Rasgos de estilo, las voces del relato y el discurso implícito en tres cuentos de Juan José Arreola - "El rinoceronte"
2 - "El rinoceronte"
En este cuento el factor temporal es importante. Cuando empieza el relato todo ha pasado ya: "Durante diez años luché con un rinoceronte; soy la esposa divorciada del juez McBride."8
La voz que relata los acontecimientos es autodiegética según el esquema de Genette.9 Esto implica que la esposa divorciada del juez, relata su diégesis, la cual está caracterizada y definida por la vivencia de un recuerdo patéticamente impresionante. Como consecuencia la focalización es interna fija y las variantes principales del estilo están subrayadas por el empleo verbal, más específicamente por el aspecto verbal.
En este último caso, observamos la utilización de verbos en pretérito, copretérito, antepresente y presente, todos ellos del modo indicativo, pero empleados con diferentes grados de insistencia y reiteración.
Por ejemplo, el copretérito sólo aparece en tres momentos: "Renuncié al amor antes de saber lo que era", "Con Joshua yo naufragaba en el mar" y "De tales alimentos no puede extraer las calorías que daban auge a sus antiguas cóleras". De esta forma le permite recordar al narrador autodiegético lo que tuvo que hacer en relación con el tema del amor influido por las concepciones de su marido, al mismo tiempo que define su pasada existencia como un naufragio doloroso. A su vez, el juez también podrá recordar con profunda nostalgia, aquellos alimentos que sí daban auge a sus enojos antiguos.
El pretérito, en cambio, predomina en la primera parte del cuento y va estableciendo una pauta de realización conceptual muy concreta, la del fracaso, la de la incompresión. Si comenzamos por "Durante diez años luché con un rinoceronte" y observamos afirmaciones tales como "Me poseyó durante diez años", "Conocí sus arrebatos de furor","Renuncié al amor", "Luché cuerpo a cuerpo...", y "Mi único triunfo consistió en arrastrarlo al divorcio"; podremos considerar el sentimiento nostálgico de quien narra acontecimientos que la han marcado duramente.
El presente empleado tiene como uno de sus objetivos presentar determinadas afirmaciones del juez, como si éstas fueran realidades permanentes e inmutables; al respecto veamos los ejemplos que siguen: "El amor sólo es un cuento que sirve para entretener a las criadas" y "La protección de un hombre respetable es [...]la máxima ilusión de toda mujer"
Corresponde señalar también en el estilo particular de este relato, la perfecta incorporación del lenguaje figurado y su adecuación al pensamiento real que se pretende manifestar. La voz que relata trasciende al lenguaje directo y va más allá también del mismo sentido figurado de la expresión. han sido diez años de conflictiva relación de pareja, diez años que son recordados y que fueron sufridos en carne propia por la esposa divorciada de McBride. Ella tuvo la dolorosa oportunidad de conocer "los arrebatos de furia" de su esposo, así como también "la ternura momentánea", "la lujuria insistente y ceremoniosa"
Todo lo anterior pretende definir la experiencia vivida por la narradora en estos años apocalípticos. Luchó "cuerpo a cuerpo" con el rinoceronte, y su único triunfo consistió en arrastrarlo al divorcio.
En el discurso sugerido se adivina la auténtica condición animal del personaje masculino; se descubre en él no sólo la fuente kafkiana10 que autoriza un decir profundo y claro, sino también el carácter de la incomprensión que separa de manera radical a la pareja. Si el único triunfo fue el divorcio, pobre triunfo éste, pero al mismo tiempo necesario e impostergable.
En la cronología del relato hay dos grandes momentos: primero, el pasado matrimonial de la narradora y segundo, el presente del juez con su nueva pareja. Pasado y presente tienen en común el estado civil del rinoceronte. Pero sólo en confusa apariencia, puesto que los roles han cambiado. Quien fuera ayer el dominador es hoy el dominado, o quizás mejor, domado si tenemos en cuenta el sentido de la transformación.
Ahora bien, la dimensión temporal marcada en la parte inicial del cuento la conocemos de primera fuente; en cambio, la segunda corresponde a una expresión indirecta: "Las personas que visitan a los McBride me cuentan cosas sorprendentes" (p. 25).
Ubicados en ese presente indirecto del relato tenemos acceso a una información en donde la mujer domina; aquí Pamela, la romántica y dulce Pamela, cumple la función del verdugo. Ella ha sometido al hombre en la medida en que domó al rinoceronte ciego de las tibias pantuflas.
En el mismo aspecto anterior, corresponde que veamos en ese patético rinoceronte la imagen de la decadencia del ser humano, de la anulación y de la postergación del individuo, que siendo de naturaleza animal, constantemente regresa a ella para manifestar su verdadera condición.
El juez McBride, quien era animal potencial en su relación con Elinor, ahora sigue siendo bestia, pero -a diferencia del pasado-, bestia sometida, sojuzgada, dominada.
Por un momento nos vienen a la memoria la ferocidad impotente de las bestias del infierno dantesco; bestias en su real condición como el Can Cerbero, o transformadas en tales por la terrible alquimia del sitio eterno, como Caronte y Minos. Estos seres mencionados no pueden dañar a los condenados más de lo que ya lo ha hecho la justicia divina; de la misma manera el rinoceronte McBride intenta moldear a la inocente Elinor consiguiéndolo parcialmente al menos, pero autorizándola después -como sobreviviente del cruel infierno del matrimonio-, a recordar que logró escapar y que la justicia que trasciende el poder humano, condena ahora al terrible juez a nuevas nupcias en donde pagará por igual el daño ocasionado.
En fin, Elinor no pudo con el rinoceronte, sólo lo empujó a los brazos de Pamela -la dulce, la romántica, la actual, la otra cara de la moneda-, para que ella fuera quien manejara a la bestia feroz, con eficacia tal que sus antiguos triunfos se transforman en efímeros intentos presentes por devorar en las grandes fuentes de ensalada los opíparos manjares de ayer.
En el plano contextual de la ironía prevalece en el relato la clara oposición establecida implícitamente entre el pasado y el presente. Esa cólera apagada del personaje masculino que permite al narrador establecer la comparación con el volcán inactivo, mientras Pamela sonríe sentada encima, es la señal más evidente del triunfo de la mujer sobre el macho prepotente, es la justicia que castiga a quien está acostumbrado a impartirla diariamente. Y Elinor, la pobre víctima, recuerda con dolor: "Con Joshua, yo naufragaba en el mar; Pamela flota como un barquito de papel en una palangana." Elinor es el pasado, el sometimiento, la degradación; y Pamela representa la venganza, la recuperación de los valores perdidos por otra mujer, en fin, el restablecimiento del equilibrio que deviene del castigo al culpable.
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