstas la estructura está patente, delante de la experimentación; en las primeras la estructura se presenta encubierta a través de símbolos que irán revelándose paulatinamente mediante percepciones mucho más depuradas o audaces. Generalmente, las ciencias sociales exigen avivar un sujeto que puede ser histórico, colectivo, intangencial, a manera del élan vital bergsoniano, lo que implica un rescate simbólico.
Así que deben preocuparse los estudiosos de las ciencias sociales por ver debajo del pavimento, por descubrir los segundos significados, lo subterráneo. Por abordar interdisciplinaria, holísticamente, sus objetos de estudio.
Sin embargo, una nueva ciencia abre sus puertas hoy: la ciencia de lo superficial, según investigaciones de un grupo de importantes expertos, con patrocinio del Massachussets Institute of Technology, bajo la dirección de Herbert A. Simon, Premio Nobel de Economía de 1978, a partir del concepto de “inteligencia artificial”.
Ciencia de lo artificial que como la ingeniería y la arquitectura “no se ocupan de lo necesarios sino de lo contingente” -no de cómo son las cosas, sino de cómo podrían ser-. En resumen: del diseño o proyecto”. De hecho, “el mundo en el que actualmente vivimos es más un mundo creado por el hombre, un mundo artificial, que un mundo natural. Casi todos los elementos que nos rodean dan testimonio del artificio humano”. Así que mientras la ciencia natural tendría como estudio el conocimiento de los objetos y fenómenos naturales, la ciencia de lo artificial se ocuparía del conocimiento de los objetos y fenómenos artificiales. Es decir, que “el ingeniero se ocupa de cómo debieran ser las cosas para conseguir unos fines y funcionar”.12
Ciencia del diseño
A partir de Humanismo Científico Creador propuesto, convendría apuntar hacia un equilibrio entre lo utilitario, entre lo pragmático y lo teórico. Entre la ratio técnica y la verdad o razón alezéutica en el sentido de alezeia. A sabiendas de que la ciencia de lo artificial es una ciencia en cierne que puede consolidarse o esfumarse, preferible sería hablar de la ciencia del diseño, en cuanto “un cuerpo de doctrina intelectualmente ardua, analítica, parcialmente susceptible de ser formalizada, parcialmente empírica, que permita ser enseñada en relación con el proceso del diseño”.13
En una palabra, se trata de abogar por la ciencia como elemento del humanismo, como parte integrante del humanismo. Caer en cuenta que ninguna ciencia puede valerse por sí sola, que ninguna de ellas por sí sola tiene finalidad y valor. Sólo todas a la vez, si van unidas. De hecho, “el saber aislado, conseguido por un grupo de especialistas en un campo limitado, no tiene ningún valor, únicamente su síntesis con el resto del saber, y esto en tanto que esta síntesis contribuya realmente a responder al interrogante: ¿qué somos?”14
La especialización antes que una virtud parece ser un mal inevitable. “Se va imponiendo el convencimiento de que toda investigación especializada únicamente posee un valor auténtico en el contexto de la totalidad del saber”15, interdisciplinariamente entendido.
En definitiva, una weltanschauung, una concepción del mundo y de la vida, al interior del Humanismo Científico Creador y de la experiencia vital (lebenswelt), requiere de una integración racional de las distintas ciencias en que discurre el acontecer científico contemporáneo en aras del reinado del mejor Humanismo Tecnológico.
Estructura del ingeniero
Para sólo tomar un ejemplo que nos ilustre la concreción pragmática de lo planteado, sea que nos refiramos al ingeniero de investigación, de concepción, de realización, de gerencia o de docencia, todo ingeniero ha de estar en capacidad de resolver problemas de carácter multi e inter-transdisciplinario; revestido de aptitudes para lograr lo concreto con lo abstracto; capacitado para la invención e innovación, es decir, para forjar ideas nuevas a partir de un espíritu particularmente dotado de imaginación creadora.
Los proyectos industriales cada día están requiriendo un ingeniero de concepción con sobresalientes capacidades de inteligencia creadora; antes que de virtudes para la producción o fabricación solamente. Cada día se precisa más de la invención de una solución original que facilite la concepción de los medios para ponerla en práctica y realizarla. Así que la cuestión de que si un ingeniero se puede formar como a un poeta, cobra importancia, si es que a los poetas se les forma o puede formar.
