Dio con la llaga de este tiempo infame
apenas pudo tropezar consigo
y en una rama lo encontró la muerte
P.M.
"En la historia contemporánea, dos acontecimientos tuvieron un efecto profundamente perturbador sobre los pueblos españoles e hispanoamericanos: La Guerra Civil Española y la Revolución Cubana. Los dos hechos actuaron no sólo sobre la conciencia política de los escritores, sino también sobre su ideología moral y, por supuesto, sobre el sentido de la literatura y la responsabilidad de su ejercicio".1
Precisamente, a raíz de la revolución cubana, toma fuerza la generación del sesenta en las letras venezolanas. Generación que representa "la tentativa modernizante, universalizante, de ruptura más radical sufrida por la poesía venezolana".2 Guerrillas y literatura fueron una sola cosa. Objetivos literarios y metas políticas revolucionarias se confundieron. Entre escritores y guerrilleros se formó una alianza. Fusiles y versos diéronse la mano. Sin embargo, muy pronto, la derrota de la revolución guerrillera se hizo inevitable.
"La previó con lucidez uno de los poetas de aquella generación, Rafael Cadenas (1930), cuando escribió un poema que entonces penetró profundamente en el ánimo de la juventud combatiente. Este poema titulado Derrota (1962), tomaba de contrapié a la euforia revolucionaria y con lucidez despojada y precisa, expresaba el fracaso personal, pero esa confesión respondía al sentimiento más oculto de una generación que no pudo tomar el poder y bañarse en las luces del triunfo. De modo que Cadenas objetivó en su íntimo sentimiento de marginalidad consciente, de hombre alienado por una época oscura, de individuo solidario y enfermo de carencias, lo que sentían sus compañeros:
"que me creía predestinado para algo fuera de lo
/común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he
podido derribarme, barrer todo y crear en mi
dolencia, mi extravío una frescura nueva, y
obstinadamente me suicido al alcance de la mano..."3
Estamos de acuerdo con Juan Liscano en que mezclando lo cotidiano con lo absurdo y la confesión, Derrota desnudó por dentro a los hombres que pretendían hacer la revolución. Sea lo que sea, "el desgarramiento de un tiempo cruel y la búsqueda de una realidad del ser en sí, convirtieron su poesía, en la década del sesenta, en constante motivo de lectura y discusión de sus compañeros de generación, y también en una prueba decisiva de despojamiento verbalista, de parco trascendentalismo".4 Lo que hacía decir a Rafael Cordero: "Rafael Cadenas representa para nosotros la integridad poética más importante de la joven poesía del país."5
Nos demoramos en estos señalamientos, porque es dentro de este marco histórico literario venezolano, cuando surge la poesía de Rafael Guerrero (1938 - 1969), enmarcada en las experiencias de la Cueva Pictolírica del Estado Táchira, Venezuela. Grupo Literario que él fundara en el año 1963. Justamente allí lo conocimos entretenido en memorizar y enjuiciar la famosa Derrota de Cadenas a la luz del descontento o desconcierto nacional.
Rafael Guerrero, con una formación que pudiéramos llamar cuasi autodidacta, era un perfecto conocedor de la poesía nacional como latinoamericana, al igual que la europea de entonces. Era un asiduo lector de Vallejo y de Neruda; de los italianos Cesare Pavese y Giuseppe Ungaretti; del francés Arturo Rimbaud; del checoslovaco Rainer María Rilke; de los españoles Miguel Hernández, Rafael Alberti y Federico García Lorca; del ruso Mayakovsky y del norteamericano Walt Whitman, entre otros.