Pero entretanto la industria y el comercio se van desarrollando progresivamente, y a la par con ellos crece y florece la población.
A primera vista, parece que estos progresos han de redundar siempre en provecho del príncipe, aumentando el contingente y la pujanza de sus ejércitos y ayudándolo a conquistar un poderío mundial.
Pero el desarrollo de la sociedad burguesa acaba por cobrar proporciones tan inmensas, tan gigantescas, que el príncipe ya no acierta, ni con ayuda del ejército permanente, a asimilarse en la misma proporción estos progresos de poder de la burguesía.
Unos cuantos números, señores, pondrán una gran claridad plástica en esto.
En el año 1657, la ciudad de Berlín sólo contaba 20.000 habitantes. Por la misma época, a la muerte del Gran Elector, el ejército prusiano se componía de 24 a 30.000 hombres.
En el año 1803, la población de Berlín había subido a 153.070 habitantes.
En 1819, dieciséis años más tarde, el censo de Berlín era ya de 192.646 habitantes.
En este mismo año de 1819, el ejército permanente -no ignoran ustedes que, según la ley, todavía vigente de septiembre de 1814, que tratan de arrebatarnos, la milicia nacional no formaba parte del ejército permanente-, en el año 1819, digo, formaban el ejército permanente de Prusia 137.639 hombres.
Como ven ustedes, el contingente del Ejército, desde los tiempos del Gran Elector, se había cuadruplicado.
Pero, con todo, no guardaba, ni mucho menos, proporción con el incremento experimentado por el censo de habitantes de la capital, que había crecido en la proporción de nueve a uno.
Y a partir de ahora este proceso de crecimiento cobra un ritmo mucho más acelerado.
En el año 1846, la población de Berlín -tomo las cifras siempre de los censos oficiales- ascendía a 389.308 habitantes es decir, a cerca de 400.000 o sea casi el doble de los que tenia en 1819. Como se ve, en el transcurso de veintisiete años, el censo de la capital -que ahora cuenta ya, como saben ustedes, cerca de los 550.000 habitantes- se remontó a más del doble (10). En cambio, el Ejército permanente, en el año 1846, apenas había aumentado pues contaba 138.810 hombres, contra los 137.639 del año 1819. Lejos de seguir aquella progresión gigantesca del censo civil, vemos, pues, que casi se había estancado.
Al desarrollarse en proporciones tan extraordinarias, la burguesía comienza a sentirse como una potencia política independiente. Paralelamente con este incremento de la población, discurre un incremento todavía más grandioso de la riqueza social, y el mismo grandioso florecimiento y desarrollo experimentan las ciencias, la cultura general y la conciencia colectiva, este otro fragmento de Constitución. La población burguesa se dijo: no quiero seguir siendo una masa sometida y gobernada, sin voluntad propia; quiero tomar en mis manos el gobierno y que el príncipe se limite a reinar con arreglo a mi voluntad y a regentear mis asuntos e intereses.
Es decir, señores, que los factores reales y efectivos de poder que regían dentro de las fronteras de este país habían vuelto a desplasarse. Y este desplazamiento produjo en la historia la jornada del 18 de marzo de 1848.
Ya ven ustedes, señores, cómo, después de todo, no iba tan descaminado aquel ejemplo que poníamos al principio de nuestras manifestaciones, como ejemplo puramente hipotético e imposible. El país no se quedó sin leyes porque un inmenso incendio las arrasase, pero se las arrebató un vendaval:
Incorporóse el pueblo.
Estalló la tormenta (11).