Pudiera pensarse que si en el porvenir cada hombre será un creador, un poeta; con más razón el ingeniero tendría que serlo, en una “metamorfosis del destino en poema”. Si bien es respetable la secuencia natural de una concatenación de conceptos que no pueden ser aprendidos sin una jerarquía; sin embargo, estamos convencidos que antes que debilitar la estructura del ingeniero o introducir alguna frustración en su formación, la poesía, en cuanto esfuerzo y ejercicio de la imaginación creadora; en cuanto creación, creatividad en sí, es más que pertinente en la formación del actual ingeniero.
A partir de la raíz “ingenium”, el ingeniero tiene que ver básicamente con inteligencia, talento, genio, fantasía, invención, inspiración. De donde, el ingenio tiene más fuerza productiva respecto a la razón que lo que comúnmente se piensa. De tal modo que si al “hombre” hoy se le exige dar todo lo que tiene, todo lo que es, al ingeniero lo mínimo que se le podría pedir es dar lo que él implica: el poeta que lleva en sí. Más pronto que tarde, el ingeniero se las ingeniará para ser y hacer el “ingenio” de los tiempos por venir, hasta que la “ingeniación” dé con el verdadero ingenio que la imaginación creadora reclama y reclamará. Indudablemente, entre productividad, acumulación y creatividad ha de establecerse un vínculo racional, capaz de realizar la liberación del hombre, a través del justo rango que recobra la ciencia y la creación frente a la tecnología y la comercialización.
Lo que preocupa es que, en nombre de la “eficiencia”, nuevos managers de la educación, de la ciencia de lo artificial o ciencia del diseño, sustituyan el Humanismo Integral, la Educación Integral, por la relativa “productividad”; que en aras de una “pedagogía de la eficiencia”, la autonomía académica, universitaria, pueda verse supeditada a “ofensivas pedagógicas” descontextualizadas de la realidad, donde la “producción” reemplace a la “concepción”, a la “inteligencia creadora” a la altura de las necesidades inmediatas.
A sabiendas de que la planificación inteligente y la previsión de futuros desafíos son “bienes” fácilmente transables en mercados utópicos, aislados de los parámetros de crecimiento, cualquier proceso de innovación universitaria debería estar enmarcado dentro de un nuevo tipo de “significación social”, capaz de explorar los futuros colectivos deseables y sus respectivas acciones, dentro de una auténtica medida humana, fincada en el pensamiento creativo, antes que en un cómodo “aprender a emprender” a modo de trampolín de insignificantes aprendizajes en función de “producción” tan sólo, a todo costo.
Esencia del valor artístico
Conviene que nos preguntemos si la óptica científica cabe en la razón poética o viceversa: si la razón poética tiene que ver con la razón científica. Trátase de cotejar el pensamiento científico con el pensamiento poético, si se quiere. Observar sus características y complejidades en cuanto realidades, ambas, inmersas en el proyecto creador del individuo y las organizaciones, por ende, al interior de un campo intelectual, con la intencionalidad de aprehender omnicomprensivamente el universo entero.
En efecto, desde tres ángulos diversos puede concebirse la Poesía: como estímulo o participación emotiva; como verdad o como modo privilegiado de expresión lingüística.16
A modo de presupuesto conjetural, o avance hipotético, preguntémonos si el non sense -el no-sentido-, la sinrazón, el disparate generalizado, característicos del clima epocal, no representan acaso razones primarias del deterioro lingüístico, manifiesto en el comportamiento diario de nuestra juventud actual, donde creatividad, anormalidad y desviaciones convergen en una patogénesis conductual que se refleja directamente en el acto lingüístico, desde el coloquio cotidiano hasta la vida testimonial de los mass-media.
Mientras todo acontece de modo patente a nuestros ojos, hay quienes como Burgess que sostienen que “hay tanto sentido en el no sentido, como no-sentido en lo que creemos que tiene sentido”.17
Siendo, pues, la obra de arte un fenómeno multilateral, multifacético, el valor artístico que de ella se origina, derívase de la interacción de diferentes funciones a partir de diferentes aspectos, angulaturas.
Brevemente, analicemos cada uno de éstos. En primer lugar, en el arte podemos señalar un aspecto reflejo-informativo y un aspecto creador. Ellos dos expresan de manera distinta la interacción del objeto con el sujeto y su unidad. La unidad de entrambos, los principios reflejo-informativo y creador, forma lo que podríamos llamar modelación artística de la realidad.
