Rasgos de estilo, las voces del relato y el discurso implícito en tres cuentos de Juan José Arreola - "Eva"
4 - "Eva"
El tercero de los cuentos que corresponde analizar en la presente ponencia, tiene como tema central a la mujer y a la eterna lucha en pro de sus derechos que ésta sostiene desde épocas remotas.
Hay también aquí un narrador focalizador cero y una voz heterodiegética. Dos personajes interactúan: el hombre y la mujer. El relato comienza en la mitad de su desarrollo y no hay antecedentes que expliquen qué es lo que ha pasado antes.
Un curioso espacio se ofrece desde el inicio, puesto que en una biblioteca una mujer es perseguida y acosada por un hombre:
Él la perseguía por la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos de la mujer, infinitamente violados. Cinco mil años absurdos los separaban. Durante cinco mil años ella había sido inexorablemente vejada, postergada, reducida a la esclavitud. (p. 43).
Más allá de la imagen individual que representa esta mujer, predomina la referencia universal de la misma que aparece sugerida en el título del cuento. Se alude a cinco mil años absurdos que separaban a la mujer del hombre, tiempo en el cual la hembra humana había sido postergada y sometida.
Tenemos así a los dos antagonistas del relato y éstos representan intereses distintos. Por un lado la mujer que desea cambiar su papel y ser ahora ella quien domine sobre el macho; y por el otro el hombre anónimo que quiere convencerla de una teoría imposible para poder luego someterla sexualmente, como ha pasado desde tiempos remotos.
Es así que el narrador omnisciente se encarga de contarnos en qué argumentos se fundamenta el joven para vencer la resistencia de la muchacha. De esta manera, en el contexto del relato, se acude a dos metatextos, implícito el primero y explícito el segundo. En el texto de Bachofen12 que resulta comentado por el propio narrador sin aportarlo específicamente, se señala cómo el sabio le ha devuelto a la mujer la grandeza de su papel en la prehistoria, y recuerda aquella civilización obscura presidida por la fémina, cuando el hombre trataba de alzarse de la tierra en palafitos. El segundo es de Heinz Wölpe, y quien cuenta los hechos cita textual un pasaje de este autor sin dar la fuente.
Sin temor a equivocarnos creemos que el episodio narrado en este cuento es definitivamente universal. Se trata de un hombre viviendo la última etapa de la seducción y de una mujer convencida de que debe negarse a lo que se le pide, quizás no tanto por decisión individual, sino esencialmente por un orgullo de mujer que le viene de sus ancestros y que ella considera que debe defender a toda costa. Por consiguiente, el valor del discurso en este contexto es fundamental, tanto sea, en un caso o en otro, para alcanzar lo que se pretende como para oponerse a lo pedido.
Detengámonos en el análisis del segundo metatexto indicado:
"En el principio sólo había un sexo, evidentemente femenino, que se reproducía automáticamente. Un ser mediocre comenzó a surgir en forma esporádica, llevando una vida precaria y estéril frente a la maternidad formidable. Sin embargo, poco a poco fue apropiándose ciertos órganos esenciales. Hubo un momento en que se hizo imprescindible. La mujer se dio cuenta, demasiado tarde, de que le faltaban ya la mitad de sus elementos y tuvo necesidad de buscarlos en el hombre, que fue hombre en virtud de esa separación progresista y de ese regreso accidental a su punto de origen." (p. 45).
No necesariamente la tesis de Wölpe, propuesta por el narrador, debe corresponder a una realidad científica en el contexto del relato. Lo importante es que se marca en ella la tajante diferencia entre el hombre y la mujer. En ese principio de las cosas el sexo fundamental y único fue el femenino, el cual además no precisaba del hombre porque se reproducía automáticamente. El macho surge tan sólo como un accidente científico y, tiempo después, gracias al fraude, consiguió apropiarse ciertos órganos esenciales hasta llegar a ser imprescindible.
La joven se convence, el discurso gana nuevamente en la relación hombre-mujer, y ésta perdona en ese joven a todos los hombres y le dice casi con lágrimas en los ojos: "El hombre es un hijo que se ha portado mal con su madre a través de la historia".
Insiste así en su papel de fémina universal y se une a este hombre mediatizado, circunstancial y presente.
Su boca, endurecida antes por el desprecio, se hizo blanda y dulce como un fruto. Él sentía brotar de sus manos y de sus labios caricias mitológicas. Se acercó a Eva temblando y Eva no huyó. (id)
Por primera vez en el desarrollo del cuento el narrador llama a la mujer por su nombre, nombre que es más símbolo que realidad presente. El lenguaje se vuelve sugerente, lleno de la cadencia del amor, y ambos, entregándose, son de nuevo la representación universal de los elementos en conflicto.
Y allí en la biblioteca, en aquel escenario complicado y negativo, al pie de los volúmenes de conceptuosa literatura, se inició el episodio milenario, a semejanza de la vida en los palafitos. (Id).
En el canto V de la Divina Comedia de Dante Alighieri también temblaban de amor Paolo y Francesca en el instante de entregarse mutuamente, y allí también el narrador concluía con una reticencia semejante: "Quel giorno più non vi leggemmo avante"13 para dejar a la imaginación del lector lo sucedido. En Arreola la reticencia se elabora a partir del instante en que habla del "episodio milenario" y a través del cual nos conduce al espacio eufemístico en donde -por razones que entendemos son de carácter estrictamente poético-, el narrador prefiere callar antes que explicar lo acontecido.
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