



El objetivo del presente trabajo es formular algunas observaciones en torno a las relaciones entre forma lingüística e interpretación pragmática del texto escrito. Tomando como marco teórico de referencia el programa pragmático de Sperber y Wilson (1986), nos proponemos plantear en qué medida la puntuación contribuye al procesamiento de algunas construcciones causales. El punto de partida de la reflexión que proponemos en torno a las relaciones entre signos de puntuación, nexos causales e interpretación pragmática es la hipótesis de que la comprensión de la expresión causal está determinada, no solo por la instrucción de procesamiento asociada al conector causal, sino por la combinación entre esta y la información computacional codificada por la puntuación seleccionada por el escritor.
La causalidad es, en esencia, la relación entre una causa y un efecto o consecuencia. Del concepto de causalidad se derivan nociones vinculadas entre sí, como causa, finalidad, condición y concesión. Así, por ejemplo, la causa provoca un efecto o consecuencia; la finalidad se concibe como una causa virtual y voluntaria o intencional; la condición equivale a una causa hipotética; y la concesión, a una causa inefectiva (García, 1997: 11).
Si bien lógicamente la causa precede al efecto, en una construcción causal no siempre se representa una relación semántica causa-efecto. Así, es posible proponer como causa una explicación, concebida como razonable por el hablante (Ya que estaba cansado, se ha ido a casa). También es factible que la causa adopte la forma de una premisa para la conclusión formulada en el miembro no nexuado de la construcción (Está enfermo, porque casi no habla). Cabe, asimismo, que la cláusula introducida por el nexo causal exprese una circunstancia que favorece el estado de cosas descrito en la cláusula principal (Dado que estamos todos reunidos, podemos empezar ya); o bien que en la construcción causal se presente una motivación para llevar a cabo determinada acción (Te he invitado porque eres mi amigo) (Galán, 1995).
En la bibliografía dedicada a la expresión de la causa es común distinguir entre dos grandes tipos de construcciones causales: las causales centrales, integradas o del enunciado (en que se expresa la denominada "causa real"); y las causales periféricas, extrapredicativas o de la enunciación (en que se representan una "causa lógica" o una causa de la enunciación) (cfr. Lapesa 1978; Marcos Marín 1979; Cuenca 1991; García 1997; Galán 1995; Narbona 1990) (2). Son ejemplos, respectivamente, de ambos tipos de construcciones los enunciados de (1) y (2):
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(1) |
Dicen en Calella de Mar, una pequeña localidad turística de la costa catalana, que cien millones pueden arreglarle la vida a cualquiera pero 2.400 es posible que se la arruinen. Y eso fue lo que le pasó a Keba Moussa, el joven inmigrante venido de África en busca de un mundo mejor. Quizás todo sucedió porque pocos logran soñar con tanta intensidad como los que carecen de todo. (La Vanguardia, suplemento dominical. Domingo, 15 de marzo de 1998) |
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(2) |
Si se acercase una bombilla a Laura Morante, probablemente se encendería, porque no solamente es una mujer bella, también es eléctrica. Esta actriz italiana, de edad limítrofe con la cuarentena, desprende energía y transmite serenidad. (La Vanguardia, suplemento dominical. Domingo, 15 de marzo de 1998) |
En tanto que en el ejemplo de (1) el conector causal PORQUE pone en relación los contenidos proposicionales de los dos miembros de la construcción (p porque q), en la construcción causal de (2), la relación causativa se establece en el nivel ilocutivo: la cláusula introducida por el nexo (q) expresa la causa por la que se enuncia el miembro carente de nexo (p). Las causales del enunciado (ejemplo de (1)) admiten paráfrasis como Digo/pregunto que/si la causa de P es Q. Las causales de la enunciación, por su parte, son parafraseables por la expresión La causa por la que digo/ordeno/pregunto P es Q (Igualada, 1990: 23).
De este modo, para la interpretación de una causal del enunciado como la de (3a) o (3b), el destinatario, guiado por la forma declarativa del enunciado e interpretando que el estado de cosas descrito en la cláusula introducida por el nexo causal es el motivo o razón para que tuviera lugar el hecho expresado por la primera cláusula, inserta la forma proposicional del enunciado en una descripción de acto de habla como la de (4a) y (4b), respectivamente:
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(3) | a. | Juan vendió el coche porque tenía muchas deudas. |
| b. | ¿Vendió Juan el coche porque tenía muchas deudas? | |
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(4) | a. | El hablante dice que Juan vendió el coche porque tenía muchas deudas. |
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b. | El hablante pregunta si Juan vendió el coche porque tenía muchas deudas. |
Con las causales de la enunciación, por el contrario, se llevan a cabo dos actos de habla. El contenido proposicional del segundo acto de habla proporciona las pruebas o evidencias que, de acuerdo con los supuestos del emisor acerca del entorno cognitivo del oyente, permiten garantizar la relevancia del primer acto de habla (que constituye el acto principal). En tales casos, cabe suponer que el enunciado en conjunto es ilocutivamente complejo, y que comunicativamente funciona como un macroacto de habla. Considérense las secuencias de (5):
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(5) | a. | Juan ha vendido el coche, porque ya no lo tiene en el garaje. |
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b. | Lee esto, porque tú sabes más que yo sobre este tema. | |
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c. | ¿Está asegurado el coche?, porque no ha llegado el recibo de la compañía. |
En (5a), la cláusula declarativa introducida por el conector causal constituye un acto de DECIR QUE subordinado pragmáticamente al acto de habla asertivo que se ha llevado a cabo con la primera cláusula (Juan ha vendido el coche). Este segundo acto de DECIR QUE proporciona pruebas para la descripción de alto nivel el hablante cree que Juan se ha vendido el coche, que, a su vez, puede proporcionar pruebas para la implicación contextual Juan ha vendido el coche. La relevancia de la cláusula introducida por el conector radica en proporcionar una premisa contextual que el emisor considera necesaria para que el oyente acepte la conclusión expresada por la primera cláusula. (3)
En (5b), el acto de DECIR QUE de la segunda cláusula sirve para establecer que la relevancia del acto de ORDENAR QUE de la primera cláusula radica en ser una petición (y no una orden o una exigencia); para ello, el emisor ha optado por transmitir con la segunda cláusula de la construcción el supuesto contextual referido a la capacidad del oyente para llevar a cabo la acción solicitada (vid. Blakemore, 1991: 110-114; Wilson y Sperber, 1988).
En (5c), por último, la aserción introducida por el conector causal funciona pragmáticamente como una justificación para garantizar que la relevancia del acto de PREGUNTAR SI que se ha llevado a cabo con la primera cláusula consiste en ser una petición de información (vid. Blakemore, 1992: 114-118; Sperber y Wilson, 1986: 307-308, Wilson y Sperber, 1988).
En las construcciones causales de la enunciación se representa típicamente un esquema deductivo: el miembro Q de la construcción (el introducido por el nexo causal) introduce algún supuesto contextual sobre el que el emisor atrae la atención del oyente para que este establezca la relevancia del primer miembro del enunciado causal.
A partir de la distinción entre estos dos tipos básicos de construcciones, nuestro propósito es plantear en qué medida en el texto escrito la interpretación de las expresiones causales introducidas por el nexo PORQUE (el conector prototípicamente causal) está determinada por la puntuación seleccionada por el emisor. Para ello, en el apartado siguiente se discute qué función cumple la puntuación en la interpretación del texto escrito, qué tipo de restricciones establecen los signos de puntuación en la fase inferencial de interpretación del texto, y en qué medida interactúa la puntuación con otros elementos de la forma lingüística.
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