En el sistema individuo-sociedad se descubren, en el arte, aspectos distintos, aunque interconectados, tales como el psicológico y el social. La psicología del artista, su percepción del mundo, constituyen el “prisma” que refracta el haz de información procedente de la realidad, y forma un peculiar “espectro” de valoraciones. Por tal razón, el aspecto estimativo del arte puede representarse como interacción de lo psicológico y lo reflejo-informativo.
También el arte ejerce una influencia educativa sobre el hombre, siendo el aspecto educativo del arte resultado de la unión de lo social y lo reflejo-informativo.
Al igual, la creación artística da origen al “lenguaje” penetrando en la conciencia del lector, espectador u oyente, a través de un aspecto sígnico (semiótico), en cuanto expresión de un determinado significado social en el producto de la creación.
Aún ha de señalarse otro aspecto del arte, el hedonista, la capacidad que posee la obra artística de proporcionar alegría, placer, satisfacción estética.18
Yendo al plano funcional, tenemos que los aspectos del arte reflejo-informativo, psicológico y estimativo apuntalan la función cognoscitivo-estimativa. Los aspectos social, creador y sígnico originan la función comunicativa. Los aspectos psicológico, hedonista y creador determinan la función creadora-educativa. Mientras los aspectos reflejo-informativo, educativo y social responden por la función social-educativa. (Cfr. Fig. 1.)

Fig. 1.
A pesar de todos estos supuestos teóricos, con relación a la esencia del valor artístico, sus aspectos y funciones, si bien las emociones, en el arte, son precisamente la expresión de la relación estimativa en el mundo, sin “emociones humanas”, según palabras de Lenin, “no ha habido, no hay ni puede haber búsqueda humana de la verdad”. Aunque en los resultados de la investigación científica ésas no entran de manera necesaria, sin embargo, con todo ello, para muchos científicos, la sensación de la belleza de la verdad tiene un gran valor heurístico para el conocimiento de esta última.19
Como a muchos poetas, al físico, por ejemplo, le parece estar buscando la “verdad”. Claro que define la verdad de acuerdo a su propio sistema de reglas, y no piensa mucho en cuáles son éstas. “Por eso acaso se sorprendería tanto como el poeta al saber que algunas de esas reglas tienen que ver con la belleza. Una idea tiene que ser más que cierta, tiene que ser también bella, si ha de causar mucha excitación en el mundo de la física.”20
A la luz de este cúmulo de principios, pudiéramos sostener con Stolovich que, a pesar de las diversas concepciones acerca de las posibilidades cognoscitivas de los juicios de valor que expresan una relación estimativa, sabido es que Kant y así los célebres pensadores, niegan categóricamente el carácter cognoscitivo del juicio del gusto, del juicio estético, si bien suponen que son el juego y la armonía de las facultades cognoscitivas del hombre lo que da origen al placer estético.21
Educación y valores estéticos
Indudablemente que una de las funciones sociales capitales de la educación estética, y así de la educación en general, estriba en la formación de una relación estética del hombre con la realidad natural y social. La educación -particularmente la estética- ha de avivar y formar en el hombre cualidades y propiedades tales que ellas mismas posean valor humano.
Diríamos que en la vivencia estética que es vivencia en razón de creación, en razón de imaginación, actúan en orgánico entrelazamiento todas las facultades espirituales básicas del hombre: las sensaciones, las emociones, la voluntad, el intelecto y la imaginación.
El arte, y el arte implícito en la ciencia educativa, en el acto creador educativo, ha de ser capaz de realizar las dos funciones capitales de la educación estética: la de orientación estimativa y la de valoración creadora.
Lo importante, lo ideal es que, interrelacionadamente, se puedan cumplir tanto los intereses de las personas como los de la sociedad: es decir, el desarrollo de las potencias creadoras al interior de un Humanismo Científico Creador; así como la orientación estético-estimativa de los individuos en nombre del fortalecimiento de la integridad social.
Gracias a que la relación estética del individuo con el mundo une armónicamente todas las facultades espirituales del hombre, la educación estética, y así la educación en general, en razón de creación, constituye un importante medio de formación de la personalidad íntegra y armónicamente desarrollada, supremo valor estético, que viene dando la razón a la convergencia de la razón poética con la científica y de ésta con aquélla.22